Librújula reúne a Montero y Marías en el arranque de Sant Jordi

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texto REDACCIÓN fotos ASÍS AYERBE

En medio de la vorágine de celebraciones y festejos de la víspera del Día del Libro en Barcelona, Librújula propuso una charla distendida con Rosa Montero y Javier Marías por dos motivos que resaltó el director de este proyecto literario, Antonio Iturbe, quien actuaba de moderador: “Porque este proyecto lo formamos el equipo que durante diecinueve años estuvimos remando para sacar adelante Qué Leer y la entrevista central del primer número de la revista, en junio de 1996, realizada por el director Jorge de Cominges, fue precisamente entre estos dos escritores. Es una manera de explicar que ellos siguen contando y nosotros también”. Y por un segundo motivo: “Porque quieren estar, porque siempre nos han apoyado en los momentos en que los hemos necesitado”.

Rosa Montero reflexionaba: “Han pasado 20 años… ¡pero si yo siento como si tuviera 20 años todavía! Decía Oscar Wilde que lo malo no es que envejezcamos, si no que no nos damos cuenta”. Al rememorar ese año 1996, Javier Marías afirmó que “con esa edad, a los 43 años, yo sentía que todavía me estaba abriendo camino como escritor y eso que había empezado excepcionalmente pronto, a los 19. España es un país difícil. En el campo de la literatura uno es promesa durante treinta años”.

El paso del tiempo no creen que les haya aportado más respuestas, sino más preguntas. Según Marías, “la vieja idea de que se gana en sabiduría y certezas con los años es al revés. Yo cada vez tengo más la sensación de estar sobre terreno pantanoso”. Y Rosa Montero lo corroboró: “Totalmente de acuerdo. A veces crees que has aprendido algo, pero es una sensación que solo dura dos minutos”.

Respecto al día de Sant Jordi, ambos se mostraron complacidos pese a lo agotador de la jornada. Javier Marías rememoró algunos de sus momentos de Sant Jordi más singulares, como el año que le tocó compartir firmas con Mario Conde: “Me saludó y me dio la mano. En otras circunstancias no sé si se la habría dado pero bueno, en esa situación todo el mundo es educado y me resultó curioso escuchar lo que la gente le decía, y eran cosas muy lindas, para mi sorpresa”. El autor de Así empieza lo malo señaló que le parecía “un poco loco esto de que nos vayan llevan llevando una hora a cada sitio”, pero afirmó que era una jornada que le divertía y le permitía conocer personajes con los que de otra manera no habría coincidido. Rosa Montero estuvo de acuerdo en lo particular del correcalles del día: “A mí me encanta esa cosa absurda que tiene de que las horas de firma son horas completas: de 10 a 11 en un sitio y de 11 a 12 en otro en la otra punta. Eso me encanta: es como el juego de las sillas calientes. Se levanta uno corriendo y se sienta otro. Yo no he visto una cosa igual en el mundo. Y ojalá dure toda la vida. Me parece una fiesta preciosa”.

Se cumplen, por cierto, los veinte años del nombramiento del 23 de abril por la Unesco como Día Mundial del Libro y la Lectura, y por docenas de ciudades de todo el mundo los libros toman hoy las calles.

 

Rosa Montero y Javier Marías en el Hotel Gallery durante la charla organizada por Librújula.

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