María Dueñas, reina del Sant Jordi 2015

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texto ANTONIO ITURBE fotos ASÍS AYERBE

El 23 de abril, Día Mundial del Libro, volvió a conseguir el pequeño milagro de todos los años: poner los libros en el epicentro de todas las cosas. Barcelona volvió a ser la capital mundial del alegre bullicio libresco.

Vimos a John Banville (ejerciendo de Benjamin Black) en la Barceloneta, firmando libros y tomándose un chupito de Jameson servido por el barman Paco Camarasa, de la Librería Negra y Criminal.  

Nos sorprendimos con el look de safari del risueño Javier Sierra, que, aunque firmaba un libro del año anterior, tenía una cola notable.

Observamos la buena sintonía entre El Gran Wyoming y Fernando González “Gonzo”. Cuando, en un momento dado, se le acabaron los libros al conductor de El Intermedio, pidió a la gente jocosamente que, mientras reponían, aprovecharan a comprar el de su colega.

Celebramos la kilométrica cola del gran Francisco Ibáñez, que dedicó El tesorero –previamente dedicado a Bárcenas– con su habitual minuciosidad y sonrisa. Una cola de ilusionados niños de 40 para arriba.

Una de las responsables de comunicación del grupo Planeta en Madrid, Isabel Santos, se hizo una de las preguntas del millón: “Si es un día laborable, ¿por qué está todo el mundo en la calle?”.

Nos alegramos de observar cómo Javier Marías no solo firmaba mucho, sino que una buena parte a lectores veinteañeros. Que no cunda el pánico: hay vivero.

El escritor más llamativo firmando fue James Ellroy: lo hacía de pie. Y, con su altura y corpulencia, además de su camisa floreada, destacaba entre la marea de cabecitas de escritores firmantes.

Lamentamos la poca afluencia de firmantes para el trío fantástico de los Tricicle. Uno de ellos dice con resignación que “no somos mediáticos”. Y es que los nuevos mediáticos no son los actores o la gente de televisión, sino los YouTubers.

Nos alucinó el tirón de una bloguera como Isasaweis, que no solo tiene montones de gente para que les firme su libro de recetas, sino que genera un fenómeno fan tremendo: un par de chicas lloraban histéricas en la cola al verla llegar.

Triunfó María Dueñas con La templanza. Firma y firma. Le siguieron en el podio David Trueba con Blitz y Pérez-Reverte con Hombres buenos. En catalán arrasó Xavier Bosch con su novela Algú com tu, con permiso de la divertidísima La puta història de Catalunya de la iaia de Jofre Martell.

En Madrid la cosa fue más solemne: Juan Goytisolo recibía de manos de los reyes de España el premio Cervantes. Goytisolo fue breve pero directo. Le hizo un guiño a Podemos y recordó al gran Cervantes con algunas agudas reflexiones. Reivindicó “la locura de don Quijote como una forma superior de cordura”.

Ayer fue el día de la locura por los libros. Lástima que solo sea un día. ¡Hagamamos que esa forma superior de cordura que es la lectura no cese!