Abordaje al mundo editorial

 

texto MILO J. KRMPOTIC'

La lectura del epistolario entre Miguel Delibes y Josep Vergès, una noche de la primavera de 2012, hizo que el escritor gaditano Daniel Heredia se decidiera a crear un blog literario donde las entrevistas en profundidad con agentes del mundillo editorial (autores, editores y –valga la redundancia– agentes) tendrían especial protagonismo. Tres años después, aquella bitácora con lema de abordaje, ¡A los libros!, se acaba de traducir en un título homónimo que, editado por La Isla de Siltolá, reúne veinticinco de las charlas que ha venido dando de sí el proyecto. Entre ellas, el propio Heredia ha seleccionado para Librújula diez declaraciones especialmente clarificadoras.

 

Manuel Borrás (editor de Pre-Textos): “Un editor, o lo es por vocación, ama la lectura y apuesta por valores no consensuados, o no es nada”.

Elena Ramírez (editora de Seix Barral): “El lector de Seix Barral es un lector exigente. Para intentar llegar a más público he comprobado que el mejor camino es utilizar todos los recursos de marketing y promoción a nuestro alcance, pero sin traicionar siempre dos principios esenciales: la calidad del libro a lanzar y su identidad”.

Juan Casamayor (editor de Páginas de Espuma): “El editor seguirá siendo necesario [en la era digital], como cómplice del escritor en su creación y en el acercamiento de su obra al lector, desde la convicción y la pasión. Siempre será imprescindible que alguien ilumine ciertos espacios en sombra: el editor juega ese papel”.

Enrique Redel (editor de Impedimenta): “Necesito estar rodeado de ellos [los libros]. Cuando llego a cualquier sitio, lo primero que hago es preguntar dónde está la librería. Aunque sea extranjera y no entienda ni jota”.

Palmira Márquez (agente literaria): “Una agente literaria se dedica a representar escritores. En mi caso, mi trabajo va más allá de lo que se ha entendido por la labor de agente literario en nuestro país: no solo significa identificar el valor de una obra literaria y buscarle la mejor editorial para que se publique, sino que trabajamos codo a codo con el autor durante todo el proceso creativo, leemos las obras y aconsejamos, si fuera necesario, cómo mejorarlas. Hacemos, por tanto, un trabajo de editing; luego diseñamos una estrategia ad hoc para cada obra y buscamos la mejor opción editorial dentro y fuera de España; conocemos las demandas de las editoriales y sabemos encontrar entre los originales de nuestros autores las obras que responden adecuadamente a estas demandas”.

Sandra Bruna (agente literaria): “[A los jóvenes escritores les recomiendo] Que no dejen de luchar por su sueño, pero que sepan ser autocríticos, y que de antemano sepan lo que ya he dicho en otras ocasiones: saber tocar la guitarra no te hace guitarrista. Ser escritor es un oficio que se puede aprender, pero no todo el mundo puede ser talentoso en él”.

Montero Glez (escritor): “Lo que Juan Marsé llama la vida literaria es gente inculta. Aunque hayan leído libros, incluso a Marcel Proust, y sepan muchos datos, son gente inculta. En Madrid y en las grandes ciudades lo que hay son grupos de amiguismos, de apoyo los llamo yo, en el que uno presenta un libro y los colegas van a la presentación y le reseñan los libros, y al día siguiente le toca al otro. No son nada individualmente, pero sí tienen fuerza con el grupo. No me interesan lo más mínimo”.

David Trueba (escritor): “[El libro] Ya es un objeto de lujo, siempre lo ha sido. Porque el lujo no es solo una cuestión de precio, sino de valor y un libro maravillosamente editado, que contenga algo de talento dentro, es bastante más valioso que otras cosas que consideramos lujosas”.

Benjamín Prado (escritor): “[El libro electrónico] No tiene por qué ser malo. Lo que hay que conseguir es que la gente deje de robar libros y discos, eso es una vergüenza. Robar a otro no puede ser nunca un acto de libertad”.

Elia Barceló (escritora): “Encuentro curioso que, cuando coincidimos unos cuantos colegas, en lugar de hablar de nuestro oficio, de la escritura, la mayor parte prefiere hablar de ventas, de premios, de traducciones… de datos que pueden poner a unos arriba y a otros más abajo. Me parece ridículo que alguien piense que ser capaz de inventar buenas historias y ponerlas en palabras le hace a uno acreedor a todo tipo de privilegios”.

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