Así en Marte como en la Tierra

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texto MILO J. KRMPOTIC'

Agosto, que en España es sinónimo de ciudades desiertas y calores desatados, presenta en el hemisferio sur unas cualidades tirando a opuestas. Por ello no es de extrañar que, en el Buenos Aires de 1955, dicho mes amparara la creación, por parte del maestro Francisco Porrúa, de un sello que iba a revelarse fantástico en todos los sentidos: Minotauro. Pocos años después, Porrúa ejercería para Sudamericana de padrino de unos tales Julio Cortázar y Gabriel García Márquez, pero su propia editorial iba a dejar una impronta paralela en lo que a la ciencia ficción y la fantasía en castellano se refiere, pues no en vano se convirtió en el hogar de J.G. Ballard, Philip K. Dick, Ursula K. Le Guin y, sobre todo, J.R.R. Tolkien y Ray Bradbury.

Y si el británico le representó, a partir de 1977, unas ventas de más de ocho millones de libros, el norteamericano había tenido el honor de inaugurar su catálogo con Crónicas marcianas, obra memorable que tradujo el mismo Porrúa (bajo el seudónimo de Francisco Abelenda), que contó con un prólogo de Jorge Luis Borges y que relató la conquista y colonización del planeta rojo a partir de una colección de cuentos presididos por la habilidad para el giro sorprendente, el gesto lírico marca de la casa y la punzante melancolía que de él solía desprenderse.

Integrado en el Grupo Planeta allá por 2001, huérfano de Porrúa desde el pasado mes de diciembre, Minotauro celebra ahora su sesenta aniversario recuperando su título fundacional en una edición limitada y numerada de 2.300 ejemplares que añade, además, dos relatos inéditos (El desierto y Los globos de fuego), sendos prólogos de John Scalzi y el propio Bradbury (sin obviar el de Borges, claro) e ilustraciones de Edward Miller. Un volumen de lujo que, ahora sí, se antoja de lo más coherente para nuestro agosto de soledades y temperaturas sencillamente marcianas.