Sherlock Holmes: el canon

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texto MILO J. KRMPOTIC'

Cuentan los expertos y amigos de la contraleyenda que, en la totalidad del canon sherlockiano, compuesto por cuatro novelas y 56 relatos, el celebérrimo detective de Baker Street no suelta una sola vez aquello de “elemental, querido Watson”. Y si alguien no se fía y quiere constatar de primera mano la inexistencia de la coletilla (o dar con sus posibles variantes), la colección Penguin Clásicos se lo ha puesto en bandeja de plata con la edición, en tres volúmenes, de cuanto texto Sir Arthur Conan Doyle dedicó a su criatura.

Se trata de un proyecto iniciado por Esther Tusquets, que allá por 2004 tradujo y publicó en RqueR el primer tomo de relatos (compuesto por las colecciones Las aventuras de Sherlock Holmes y Las memorias de Sherlock Holmes) y tres de las piezas del tomo de novelas (Estudio en escarlata, El signo de los cuatro y El perro de los Baskerville), mientras que Juan Camargo se ha encargado de traducir el cuarto texto largo, El valle del miedo, y la totalidad del segundo volumen de cuentos, integrado por las tres colecciones post mórtem (es decir, las que aparecieron después de que Holmes falleciera despeñado en las cataratas de Reichenbach y Conan Doyle se viera obligado a devolverle la vida a causa de la presión popular): El regreso de Sherlock Holmes, Su último saludo y El archivo de Sherlock Holmes.

Son más de 2.000 páginas de gozo detectivesco que se presentan bajo una breve pero certera introducción de Andreu Jaume, gracias a la cual recordamos otras anécdotas similares a la que servía para abrir estas líneas. Por ejemplo, que el nombre del protagonista iba a ser Sherringford Hope, pero se vio reconducido gracias a la admiración que su creador sentía por el médico y criminólogo Oliver Wendell Holmes y por el violinista Alfred Sherlock. O que la puesta de largo del personaje, en la citada Estudio en escarlata, llegó apenas unos meses antes de que el más famoso criminal de la Inglaterra victoriana comenzara a teñir de sangre las calles de Whitechapel; nos referimos (elementalmente, queridos lectores) a Jack el Destripador.