El invierno del gran detective

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texto MILO J. KRMPOTIC'

¿Qué peor amenaza para una mente tan preclara como la de Sherlock Holmes que los gajes propios de la vejez? Michael Chabon nos lo presentó ya retirado y achacoso en la breve La solución final, donde un niño judío y un loro secuestrado invitaban al de Baker Street a aceptar un último caso allá por 1944. Y, en su Mr. Holmes (Roca), Mitch Cullin dejó transcurrir otros tres años pero reincidió en el desafío de corte infantil: un Holmes ya nonagenario aguarda la muerte entre sus panales de abejas en una granja de Sussex, pero la curiosidad del hijo de su ama de llaves lo lleva a hacer memoria acerca de una reciente visita a Japón y a un viejo caso que John Watson dio por finiquitado en uno de sus escritos, pero ante el que el sabueso sigue sintiéndose en falta.

Esta mezcla de intriga clásica y drama humano capaz de alumbrar nuevas facetas en tan legendario personaje difícilmente podía pasar desapercibida al cine. Y es así que hoy se estrena en nuestras pantallas su adaptación, una nueva colaboración entre el realizador Bill Condon y Sir Ian McKellen tras ese Dioses y monstruos que le valió un Oscar al primero (al mejor guión original) y una amplia colección de galardones interpretativos al segundo (aunque no la dorada estatuilla de Hollywood, que ese año recayó en el saltimbanqui de Roberto Benigni). Mr. Holmes cuenta con un libreto de Jeffrey Hatcher y, además del actor que dio vida a Gandalf y a Magneto, en ella encontramos a Laura Linney (como la gobernanta) y el joven Milo Parker (en el papel de su hijo).