Stephen King en diez palabras

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texto MILO J. KRMPOTIC'

De jueves a jueves, Stephen King no deja de ser noticia. Si el pasado día 10 Barack Obama colgaba en su cuello la Medalla Nacional de las Artes en reconocimiento a su prolífica y terrorífica trayectoria, el próximo día 17 nos llegará la última entrega de la misma en lo que a traducciones al español se refiere: Revival (Plaza & Janés), una historia de predicadores atormentados y experimentos post mórtem que bebe de Frankenstein y Lovecraft, pero sobre todo exhibe el peculiar sentido del humor y del horror marca de la casa. Para celebrar tanto lo uno como lo otro, he aquí, por orden alfabético, los diez conceptos que más o menos explican al Maestro.

 

Accidente: 1999 marcó un antes y un después en la vida de King. De hecho, ese después estuvo a punto de no existir, ya que un Dodge Caravan lo arrolló una tarde de junio cuando regresaba caminando a casa. Sufrió rotura de cadera, varias fracturas en una pierna (al punto que los médicos consideraron la opción de amputársela) y colapso pulmonar. Y si el asunto no invitara ya a pensar en una de sus novelas, ojo a su doble epílogo: el conductor, Bryan Smith, murió de una sobredosis de analgésicos un año después, precisamente el día del cumpleaños de King, y este acabó comprando la furgoneta para, según cuenta la leyenda, destrozarla con su bate de béisbol.

Adicción: Durante el proceso de recuperación, allá por 2002, King anunció que abandonaba la escritura, posibilidad que cualquier vistazo a su bibliografía rápidamente procede a desmentir. Pero la suya debió de ser una convalecencia difícil, habida cuenta su pasado de alcohólico y adicto a la cocaína, el Valium, el Xanax… En más de una ocasión ha reconocido no tener el menor recuerdo del proceso de redacción de títulos como Cujo o Los Tommyknockers.

Cine: Durante muchos años, la gran pantalla fue una de sus principales frustraciones. Kubrick hizo (demasiado) suyo El resplandor, y la escasa suerte de otras adaptaciones (Christine, Los chicos del maíz, Ojos de fuego…) lo llevó a ponerse tras la cámara en una de ellas, la tampoco especialmente agraciada Maximum Overdrive (1986). En conjunto, no obstante, hay bastante celuloide que celebrar: la Carrie de Brian DePalma, La Zona Muerta vista por Cronenberg, el Cuenta conmigo de Rob Reiner, la inquietante Cementerio de animales de Mary Lambert… y, claro está, la maravillosa Cadena perpetua de Frank Darabont.

Esposa: Es bastante posible que, sin el apoyo de su señora, de nombre Tabitha y también escritora, King no hubiera llegado hasta aquí. Y es que, a principios de los 1970, cuando era un profesor pluriempleado que luchaba por sacar adelante a su familia mientras robaba tiempo al sueño para escribir relatos para la revista Cavalier, uno de sus proyectos acabó en la papelera. Tabitha lo rescató, insistió en que siguiera con él y aquellas páginas acabaron convirtiéndose en Carrie, su primera novela y, también, su primer gran éxito.

Incontinencia: Desde entonces, el amigo no ha parado. Tras el lanzamiento norteamericano de Finders Keepers, segunda parte de la trilogía iniciada con Mr. Mercedes, su obra suma ahora mismo 54 trabajos largos, siete nouvelles, trece colecciones de relatos, cinco títulos de no ficción… y eso que uno de los peros que suele ponerle la crítica es su tendencia a escribir demasiado en largo, abriendo tantas vías que luego no hay final que las satisfaga todas.

Legado: De sus tres hijos, dos han salido escritores de terror. Owen, el pequeño, es autor de dos colecciones de piezas cortas y la novela Double Feature, mientras que el mediano se ha hecho ya un nombre en el género bajo el nom de plume de Joe Hill (Fantasmas, El traje del muerto, Cuernos…). La mayor, Naomi, es pastora de la iglesia unitaria universalista y activista LGBT.

Miedo: Es el ámbito en el que King ha hecho fortuna, ciertamente, pero no deberíamos tenérselo en cuenta porque él mismo es una colección ambulante de fobias. A las arañas, a los aviones, a los atropellos (antes de su propio accidente, de niño, vio cómo un tren arrollaba a uno de sus compañeros de colegio), al número 13… Es más, cuando se halla inmerso en una novela, se declara incapaz de cerrar la jornada de trabajo si la página luce al pie cualquier múltiplo de ese número: 26, 117, 585...

Música: Junto al béisbol, es una de sus grandes pasiones. Y, a diferencia del deporte rey en los Estados Unidos, su aproximación amateur se ha consolidado en algún que otro proyecto de interés general. Fue guitarrista de los Rock Bottom Reminders, donde compartió escenario con el creador de Los Simpson, Matt Groening, y la escritora Amy Tan, entre otros. Es dueño de diversas estaciones de radio en el Estado de Maine. Y en 2012 colaboró con John Mellencamp y T-Bone Burnett en el musical Ghost Brothers of Darkland Country.

“Rabia”: En España se ha venido reeditando, pero King optó por descatalogarlo en Estados Unidos después de que se lo relacionara con un par de casos de secuestro y tiroteo escolar, el segundo de ellos con un saldo de tres muertos y cinco heridos a manos de un chaval de 14 años. Rabia, el primer título que el autor presentó bajo el seudónimo de Richard Bachman, cuenta precisamente la historia de un estudiante que, peleado con el mundo, prende fuego a su escuela y se encierra en clase con sus compañeros mientras va disparando a los profesores que acuden en su ayuda.

Reconocimiento: Cuando Stephen King debutó con Carrie, el del terror era un género minoritario, que venía de conocer un par de éxitos puntuales con La semilla del diablo de Ira Levin y El exorcista de William Peter Blatty, pero que ciertamente se hallaba lejos de la presencia de que disfruta hoy día. Más allá de su colección de Bram Stokers, Locus, British Fantasy Awards y demás galardones especializados, la medalla que Obama le entregó la semana pasada, sumada a la que en 2003 le concedieron los National Book Awards por su contribución a las letras norteamericanas, lo ratifica oficialmente como principal heredero de Edgar Allan Poe y su admirado H.P. Lovecraft en la tradición de provocar escalofríos y generar noches en vela desde las barras y estrellas literarias.