Jaume Vallcorba, el exquisito pragmático

 

texto de ANTONIO ITURBE / foto de MARTA CALVO

Los cuarteles editoriales de Jaume Vallcorba son tal y como uno podría esperar: un piso noble en una calle con pedigrí de Barcelona; un lugar de un pulcritud extrema, absolutamente ordenado y con una elegancia poco recargada. Y lo que más llama la atención es el silencio. Uno tiene una imagen de Vallcorba como de un señor muy serio: profesor de literatura en varias universidades, experto en estética medieval, miembro de la Real Academia de doctores de Catalunya y fundador de dos de las editoriales más exquisitas del panorama español. Es el editor de Montaigne, de Joseph Roth, del premio Nobel Kerstész o de Rafael Argullol. Uno espera toparse con alguien más bien estirado, aunque la recepción previa de su equipo no puede ser más cálida. En Acantilado trabaja gente joven y dinámica. Mientras Vallcorba remata una reunión, nos muestran el trabajo que están haciendo en la página web. Y la web de la editorial de un señor que parecía una pieza de museo resulta ser de las más avanzadas que hay en el sector editorial español, con área de prensa con todo tipo de información descargable a alta resolución y vídeos de sus autores grabados para la página. Parece chocante, pero a poco que uno habla con Vallcorba se da cuenta que no tiene nada de extraño. En su despacho, decorado de manera elegante y con un minimalismo cálido, con altos ventanales a la calle Muntaner velados por recias cortinas, la atmósfera está impregnada por la melancólica música de un concierto de piano. Pero, ¿acaso sale la música de un gramófono de bulbosa cornucopia? Pues no, la música sale de un Mac de última generación que hay en su mesa. Vallcorba debe de ser el más pragmático de los editores románticos. O el más romántico de los editores pragmáticos. Al preguntarle por el ordenador, él responde que “no se debe divinizar los instrumentos, pero hay que usarlos cuando conviene”. Vallcorba rememora el final de los 1980, cuando Quim Monzó (autor de la casa) fue el escritor más vendido del día de Sant Jordi tres años consecutivos, pero lo hace sin nostalgia excesiva. Los penetrantes ojos parapetados tras sus gafas de montura dorada miran hacia adelante. Y Acantilado es la editorial de los húngaros raros, de la correspondencia de Tolstói o de las memorias ultramundanas de Chateaubriand, pero también lo es de Monzó, Sergi Pàmies y Empar Moliner (tres de los autores más inteligentes y divertidos que pueda uno encontrar), y de allí ha surgido uno de los libros más de moda, Fin de David Monteagudo. Cuando se le señala a este último bloque de autores, el profesor Vallcorba sonríe con picardía y afirma que “la buena literatura ha de divertir”. Y, ante la extrañeza de su interlocutor, que no espera semejante declaración en un señor tan formal, dice algo a lo que nos aferramos como faro, guía, padre y madre: “Lo opuesto de divertido no es serio, sino aburrido”.

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