Gente muy especial

 

texto y foto ANTONIO ITURBE

 

Visitamos una escuela pública de educación especial Can Rigol para hablar de cine, osos de peluche otras cosas extraordinarias.

 

Mario Torrecillas, con su eterno aire de niño crecido y delgaducho, parece salido de las ilustraciones de alguno de los libro de El diario de Greg. Y, al igual que esos personajes de travesura constante, no puede estarse quieto. En una imagen de su página web lo veo alegremente manteado por un grupo de niños risueños. Con la compañía que ha creado, Pequeños Dibujos Animados, se dedica a ir mundo adelante mostrando a los chavales la cocina del mundo del cine a través de talleres en los que realiza con ellos cortometrajes de animación: “se trata de educar en cine, en diversidad cultural pero especialmente mostrar la creatividad y el pensamiento de los niños a través de la animación, el dibujo y la música”. Considera que “los únicos protagonistas son los chicos y lo que tienen en sus cabezas”. Ha viajado armando cortos de animación a Perú, Marruecos, República Domicana, Argelia, Honduras e incluso China. El patrocinio de la Fundación La Caixa los ha llevado en esta ocasión a un mundo que, estando en una ciudad muy cercana a Barcelona -El Prat de Llobregat-, a menudo resulta muy lejano socialmente o incluso invisible en los medios de comunicación: el de los chavales que asisten a centros de educación especial.

Con un grupo de chicas y chicos de la Escuela Pública de Educación Especial Can Rigol puso en marcha uno de sus talleres para realizar un cortometraje de animación donde el eje argumental era el propio cine. Se trataba de contar la historia del resistente cine Capri, propiedad de una familia enamorada de su oficio, que aguanta como puede el tirón de las multisalas.

Torrecillas me dice que la experiencia de tratar con estos chicos de educación especial fue verdaderamente extraordinaria. Así que viajo hasta El Prat de Llobregat para conocerlos.

A la llegada al CEE Can Rigol todas las personas que te reciben lo hacen con una sonrisa. Rodrigo, que tiene ese brillo en la mirada de los maestros vocacionales, me lleva a conocer a los chicos y chicas que han participado en el taller a una clase a la que se han sumado estas semanas otros compañeros. En el aula, con la mesa llena de hojas de árbol con las que han estado trabajando el final del otoño, me reciben con alegría Joan, Fátima, Aitor, Marina, Javi, Marc y Quim. Todos son entre ellos muy diferentes –Fátima habla como una metralleta y Joan está todo el tiempo callado- y, sin embargo, todos tienen en común una enorme curiosidad. En cuanto llego me preguntan si me pueden entrevistar…

-¡Pero si yo venía a entrevistaros a vosotros!

Se ríen divertidos.

Les pregunto qué tal la experiencia de hacer un cortometraje.

Aitor dice que le pareció una aventura divertida. Marina dice que no estuvo mal, pero que había mucho desorden y que eso no le acabó de satisfacer porque “soy perfeccionista”. Los demás asienten. Aunque a veces salen y otras no, les gusta hacer siempre bien las cosas. Quim titubea un poco al hablar, pero todos lo escuchan sin interrumpirle, porque además se expresa con mucho salero: me chiva que su compañero Javi, y lo dice con orgullo, sabe mucho de ordenadores. Javi explica sin darle importancia que se ha puesto a desmontar un ordenador entero: “me gustaría diseñar videojuegos”. Me cuenta con precisión de técnico que “el cortometraje se hacía con el sistema stop motion”, y que estuvo bien. Como se queda un poco dudoso y lo veo con su gorra girada hacia atrás le pregunto si le habría gustado más una superproducción a la americana…

-¡Claro! ¡Lo de Hollywood me habría gustado más!

El profe Rodrigo me dice que el cine les gusta mucho. Fátima explica que fueron de visita al cine Texas: “Fuimos a ver la película Jamais Content”. Entre todos, cuentan el argumento:

-Una chica adolescente que trabaja –explica Aitor.

-Y estudia –recuerda Marina

-Discute con su familia y quiere irse de casa –apunta Marc.

Marc también es muy hablador. Cuenta que Marina toca en un grupo de música y sabe hacer kickboxing… ¡están orgullosos de tener una compañera con tantas habilidades! Javi explica que su padre fue a un gimnasio de boxeo. A Quim también le gustan mucho los deportes: tenis, fútbol… “¡Y también el teatro!”.

Los videojuegos les gustan a todos: Sonic Azul, Mario Bros, Call of Duty…

-¿Y no hay muchos tiros en el Call of Duty? –les pregunto.

-Pero sólo es un juego de aventura –me responde con chispa Marc.

Rodrigo cuenta que van a hacer el trabajo de síntesis sobre los videojuegos y realmente han aprendido mucho sobre su historia y sus formatos...

Me dicen que les gusta ir a la escuela.

-¡Hoy por la tarde tenemos película!

Los jueves por la tarde hay cine. Rodrigo me cuenta que además de Lengua, Matemáticas o Ciencias Naturales como en el currículo de cualquier centro docente, también tienen educación artística, aula multisensorial, danza, música yoga… Ya nos gustaría que los institutos convencionales tomaran de aquí algunas ideas para ver la diferencia crucial entre escolarizar y formar.

También están haciendo actividades de un proyecto Erasmus. Fátima empieza a explicarlo con su velocidad de chica inquieta y espabilada y otros quieren contar también y se arma un pequeño barullo. Rodrigo, con suavidad pero con firmeza, impone la disciplina y les recuerda que no han de interrumpirse y han de escucharse unos a otros con respeto o la cosa deja de funcionar. Para solventar la cuestión, Rodrigo invoca a un árbitro inesperado:

-Absalón dará el turno de palabra.

Pone sobre la mesa un simpático mono de peluche al que han bautizado como Absalón y se lo entrega en primer lugar a Fátima, que lo abraza feliz. El que tiene el peluche, tiene el turno de palabra. Y ella explica con desparpajo cómo trabajan con el powerpoint e incluso enseña orgullosa un folleto de la Fundación Síndrome de Down en la que ella aparece como una guapa y simpática modelo.

Les pregunto sobre la mecánica de la clase y Quim me cuenta que él es el subdelegado y Marc, el delegado. Quim está contento de tener un “jefe” tan dinámico como Marc: “por la mañana Marc dice en voz alta el horario de actividades del día”.

Estos días la lotería ha sido un tema de las conversaciones, y les pregunto qué harían si les tocaran un montón de millones. Marina dice que le gustaría un coche para hacer tunning… “Estaría bien un Toyota Célica LZ-86”. Javi, que lleva un rato callado, me mira desde debajo de su gorra de rapero y me dice muy serio que “Si tuviera mucho dinero, lo que haría sería aportar a mi familia. Porque ellos nos ayudan mucho”. ¡Menuda lección me acaba de dar Javi! Todos están de acuerdo. De repente me doy cuenta de cuánto tenemos que aprender de estos chicos y chicas.

Aparecen en la clase Salah, Yeray y Laura, de la clase de los mayores que participaron en el taller de cortometraje. Les pregunto si Mario Torrecillas era uno de esos directores de cine chillones. Se ríen y dicen que para nada: “era un director tranquilo”. Cuentan que lo que más les gustó fue el trabajo de preparar a los muñecos con su vestuario propio para luego realizar las fotografías que se iban a incorporar al corto. Les encanta el cine. Yerai es un cinéfilo tremendo. Los demás me animan a que le pregunte por películas… Está a la última de todos los estrenos. Me dicen que les gustan mucho Di Caprio, Brad Pitt o Ewan MacGregor. Se ha corrido la voz de que hay un periodista latoso en el centro y aparece otra monitora con una alumna que quería saber a toda costa lo que se cocinaba y la clase se convierte en un improvisado punto de encuentro.

Al despedirme, le digo a Rodrigo que hay que estar en forma para no perder pedalada con las mil salidas de estos chavales de curiosidad infinita. Él sonríe. Para él es algo cotidiano. Corroboro que allí una visita es un acontecimiento. Al atravesar el pasillo hacia la salida, unos chicos mayores que están guardando las mochilas en las taquillas, le preguntan a Rodrigo si es “la visita” y que si la pueden conocer. Acostumbrado a la apatía y al individualismo habitual en nuestra cotidianidad es estimulante sentir que se interesan por lo que sucede a su alrededor. Mi nuevo amigo se llama Álex y le cuento a mi nuevo amigo que soy periodista y que me dedico habitualmente a hablar de libros. Me dice que a él le gusta mucho el flamenco, que por qué no hago una revista sobre flamenco. Me parece una idea estupenda.

Este taller de animación me ha traído un lugar realmente animado. Si toda docencia ha de ser especial, esta lo es aún más porque va dirigida a gente que en verdad es especial. Me marcho agotado por la energía que te demandan los alumnos, admirado por la capacidad de empatía y trabajo de los profesores, pero sobre todo contagiado de esa capacidad para la sonrisa que tienen los chicos. Me marcho de aquí la mar de flamenco, como unas castañuelas.

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