Christoffer Carlsson

Christoffer Carlsson * Sueco, 28 años * Con El hombre invisible de Salem (Alianza) se convirtió en el ganador más joven del premio de la Svenska Deckarakademinen (o academia sueca de autores criminales) * Visitó la BCNegra 2015 y celebró el prestigio que el noir tiene en nuestro país: “En casa, el género negro nunca alcanza los suplementos culturales y, si lo hace, es objeto de una crítica destructiva” * El éxito de la serie de Leo Junker le permitirá tomarse una baja por paternidad tras el verano y abandonar sus clases en la universidad para centrarse en la redacción de las entregas tercera y cuarta *El hombre invisible de Salem nació de una obsesión muy ligada a su profesión: señalar que la línea que separa al ciudadano común y corriente del criminal es bastante más difusa de lo que por lo general pensamos * El libro cuenta la historia de dos amigos de adolescencia que acaban reencontrándose a lado y lado de la ley: uno es policía y el otro, falsificador, quizá asesino * Aunque nacido en la Suecia rural, ha sido testigo de los conflictos sociales y raciales que han ido asolando los suburbios de Estocolmo durante la última década * “Suecia debe morir”, la frase que da inicio a su novela, procede de una pintada que vio una mañana en la estación de metro a la vuelta de su casa.

 

texto de Milo J. Krmpotic' / foto de Anna-Lena Ahlström

Si Moscú no creía en lágrimas, Suecía desconfía de otro elemento del que también anda bastante sobrada: la novela criminal. O por lo menos eso nos asegura un Cristoffer Carlsson exultante durante su visita relámpago a la Ciudad Condal vive las jornadas más frías del año, pero la escandinava piel del escritor se regocija bajo el límpido sol del mediodía, ocho grados que saben a gloria mediterránea, mientras su conversación no deja de celebrar: a) el interés del público por el festival (las trescientas o cuatrocientas personas que asisten de media a las mesas redondas tendrían, según sus palabras, visos de sueño húmedo para los organizadores de eventos literarios en la tierra de los renos); b) la atención de los principales medios nacionales hacia la primera de sus obras que llega al español (“en casa, el género negro nunca alcanza los suplementos culturales y, si lo hace, es objeto de una crítica destructiva”); y c) el prestigio que en definitiva concedemos aquí a una tendencia considerada allí como claramente menor.

 

Es probable, pues, que a Christoffer Carlsson sus compatriotas jamás le concedan el premio Nobel. Pero otra institución paisana, la Svenska Deckarakademinen (o academia sueca de autores negro-criminales) ya ha tenido a bien convertirlo en el ganador más joven de su premio anual, que en la edición de 2013 recayó en El hombre invisible de Salem. Y el éxito del libro está siendo tal que su firmante ha decidido tomarse una baja de paternidad tras el verano, abandonando sus clases de criminología en la universidad de Estocolmo, para centrarse en la redacción de los títulos tercero y cuarto de la serie protagonizada por Leo Junker (el segundo, que Alianza presentará por estos lares bajo el lema de La caída del detective, vio la luz en su país natal el pasado mes de agosto).

 

Carlsson, pues, tiene motivos para transitar entre la sonrisa pícara y la franca carcajada. Pero, a la que toca entrar en materia, la seriedad se adueña de su rostro. El hombre invisible de Salem nació de una obsesión personal muy ligada a su profesión: señalar que la línea que separa al ciudadano común y corriente del criminal es bastante más difusa de lo que por lo general pensamos. En su experiencia, dadas las circunstancias adecuadas, toda vez sometidos a una presión suficiente, hasta el más pintado moralmente de nosotros podría pasarse al otro lado de la ley. Y para ejemplificarlo se ha lanzado a contar la historia de Leo Junker y John Grimberg, dos amigos de adolescencia a los que los vericuetos de la vida alejan primero y enfrentan después. Al primero lo conocemos como policía en horas bajas, suspendido por su participación en un operativo que acabó torciéndose trágicamente, separado de la mujer a la que ama tras el accidente que costó la vida al hijo que ella esperaba, adicto a los antidepresivos y aficionado a la absenta. El segundo es un maestro de la falsificación que no ha logrado escapar a la tentación de la droga y al que obsesionan ideas de venganza. Y el episodio del pasado que los separa va a trasladarse al presente en forma de asesinato: el de una de las prostitutas que acuden a buscar refugio nocturno al albergue del edificio en el que reside Junker.

 

Si la novela negra escandinava se ha emperrado en demoler nuestro idealizado concepto de la social-democracia nórdica y su dichoso Estado del Bienestar, El hombre invisible de Salem pone el punto de mira concretamente en los suburbios de Estocolmo. Carlsson, nacido y criado en parajes más rurales, se trasladó a uno de ellos a la hora de emprender sus estudios universitarios y ha residido en varios, Hägsätra siendo el más actual, pero tiene amigos en Salem y ha sido testigo directo, en cualquier caso, de los conflictos sociales y raciales que han ido asolándolos a lo largo de la última década, con el asesinato de un adolescente neonazi en 2000 a modo de grave llamada de atención y los disturbios de hace dos años, quema de coches y enfrentamientos con la policía incluidos, como punto culminante… de momento. “Los datos del paro, por ejemplo, no son tan graves como en España –nos aclara el autor–, pero sí difieren claramente entre el centro de Estocolmo y los suburbios”. El sueño sueco es para los elegidos, parece. Y, con su serie en marcha, Carlsson ha intentado explicar(se) por qué los otros, los que nunca acceden a la fiesta, irían por ahí realizando pintadas como la que él mismo vio una mañana en la estación de metro a la vuelta de su casa: “Suecia debe morir”.

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