A Gonzalo Suárez le persigue su sombra

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Gonzalo Suárez (Oviedo, 1934). * De él dijo Julio Cortázar: “¿Escritor que hace cine, cineasta que regresa a la literatura? De cuando en cuando hay mariposas que se niegan a dejarse clavar en el cartón de las bibliografías y los catálogos”. * Afirma que ya tendría que haber hecho otra película, pero que su último proyecto “estuvo en manos de estafadores, fue ya un tinglado ajeno al propio cine”. * Publica novela nueva, Con el cielo a cuestas, obra de seductoras mujeres con órganos genitales masculinos, cuadros misteriosos, sótanos plagados de pájaros… y reedita Doble Dos, un título de 1971 que fascinó al legendario Sam Peckinpah (ambas en Literatura Random House). * “Lo único importante es mantener el humor. Cuando se pierde el humor, la vida es insoportable”. * “El periodismo lo he abandonado por la falta de libertad paradójica que tiene. Es asombroso, todo está dividido entre opinantes, todos conocen su territorio y a ti nadie te deja salirte. Y eso es una lata”. * “No me gusta la multitud. No me verás en un campo de fútbol. Manifestaciones, he ido a algunas, sobre todo cuando me lleva mi mujer. No me gusta. Lo que me gustan son las personas, una a una”.

 

texto BEGOÑA PIÑA foto ASÍS AYERBE

Dice Gonzalo Suárez que está “disgustado” consigo mismo porque ya tendría que haber hecho otra película, pero que su último proyecto “estuvo en manos de estafadores, fue ya un tinglado ajeno al propio cine”. Y como no tiene ahora medios para rodar, escribe. Y como no puede parar –nunca ha podido–, publica novela nueva, Con el cielo a cuestas, y está a punto de terminar otra –“es más un relato largo” –. Por si no fuera suficiente, la editorial comienza a reeditar toda su obra y ha elegido empezar por Doble Dos, una novela de género que publicó en 1971 y que fascinó al legendario Sam Peckinpah, hasta el punto de inspirarle el guion de una película que escribió con el propio autor. Amigos desde entonces y hasta su muerte.

Otro de sus amigos, Rida, un argelino al que conoció en su juventud, ha reaparecido en su vida, porque le ha recuperado para su obra. Es uno de los personajes de Con el cielo a cuestas, una novela de seductoras mujeres con órganos genitales masculinos, cuadros misteriosos, sótanos plagados de pájaros… y un protagonista, Lorenzo Massaní, un español que luchó contra los Nacionales en la Guerra Civil y que consiguió huir a Francia, de Marsella a París.

El mismo París que conoció Gonzalo Suárez, el de los convulsos años 1950. Una ciudad que, como otros de sus recuerdos y sus vivencias, se cuela en la ficción de este nuevo libro, donde, como muchas veces antes, este creador busca nuevos caminos, porque “los que conozco me aburren. De hecho –dice– la literatura a veces me aburre. Y en cuanto a lo de aparecer en la novela, bueno, es que siempre te persigue tu sombra y, además, ¡qué remedio! si el emplazamiento de cámara es uno mismo”.

 

Mariposas que se niegan a dejarse clavar

Novela y cámaras, cine y literatura, y periodismo y pintura. Juntos y revueltos, al lado unos de otros, y mezclados, y a veces dentro… A Gonzalo Suárez le molesta que se empeñen en colocarle adjetivos. Y recuerda entonces las palabras que le dedicó Julio Cortázar: “¿Escritor que hace cine, cineasta que regresa a la literatura? De cuando en cuando hay mariposas que se niegan a dejarse clavar en el cartón de las bibliografías y los catálogos (…)”. “Eso –confiesa– ha sido un lastre”.

Y de ese pensamiento pasa inmediatamente a otro y a otro. En el mundo de Gonzalo Suárez las ideas se asaltan unas a otras, hasta el punto de arramblar la recién llegada con la anterior en una pendiente imparable. Una cosa lleva a otra y a otra más y las relaciones de ideas son, en su caso, una especie de piedra de Sísifo. “Puede pasarme que empiece una novela y se me vaya la imaginación a otro lado y ya no vuelva a retomarla. Por eso procuro no releer lo que escribo. Solo lo hago por la mañana, al levantarme, para saber dónde estoy. Es la única forma de no reescribir interminablemente”.

“Y lo único importante es mantener el humor. Cuando se pierde el humor, la vida es insoportable. Aunque sé que a veces desconcierta porque mucha gente piensa que la obra dramática tiene que ser muy seria”, añade. Lo cierto es que por el humor, por la guerra abierta contra el naturalismo, por su obstinada sublevación frente a las reglas… Gonzalo Suárez es un artista que sí, desconcierta. “Pero –sonríe– ¡si el sistema no se desconcierta nunca! Siempre he pensado que un cantante protesta, en el momento en que sube al escenario, ya está dentro del sistema. El sistema fagocita todo lo que le eches”.

 

Un personaje dentro de su obra

“Pero es verdad que juego, sí”. En este instante, Gonzalo Suárez se detiene y reconoce: “Me encuentro interesante hablando. No conviene”. Les pasa a muchos, ¿por qué no conviene? “Porque no se tendría que opinar sobre la obra en la que estás inmerso y yo menos, que soy un personaje dentro de mi obra. Y porque yo no estoy para eso que pasa ahora, que la gente va, por ejemplo, al cine a ver lo que ya sabe que va a ver. Es como el chiste del acomodador…”.

Este creador ya se inventó a sí mismo como personaje en sus primeros textos y sus principios en el cine. En su mítica ópera prima, Ditirambo, aparecía ya su álter ego, un tipo que jamás mentía, que no fumaba, no bebía… “Ahora ya miento, porque fumo y bebo. Además, con el cine no hay dios que no mienta y sería muy enojoso decir siempre la verdad”.

Contradiciéndose a él mismo, no puede evitar soltar verdades como puños. “El cine ahora es muy mimético”, sentencia. “El periodismo –continúa– lo he abandonado por la falta de libertad paradójica que tiene. Es asombroso, todo está dividido entre opinantes, todos conocen su territorio y a ti nadie te deja salirte. Y eso es una lata. Pero es que es el mundo tal como está. Y cuando son grupo, a mí empieza a asustarme”.

“No me gusta la multitud. No me verás en un campo de fútbol. Manifestaciones, he ido a algunas, sobre todo cuando me lleva mi mujer. No me gusta. Lo que me gustan son las personas, una a una. Toda relación en la que no hay miradas da miedo, porque sé lo que produce”. ¿Y qué produce? “El monstruo, el monstruo manipulable por aquellos que ejercen el poder, que nos tratan a todos como si fuéramos idiotas y eso es muy inquietante. Me da miedo por lo que tienen de cosa amorfa. No hay pensamiento ni razón. Hablan de corrido, como máquinas. Se saben su lección y no salen de ahí. Y todo es encubrimiento, además”.

“¿Ves? ya me he puesto serio”. Y se ríe. Gonzalo Suárez, 81 años, director de más de veinte películas, autor de otros tantos libros, de unos cuantos guiones, dramaturgo, periodista… quiere saberlo todo de esta nueva era digital, buscando como siempre nuevos caminos y, de paso, para ver si le viene mejor como herramienta que lo que tiene ahora a mano, porque “las editoriales ¡van tan lentas!”.

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