El infierno en la tierra (y el mar)

 

texto MILO J. KRMPOTIC'

Tres son las razones que, individualmente o en diabólica conjunción, convierten un lugar en maldito: la religiosa-paranormal, la natural y la que lleva la firma del hombre. Se trata de escenarios de los que el común de los mortales saldría por piernas, pero no así el periodista y marino Olivier Le Carrer, que se ha dedicado a visitar y contar cuarenta de ellos en su inquietante pero fascinante (y bellamente editado) Atlas de los lugares malditos (geoPlaneta). A continuación, escogemos diez destinos que nos han parecido especialmente fascinantes… en la más peluda acepción de la palabra.

 

* Castillo de Montségur (Francia) – En cuanto último reducto de la “herejía” cátara, se lo conoció como “la sinagoga de Satán”. En 1244, después de un asedio de siete meses, el ejército de Luis IX logró reducirlo tras entrar por su puerta de atrás (es decir, escalando el acantilado) y sus ocupantes fueron pasto de una monumental hoguera en un prado cercano. En arquitectura se halla a la altura de su leyenda, pero ojo con apartarse de los caminos señalados porque las ruinas son escarpadas y abundan los precipicios.

* Parque Nacional de Kasanka (Zambia) – Esta reserva, una de las más pequeñas del continente africano, debe su (mala) fama a los millones de murciélagos que cada año la visitan entre finales de octubre y diciembre. Nadie ha podido averiguar de dónde vienen ni a dónde van, solo se sabe que llegan a devorar 300.000 toneladas de fruta por temporada y que muchos acaban en los estómagos de las serpientes y cocodrilos que llegan atraídos por su vampírico retozar.
* Thilafushi (Islas Maldivas) – Todo paraíso tiene su reverso oscuro. En el caso de este archipiélago índico e idílico, con más de un centenar de islas-hoteles, se trata del islote sobre el que se aboca toda la basura generada por los 400.000 habitantes del lugar, más sus 800.000 visitantes anuales. Trescientas toneladas de porquería (a menudo contaminante) por día que conforman ya una isla sobre la isla.

* Estrecho de la Sonda (Indonesia) – Allí donde se ha producido un infierno existe la promesa de que llegue otro. El estrecho entre las islas de Java y Sumatra es un pandemonio de instalaciones petrolíferas, tráfico de inmigrantes ilegales e, incluso, embarcaciones piratas. Pero la peor noticia es la sombra del volcán Krakatoa, cuya explosión en 1883 provocó 40.000 muertos en un área apenas poblada. Hoy día, en cambio, seis millones de almas viven en un radio de apenas cien kilómetros.

* Aokigahara (Japón) – Esta extensión de 3.000 hectáreas se ha ganado a pulso el sobrenombre de “bosque de los suicidas” ya que, según la prefectura de Yamanashi, cien son al menos las personas que anualmente se quitan allí la vida, y decimos “al menos” porque un centenar son los cuerpos que recuperan las puntuales batidas de voluntarios, pero su frondosidad y traicioneros desniveles impiden un registro a fondo. Además, cuentan que allí las brújulas y los GPS tienden a la locura.

* Cabo York (Australia) – El extremo norte de Queensland es una trampa zoológica, con sus salties (cocodrilos afines al agua salada, de mayor tamaño y agresividad que el resto), sus tiburones toro (que gustan de adentrarse en corrientes de agua dulce), sus medusas de dos centímetros y picadura mortal, sus setenta especies de serpientes marinas y, sobre seco, ocho de los diez ofidios más peligrosos del mundo… Australia es un festival, oigan.

* Nauru – La república más pequeña del planeta, con veintiún kilómetros cuadrados, tuvo su momento de gloria cuando alcanzó el segundo puesto mundial en PIB por habitante, solo por detrás de Arabia Saudí. Pero hoy se halla más allá del doscientos, con una esperanza de vida de apenas 58 años y un paisaje desolado por los fosfatos de la explotación minera que representó su fortuna… y su desastre.

* Ola de Mavericks (Estados Unidos) – A treinta kilómetros al sur de San Francisco, tras 45 minutos de remo entre rocas y caprichosas corrientes de agua helada, en un hábitat donde el gran tiburón blanco se siente como en casa, se levantan los quince metros de una ola mítica para el gremio de los surfers, por más que se haya cobrado vidas como la del campeón hawaiano Mark Foo, que se ahogó en ella en diciembre de 1994.

* Triángulo de las Bermudas – Con vértices en Florida, Puerto Rico y las islas que le dan nombre, esta extensión de Océano Atlántico ha testimoniado en un siglo la desaparición de ochenta aviones y 190 embarcaciones, lo que ha dado pie a explicaciones de todo tipo, desde alteraciones magnéticas hasta presencias extraterrestres. Charles Berlitz vendió veinte millones de libros recopilando las teorías del segundo apartado.

* Cumbre Vieja (España) – Este volcán aún en activo de la isla de La Palma presenta una inestabilidad en su flanco oeste. Así que una sola sacudida… y quinientos kilómetros cúbicos de rocas podrían sumergirse en el Atlántico para provocar un tsunami que arrasaría El Hierro y La Gomera, las costas de Marruecos, la Bretaña francesa, Florida, Brasil… En efecto, el Atlas de los lugares malditos parece una tarea en curso.

 

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