POESÍA: Una fundación para Álvarez Ortega

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Es, no cabe ninguna duda, una gran noticia que la Fundación Manuel Álvarez Ortega se haya puesto en marcha tras la firma ante notario de los estatutos fundacionales, el pasado día 11 de noviembre. También, y como era de esperar, se produjo la primera reunión fundacional del patronato, que se celebró en Casa del Lector (Matadero de Madrid). La finalidad de la entidad será la conservación, estudio y difusión de los fondos documentales, bibliográficos, pictóricos y epistolares del poeta y escritor cordobés, fallecido en Madrid a los 91 años de edad el 14 de junio de 2014, y cuyos restos descansan en el Cementerio Civil de la Almudena.

La Fundación está dirigida por un patronato constituido por Rafael Álvarez, Marcos Ricardo Barnatán, Antonio Colinas, César Antonio Molina, Juan Pastor (como presidente), Margarita Prieto (secretaria), Fanny Rubio y Jaime Siles. ¡Ahí es nada!

Siguiendo las indicaciones y manifiesta voluntad testamentaria del poeta, la totalidad de sus bienes pasarán a formar parte del patrimonio de la Fundación Manuel Álvarez Ortega y a la ciudad de Córdoba, según el comunicado de la propia fundación.

El poeta Álvarez Ortega, como bien se sabe, vivió alejado de los círculos literarios y distante también de los focos mediáticos; era un hombre más bien recogido, introspectivo y tímido, según Pastor, editor de Devenir, donde el autor publicó sus últimas obras. En su trayectoria literaria destaca su conocimiento de la poesía francesa: ahí quedan sus antologías Poesía francesa contemporánea y Poesía simbolista francesa. Y entre sus obras figuran La huella de las cosas, Clamor de todo espacio, Hombre de otro tiempo, Exilio, Tiempo en el Sur, Invención de la muerte, Génesis, Gesta, Código o Liturgia. Aunque yo tenga como libro de cabecera, desde hace muchos años, a Intratexto (Devenir, 1997).

“La poesía, si responde a lo esencial, puede crear, como manifestación humana, un estado de salud mental, una sensibilidad superior que permita aceptar el lado oscuro del mundo en donde el ser está inmerso, o, al menos, dejar en un cierto equilibrio esa realidad indiferenciada a que conduce hoy el uso sistemático de la técnica.” (De Intratexto)

 

‘Serie’ de Vicente Luis Mora

Serie (Pre-Textos) del poeta Vicente Luis Mora (Córdoba, 1970) es un libro sorprendente, por tantas cosas que uno no sabe muy bien por dónde empezar y menos atendiendo a lo que dice Francisco Estévez: “La crítica debe juzgar, condenar o alabar, pero sobre todo analizar, no proporcionar informaciones huecas que nadie solicita. La creación crítica, en estas orillas del amor al texto, no consiste en inventar, sino en descubrir”. ¡Vaya responsabilidad para los críticos! Como lector de poesía creo que es fácil llevar a cabo esta tarea de realizar una lectura crítica de este genial poemario.

Me parecen 140 páginas de lo más lúcidas y lúdicas, y aquí me viene a la memoria aquello de “Lo lúcido es lo lúdico / y lo lúdico es lo agónico”, que decían Paz y Lezama Lima. Por lo tanto, poemas y textos que revelan jugando con el lenguaje el sentido oculto de los versos. Versos que están escritos porque “El universo expande sus dominios”, y buscan un planteamiento poético de la realidad actual: ciber(n)ética, no de ninguna otra. Poemas que me han hecho recordar por esa realidad aquello de Unamuno sobre el engañoso realismo de lo aparencial. Que, en el caso del poeta, nos dice en un logrado aforismo: “La muerte / es el agujero negro / de la Tierra”.

Es un libro para (re)leer con calma. Me ha dejado tocado, y es que, por las rendijas de estos versos de este gran poeta, entra la luz con toda su singularidad y pluralidad. Son versos preciosos y precisos que se reflejan en nosotros y nosotros en ellos, porque: “somos idénticos: / dos formas de vacío / en el espacio”. Y, pese a que parece una serie de series, que lo es, y que explora todo lo habido y por haber, desde la imagen poética a la plástica, pasando por los juegos de perspectivas más o menos distorsionadas hasta la física y la metafísica, todas cuánticas, el poeta maneja su universo en un ordenado quehacer demiúrgico: “Él desprecia el razonar, por ser lo que acontece cuando no acontece el deseo”.

Solo puedo añadir que he leído este poemario, Serie, con placer porque es un bello trayecto de la palabra y con la palabra desde el interior de su ser hacia el asombro del sujeto poético que vibra en ese límite. Una gozada: “Yo puedo mejorar el mundo / con solo chasquear los dedos. / Basta ese ruido para despertarte”. Enrique Villagrasa

 

P E R S E C U C I Ó N

Naturaleza escurridiza de la felicidad

 

Como un pez que abandona su refugio

el vientre donde vive imaginando el aire

rastreando un hueco en la espuma para salir del fondo.

Como un ciego que atraviesa la parábola del viento

la tensión donde boquea, fugitivo, péndulo de escamas

trazo inaprensible entre las horas bajo la bóveda del día.

Como una bala de neón que avanza mientras tiembla

escurriéndose en la línea perfecta de los párpados

en la imposible cuadratura de las manos tras su forma.

Su dibujo entrecortado en la intemperie que rastrea

dividiendo en surcos lo invisible

agitando las aletas que cortan el trayecto con su filo.

El vaho de las yeguas, el rocío en la campana del silencio

la llanura donde se desliza entre las manos del musgo sobre la

             quietud inmutable de las piedras.

 

Allí donde vibra su contorno bajo la anémona del sol

donde se escucha el roce de su sombra contra el suelo

levantando el polvo necesario para aclarar la imagen

para rendir mis ojos tras el cerco de su ausencia

tras la senda que humedece su figura imperceptible.

 

El regreso hacia el lugar del que surgió su impulso

el rapto de partir para ensayar el vuelo

para desvelar el forjado del origen esparciendo sus esquirlas de

           sentido

 

horadando la uniformidad del oleaje

al que retorna y del que huyó

                                                               sin haberme abandonado.

 

Pablo Luque Pinilla, Cero, Sevilla, Renacimiento, 2014.