David Pérez Vega, 'Los insignes'

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título Los insignes

autor David Pérez Vega

editorial Sloper

200 págs. 15 €.

 

Una parodia, sin acritud, de los mal o bien llamados círculos poéticos que hay en toda ciudad que se precie, desde una anecdótica y sugerente propuesta: las videoconferencias que mantiene el funcionario Ernesto Sánchez con el líder norcoreano Kim Jong-un, quien quiere entender y saber de poesía y recibe penas y más penas del triste bípedo, que repasa lo habido y por haber en el mundo poético editorial.

 

DAVID PÉREZ VEGA (Madrid, 1974) es autor de las novelas Acantilados de Howth y El hombre ajeno, tiene además dos poemarios, Siempre nos quedará Casablanca y El bar de Lee. Es profesor de Economía y tiene un blog.

 

Leer esta novela es como encontrarte en algún momento de tu vida entre esas líneas, si eres aprendiz de poeta, tienes un blog, te ves asediado por los lectores poetas, y quieres tus versos ver publicados en papel. No deja de ser una parodia más bien dulce, no hace sangre, aunque dice nombres con más pelos que señales. A la vez que es una visión particular de ese mundo de payasos donde unos se lucran más que otros, sin ánimo de menospreciar ni faltarles al respeto a estos últimos de profesión tan respetada y agradecida, desde mi infancia; y ya sabemos que cada uno cuenta la feria como le va. En esta aventura narrativa los títulos de libros poéticos significativos y poetas alfa de la tribu que sean reciben su varapalo, aunque me temo que ellos no se molestarán: ni se molestará esta España que no lee. Lo mismo que los premios poéticos instaurados en este país de ellos, tales como los Hipérbole o Bisonte, a los que el protagonista se presenta y no recibe ni acuse de recibo, como tantos otros.

Esta parodia disparatada sobre la obsesión por publicar y de ahí la obsesión por lograr el éxito literario tiene de coprotagonista al líder norcoreano, que tantos quebraderos de cabeza da a las máximas potencias mundiales. No me cabe ninguna duda de que el autor, de la mano de su demostrada inteligencia emocional, logra relatar estas otras vivencias que le son muy cercanas de forma impecable; no digo que algunas otras no sean inventadas o imaginadas. Me ha gustado mucho la anécdota que utiliza de que un poeta líder político con ventas supermillonarias, porque puede, contacte con el protagonista a través de su blog de crítica literaria-poética para que le diga qué le parece su poesía, pues no se fía de las recibidas en su país: que le contacte a él, que apenas ha vendido un cincuentena de ejemplares de su libro. Paradojas reales donde las haya, que le sirven para repasar en qué mundo poético editorial vivimos y con qué bípedos implumes se baten el cobre los poetas. Una insigne novela de necesaria lectura. ENRIQUE VILLAGRASA