Vanesa Martín, 'Mujer océano'

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título Mujer océano

autora Vanesa Martín

editorial Planeta

192 págs. 14,90 €.

 

La cantautora y compositora Vanesa Martín (Málaga, 1980) ha escrito su primer libro: textos más o menos líricos, aforismos, estampas, pensamientos más o menos hilvanados, unas doscientas páginas donde todo vale, parece ser, por el hecho de que es, como dice en su prólogo, “salvajemente libre en el atrevimiento de escribir lo que mis ojos retienen”. Otra exponente más del fenómeno último de la juglaresca de hoy, de la mano de una editorial poderosa. Me parece que aquí se juega en el campo de la autoficción y se navega entre muchas aguas: realidad, ficción, escritura dirigida –cual guión editorial– y también, y eso salva a esta escritura, lo espontáneo de algunos textos: “Sabes a sorpresa,/ aprendí de ti que no hay espera” (de Dándonos vueltas).

No dejan de ser letras de canciones o futuras canciones, estos más de un centenar y pico de poemas, que van de un verso, el más corto, a una cincuentena de versos el más largo, que para primer libro no está mal: ahí hay un trabajo, diríase. Los textos, escritos en primera persona, hacen que la narradora sea –ni más ni menos– un personaje que grite, llore, se desnude literalmente y metafóricamente, hasta filosofe y se descubra tal cual para el lector, se supone: “Mis jugos internos agitados como cañones de río/ cuando saben de verte”, dice en el poema Vuela alto el viento. ¡Amén!

El libro, además de su biografía y un breve prólogo justificativo, antes citado, cuenta con unos delantales cuidadosamente escogidos para su promoción y para que nos demos cuenta de sus lecturas preferidas: citas de Frida Kahlo, de Chavela Vargas, Pablo Neruda, Jaime Gil de Biedma, Walt Whitman y Federico García Lorca. ¡Ahí es nada! A pesar de todo, me llama la atención la cita de Whitman, pues fue un poeta que ya hizo de la poesía su capa, su sayo; se cantaba a sí mismo, se retrataba y exponía sus pasiones y anhelos más íntimos en sus poemas. ¡Pero de qué forma! En estos textos que nos ocupan hay una falta de matices, algunas estridencias y alguna comicidad más o menos acertada: “Y ahora que vienes a ponerme boca abajo, sé pararte en seco” (de su poema Te hice grande).

En estos poemas se cuentan historias, siempre de encuentros y desencuentros, más o menos dolorosas y ácidas. En todas hay prisa por vivir: “Nos bebimos el tiempo con rodajas de limón” (del poema Desalmar al instinto). No deja de ser este primer poemario una apuesta literaria, alegórica si se quiere, con tono de desgarrada confesión personal y hasta familiar (Joven mujer de ojos azules), con lo que me lleva a pensar que no parece que haya mucha literatura, aunque sí hay pequeños detalles que dan realismo y hasta verosimilitud a los poemas: “Cuando deje de llover, se habrán desdibujado las huellas” (de Recuérdame). Pero les falta fuerza, que no dudo que con el tiempo y más lecturas lo logre.

Así pues, lector de poesía, si quiere emocionarse con estos versos, y algunos lo son, emocionantes digo, deje a un lado el espíritu crítico y lea estos poemas como estampas de la vida de los jóvenes actuales: “Con el aire que anuncia tiempos nuevos y las nubes/ desordenando estaciones” (del poema que da título al libro, Mujer océano).

No dudo que estemos en unos nuevos tiempos para la poesía, no todos los poetas son cual cerillas, fogonazos del momento. Creo que el mundo de la poesía se rejuvenece como un género global, que deja de ser exclusivo y excluyente, para llegar a un público masivo y hasta romper clichés. La polivalencia y frescura de estos jóvenes y no tan jóvenes autores, y la atracción por las nuevas tecnologías, lo hacen posible.

Así pues, poemas más visuales con temas actuales y una mayor implicación del poeta son los puntos clave de la poesía que los jóvenes están escribiendo hoy. Aunque cabe preguntarse si son necesarios poemas con temáticas y estéticas actuales. Si es necesario imbricar la música y la poesía como lo están haciendo. O si el edificio que contiene al poema debería ponerse en entredicho: tal vez quepa otro continente. Son, pues, preguntas que me hago ante libros como Mujer océano.

Pero no sé si es en esta poesía donde poner en forma las emociones. No sé si con esta poesía nos aproximamos al mundo que vivimos, aunque sí sé que la poesía es un camino lleno de belleza para entender este teatro de costumbres que es la vida: “Lo nuestro no tuvo remedio/ y nos dejó desvalidos ante la gente,/ pero validados por amor al arte” (del poema No recuerdo porque no olvido). ENRIQUE VILLAGRASA