Marian Torrejón, 'Al pie de una pared sin puerta'

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título Al pie de una pared sin puerta

autora Marian Torrejón

editorial Talentura

216 págs. 15 €.

 

Dos amigas íntimas, distanciadas durante muchos años, se reencuentran después de una vida paralela, y una de ellas nos va desgranando esta amistad surgida en los años de infancia y afianzada en la universidad, donde ambas arrastraron una doble vida nocturna de consecuencias futuras impredecibles.

 

MARIAN TORREJÓN (Sagunto, Valencia) es Licenciada en Ciencias Económicas. Ha obtenido una decena de premios de relato y ha publicado el volumen de cuentos Limones dulces, con el que fue finalista del Premio de la Crítica Valenciana. Esta es su primera novela.

 

Demasiadas veces una prosa plana y funcional (tan pan nuestro de cada día, por desgracia) tiende a confundirse con la naturalidad de una escritura sencilla y exenta de retórica. Esa frescura característica de las primeras obras suele ajarse con el tiempo en beneficio de otras cualidades, sin duda no menos importantes. Sin embargo, uno estima a veces la capacidad del saber contar una historia sin grandes meandros, florituras ni despliegues técnicos innecesarios, con gracejo y aparente (solo aparente, claro) facilidad. Autores como Mercedes Abad, por citar uno solo, poseen la compleja cualidad de hacernos creer que su prosa es espontánea, natural, chispeante de nacimiento, fácil como ponerse a silbar. No obstante, hay un trabajo detrás, y una voluntad premeditada por semejar sencillez. La pobreza estilística y sintáctica es otra cosa, y no hay que ir muy lejos para encontrarla incluso en no pocos autores celebrados.

Marian Torrejón ha publicado con Al pie de una pared sin puerta (título tomado de un verso de Pessoa) su primera novela, pero ello no significa que sea la primera que escribe. Fogueada en el relato corto, la autora valenciana ha pergeñado una obra que, por su misma temática (la noche y su síndrome de Hyde, la lucha por la vida, el desgaste de la amistad y el amor, los bandazos del tiempo), precisaba de esa aparente facilidad, de un estilo ágil, con gracia y frescura. Es cierto que, en algunos momentos del inicio, el texto roza el peligroso abismo de la prosa plana, pero logra remontar el vuelo inmediatamente para atraparnos con su desenfado en el contar, con su donaire para involucrarnos en la historia que nos propone. El resultado es una lectura agradable, con momentos divertidos y otros más introspectivos, y que para muchos de los que peinamos canas supondrá también un nostálgico viaje a la década de los ya lejanos 1980. DIEGO PRADO