Irene G Punto, 'Carrete velado'

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título Carrete velado

autora Irene G Punto

editorial Aguilar

138 págs. 14,90 €.

 

Cuando un carrete se vela es porque Poesía se ha enamorado de las fotografías que contiene. Irene G Punto lo descubrió y, a partir de ese momento, intentó dar con el modo de ver las imágenes escondidas tras cada foto que Poesía vela. Este poemario es el resultado de su trabajo: nos desvela cada imagen que ha sido objeto del amor de Poesía junto al poema que la lleva velando tantos años.

Pero, cuando Poesía descubrió las intenciones de Irene, no quiso dejarla desvelar más imágenes. En este punto es en el que el lector debe terminar el trabajo. En el libro participan los fotógrafos Jerónimo Álvarez, Luana Fichner, Roberto Iván Cano, Diego Martínez, Beatriz Mercader, Galdric Peñaroja, Sara Lagomazzini, Paco Periñán, Gema Temprano, Martín Page, Rosa Copado, Dimauer, Ignacio y Pablo Martín Lerma.

 

IRENE G PUNTO. Licenciada en Periodismo y máster en Comunicación Integral, ejerce de profesora de Escritura Creativa en la Universidad Nebrija. Ha publicado: Micropoesía, Macrocorazón y Mercromina, y Punterías. Bajo el lema de "Poesía es nombre de mujer", comparte formación con Victoria Ash, Loreto Sesma y María Blanco de Mabu, con acordes de Diana Zahé. Juntas han creado un "recital musical" con el que están recorriendo España.

 

Ya dijo Blas de Otero que no todo ha de ser ruina y vacío. Acaso motivada por tal sentencia, Irene G Punto se decanta por el amor. Perdón: el Amor. Cuando Poesía se enamoraba tanto de Fotografía que no quería que nadie más viera esas imágenes, decidía velar los carretes. De esta preciosa metáfora analógica nacen los presentes "poemágenes" –o "imagenoemas", como los denomina Luis Eduardo Aute en el prólogo–. Para culminar su idea, la autora invitó a catorce fotógrafos a que le enviaran sus instantáneas a partir de unos versos que ella les había facilitado. Así nació la primera parte de este libro, en cierta medida muy punk –si se me permite la licencia–, basado en versos fragmentados, deconstruídos, que huyen del exhibicionismo y corren en dirección contraria a la confesión.

En su segunda parte, Poesía desvelada, la escritora hace un llamamiento a los lectores para proponerles un feedback con su verbo. Les pide una continuación, una reescritura cortazariana de su libro... para desvelar lo que queda de carrete. Micropoemas huérfanos de imagen buscan fotógrafos que puedan expresarlos a través de un hashtag o un mail.

Cada poema forma parte del sueño que lo contiene, acotado y expandido por la imagen que lo acompaña. Por las costuras de algunos versos se cuela un gesto lapidario al límite, otros son más cercanos a la urgencia; gamberros unos, dolientes la mayoría, pero todos generan una melodía misteriosa e introspectiva en la que se reconoce la literatura. Vértigo, paradoja, ternura, ironía... Un verdadero cortocircuito entre el sentido y las palabras, pero, sobre todo, un ingrediente que está en la palabra de Irene G Punto sin ser la palabra y que tiene que ver con ideas sin que consista propiamente en ellas. Esa "gracia" compleja de nombrar la tienen algunos compositores de versos y esta poeta se acerca bastante a ella. Por todo lo dicho, amén de su sensibilidad y su singular agudeza, el lector merecía las habilidades de esta integrante del grupo "Poesía es nombre de mujer". ÁNGELES LÓPEZ