Juan Carlos Elijas, ‘Ontología poética (1998-2014)’

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título Ontología poética (1998-2014)

autor Juan Carlos Elijas

editorial La Isla de Siltolá

154 págs. 15 €.

 

Con prólogo del profesor y poeta Javier Peñas Navarro, y epílogo de la profesora, ensayista y poeta Pilar Gómez Bedate, aparece la poesía de Juan Carlos Elijas (Tarragona, 1966) bajo el título de Ontología poética (1998-2014), que recoge una selección de poemas de los libros Vers.o.s. atávicos; La tribu brama libre; Versus inclusive; Camino de Extremadura; Al alimón. Ciudad y Toro; Talking Heads; Delfos, me has vencido; Cuaderno de Pompeya; Nuevo aullido para Allen Ginsberg; Lisboa blues y Sonetos a Simeonova. Dieciséis años de escritura recogidos en tres brillantes trilogías: underground, viaje y calavera, más un envite y un estrambote. ¡Ahí es nada!

Creo que la poesía de este poeta tarraconense es un buen medio para reflexionar libremente sobre todo aquello que nos concierne, pues no hay poesía tan actual como la de Juan Carlos Elijas y esto es un hecho. Ya que no hay una radiografía de lo que hoy pasa tan atinada como la suya. Sus versos nos incitan a la vida: “Ahí la charlotada de la vida,/ el péndulo y un vino Priorato./ La carcajada cose las encías/ rugosas y amarillas de la muerte”.

Pues bien, Juan Carlos Elijas ha ido construyendo una obra homogénea durante estos años, llena de materia existencial y de carga emotiva, al margen de las corrientes y escuelas dominantes. Con una voluntad renovadora ejercida desde el interior de la propia tradición: el poema como salvación, como memoria y como refugio. Hilvanado todo con fina ironía: “El aire se inflamaba, pusisteis rumbo a El Cairo,/ caricias desbordadas, canción de los Stones,/ pedisteis cava y buey y ostión de los ostiones:/ la noche afrodisiaca, perversa como Byron”. Es Elijas, como Byron, un poeta grande cuya obra merece ser más conocida.

Sus poemas muestran una voz personal, distinta y nítida, lo que me parece necesario para distinguir a un auténtico poeta de uno que no lo es; dibujan también una visión del mundo austera, una protesta contra la injusticia y la mezquindad expresada en palabras cortantes y sin retóricas ni concesiones a las modas: “Y esa niña, madrastra o Circe, Venus/ con un daño intenso entre sus labios/ de lenguas o de llamas, de cenizas./ Los cantos de Ducasse, un mal dolor/ del otro mundo atroz de la ficción./ Es el nido callado donde guarda/ un retrato encarnado de Guevara,/ siempre hasta la victoria, de pie siempre”.

Este poeta hace de la palabra un acto de libertad y de independencia: la responsabilidad que tiene con el lenguaje es reflejo de la responsabilidad con la vida, no en vano ejerce de profesor de enseñanza secundaria, comprometido con sus alumnos. Elijas hace poesía con todo lo que ocurre en el fondo de la conciencia y con lo que ocurre en medio de la calle: “Hoy, veintitrés, febrero:/ Las horas en que España/ fue cañí, fue una caña,/ fue teja, fue Tejero”.

Así pues, es la suya una obra extraordinaria, excelente en su altura y calidad lírica. Uno de esos necesarios poetas francotiradores que escriben con severidad y carácter sobre lo que otros nunca se atreven. Un poeta rebelde y actual: “He visto a los idiotas más célebres de mi generación sucumbir ante los tres mil canales de una vía satélite ante el automóvil más veloz e inteligente los he visto salir a berrear a las calles después de la victoria de un equipo de fútbol y abominar de los libros en líneas generales”.

Su idea poética arma su escritura, le da nervio al estilo y sus versos afilados se hacen transparentes, cual cristal. Pocas veces la poesía tiene una altura moral tan sin fisuras unida a una forma que se desprende de todo lo accesorio para apuntalarla. La densidad del concepto y la concentración de la forma dan a esta poesía su tensión de arco, su urgencia por decir, su eléctrica belleza, su escalofriante y elaborada rotundidad: “Eres ya un recorte de prensa/ una foto de archivo/ para un cincuentenario/ un corazón en el teclado/ un habitante de las Ítacas/ cataplásmicas que inventaste/ para el muñón de la ternura”.
Creo que esta Ontología poética es una aproximación mayor al mundo en el que vivimos. Y Elijas demuestra que los poetas son ciudadanos, que no están fuera del mundo. Es poeta comprometido con la realidad, un gran escrutador del mundo. Y poesía como esta crea unión, pues a veces un poema te puede salvar: “He visto cómo envejecían y los hijos tarados que han sido capaces de malcriar porque hablo ya desde los ojos blancos de la muerte desde la dimensión del cadáver en que me han convertido”.

Me parece pues que ya va siendo hora de que sea escuchado. Puesto que es dueño de una voz poética y de esta Ontología que debe ocupar cuanto antes el sitio merecido que le corresponde en el escaparate público de nuestra poesía: “He aquí las luces del ahora, ese muerto con cara de ángel desvalijado, sus ojos horriblemente azules, sus labios cosidos por dentro con un dulce beso, la manicura y el elegante peinado, un ataúd de rosas imperecederas, un guión, una cámara, otro personaje”.

Un poeta admirable en este país de versificadores, con una metafísica del bípedo implume asombrosa: “Mientras recitas bebo sorbos del verde vino/ y ya noto el poema, sus cábalas y enigmas,/ y ya noto el poema, sus dedos y mi falda”. ENRIQUE VILLAGRASA