Alberto Fuguet, 'Sudor'

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título Sudor

autor Eduardo Fuguet

editorial Literatura Random House

606 págs. 29,90 €.

 

Sudor recrea, desde la perspectiva de Alfredo Garzón, editor de No Ficción de Alfaguara en Chile, la visita que Carlos Fuentes, junto a su hijo Carlos Fuentes Lemus, realizara a Santiago a finales de los 1990 con motivo de la presentación del libro Retratos en el tiempo. Fuguet traslada esa visita a 2013 y cambia los nombres de padre e hijo y el título del libro, pero esos leves retoques en nada ocultan las identidades reales a las que remite la obra.

A partir de esta anécdota, se despliega un argumento frente al que cuesta mucho resistirse a una lectura en clave alegórica. Si Alberto Fuguet fue, desde la aparición de la antología McOndo, uno de los autores más activos a la hora de señalar algunos cambios de rumbo en la narrativa latinoamericana de las últimas décadas, Sudor retoma esta senda veinte años después y aprovecha la relación entre padre e hijo para construir un argumento que remite a la propia peripecia de Fuguet y los autores de su generación: los que sintieron el peso excesivo y la alargada sombra de sus ilustres abuelos de los 1960. Frente a la figura viril y abrumadora del padre escritor, Rafael Restrepo Carvajal, obsesionado por el cuidado de su propia imagen, amigo de presidentes, grandes empresarios e intelectuales de todo el mundo, surge la figura frágil del hijo artista, Rafael Restrepo Santos, «un ser anónimo» anulado por la figura paterna, sin «relevancia literaria», «un chico hemofílico, enfermo, pero lleno de energía y locura».

Alberto Garzón desmenuzará las miserias del ambiente literario y se convertirá en el cicerone del hijo en una travesía por el mundo gay santiaguino, un ambiente que será el otro gran escenario de la novela. Las vanidades y flaquezas de escritores, editores y agentes, junto a las relaciones truncadas y los encuentros eróticos fugaces facilitados por la aplicación Grindr van conformando una trama sentimental que funciona como contrapunto a la parodia y la desmitificación jocosa. Fuguet homenajea aquí a su admirado Manuel Puig, víctima también de las incomprensiones y prejuicios de los autores del Boom y que sería reivindicado por otros escritores como Pedro Lemebel, pero a partir de un imaginario homosexual situado en los antípodas ideológicas del de Fuguet.

Sudor hace visibles algunos de los méritos más destacados de la literatura de Fuguet: en lugar preferente, su domino absoluto de los registros orales, no solo en los diálogos, también en el lenguaje sincopado e instantáneo de los nuevos canales tecnológicos, capaz de sostener la trama casi exclusivamente a través de diálogos y chats a lo largo de más de seiscientas páginas. Fuguet resuelve este desafío con gran solvencia para dar cuenta de una realidad confusa, construida a base de subjetividades cruzadas y de percepciones parciales, inseguras y nunca definitivas. Junto a ello, el tratamiento explícito y procaz del erotismo constituye otra de las virtudes de Sudor, un enfoque que recrea de manera muy convincente el carácter urgente, casual y directo de muchos de los encuentros sexuales que se dan en la novela.

En el debe habría que apuntar cierta tendencia al exceso, visible en la prolongación exagerada de algunos diálogos; una reiteración de situaciones que en algún momento hacen decaer el ritmo narrativo y la repetición de escenas eróticas que a veces acaban cayendo en la monotonía.

Un chileno, José Donoso, fue el autor del recordado ensayo Historia personal del boom; otro chileno, Alberto Fuguet, ha escrito ahora, esta vez en forma de novela, su historia personal de los efectos perniciosos de aquella explosión literaria. EDUARDO BECERRA