Lola Morales, 'Los números imaginarios'

 

título Los números imaginarios

autora Lola Morales

ilustradora Raquel Boucher

editorial Adeshoras

148 págs. 13 €.

 

Una de las mayores satisfacciones que da el mercenario ejercicio de la reseña literaria es la de descubrir autores nuevos cargados de talento. Esto sucede menos veces de lo que pueda imaginarse, por desgracia. Lo habitual es encontrarse con voluntariosos debutantes aún en agraz, con tiernas prosas ya aparentemente exhaustas, o con rebuscados experimentalismos que apenas ocultan la evidencia de no tener nada que contar. Por ello, cuando uno se topa con un primer libro tan prometedor como Los números imaginarios, no puede sino alegrarse sinceramente (por su autor y por la literatura). Y, por supuesto, no tarda en sospechar que detrás de sus páginas anda un escritor ya hecho, que se ha ido curtiendo lentamente y sin prisas, asegurando cada uno de los pasos. Sin duda es el caso de Lola Morales (Jaén, 1979), una profesora de matemáticas afincada en Madrid que, antes de decidirse a dar el salto a la imprenta, se estuvo fogueando en premios nacionales de cuentos. Y esa gimnasia previa se nota, pues los trece relatos de Los números imaginarios rayan inusualmente alto. Algunos de ellos (Puente aéreo, Las muñecas, Clausula 20 o Edificio Bonsái) contienen hallazgos imaginativos de buen cuño y nos ponen sobre aviso en cuanto a la capacidad de fabulación de su autora.

Hay en este libro elementos fantásticos que se presentan con aparente normalidad, como si la rueda de la realidad hubiera pinchado sin darnos cuenta y perdiera fuelle. De este modo entendemos que en un edificio los vecinos se rifen cada año quién de ellos abandona su piso; que unos actores escenifiquen con total veracidad a la familia que mora en una casa en venta; que un viejo se alimente de abejas o que un tipo descubra que se está volviendo traslúcido. Situaciones anormales, en definitiva, dentro de una cotidianidad aparentemente anodina y sin imperfecciones, que alimentan una atmósfera llena de extrañeza y amenazante zozobra. Lola Morales, deudora de autoras tan inquietantes como Alice Munro o Shirley Jackson (una frase de su famoso cuento La lotería encabeza uno de los relatos), también parece emparentada con algún autor español actual (pienso ahora, sobre todo, en Patricia Esteban Erlés).

Aunque algún final peca de cierto exceso críptico, el saldo conjunto que arroja el libro es gratamente positivo. Morales sabe hacer hincapié en las más insospechadas anomalías que fuerzan y doblan la supuesta reciedumbre de la lógica humana, mostrándonos un paisaje de desamparo y desasosiego. Un debut, en definitiva, deslumbrante. DIEGO PRADO         

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