J.M. Coetzee, 'Los días de Jesús en la escuela'

 

título Los días de Jesús en la escuela

autor J.M. Coetzee

traductor Javier Calvo

editorial Literatura Random House

256 págs. 18,90 €.

 

Al profesor Coetzee le suspendieron su anterior novela, La infancia de Jesús (2013). Los doctores de la Iglesia adujeron que no era sino un fallido proyecto ininteligible, que no albergaba trama ni conflicto, y cuyos personajes carecían de alma. Y la condenaron al infierno como condenaron el cura y el barbero novelas de caballerías en el Quijote que tanto admira el Nobel surafricano, y que se asoma con ironía a la novela y a su secuela, Los días de Jesús en la escuela (2016). Aseguraba el sanedrín de críticos que se trataba de una novela ambigua, entre la alegoría y la distopía, merodeando entre conceptos como el de la emigración, la renuncia a la identidad, la kafkiana culpa sin delito y una vaga idea de apocalipsis. A una tierra extraña que habla español, tal vez símbolo de un futuro en que el tercer mundo acoge los refugiados del primero, llegaban los protagonistas empujados al vacío del olvido de su pasado. Una extraña propuesta refutada por no cumplir con los cánones del dogma de la novela (y sabe Dios que ‘dogma’ y ‘novela’ forman un oxímoron), pero no son precisamente asequibles sus novelas Elisabeth Costello (2003) o Diario de un mal año (2007) y sin embargo pueden formar con Desgracia (1999) la santa trinidad de la obra del autor.

David es un niño, vaya uno a saber si trasunto o símbolo del niño Jesús, redentor de una humanidad en pecado permanente, tanto en aquella Galilea bíblica como hoy. Es posible que Coetzee compusiese una suerte de elegía a nuestra condición humana, al parecer solo recuperable si atiende a verdaderos valores, los que transitan por la novela -la virtud de la bondad, la necesidad de enseñar, las edades del hombre, el peligro de olvidar- y continúan ahora en Los días de Jesús en la escuela, una obra con la que el autor insiste en un modelo de novela desnovelizada que pretende una abstracción seductora pero se sitúa muy cerca de la predicación encubierta. Continúa el ritmo parsimonioso y la mansedumbre del estilo. Sigue la novela despojada de conflicto, prefiriendo el fluir de sus figuras en un paisaje que se quiere simbólico y moral, y la pedagogía de unos diálogos que se mueven con frecuencia, como un péndulo, entre la presunta banalidad y el catecismo. Es probable que quienes no le concedieron la absolución a la novela anterior tampoco se la concedan a Los días de Jesús en la escuela, novela varada en la playa de la ambigüedad, desconcertante, dirán, pero sólo para quienes esperan presentación, nudo, acción y desenlace. A quienes eligen las conjeturas e inferencias y jugar a entrever qué oculta el autor bajo su narración opaca, qué pretende transmitir escondiendo intenciones, esta novela les satisfará. Y disfrutarán con el espectáculo de un adulto metiéndose en la piel de un niño, describiendo su ingenuidad y su desparpajo, sus interminables preguntas infantiles, las mismas que dan pie al proceso de evangelización laica que muchos lectores pueden ver en la tarea del narrador. La nueva vida que se esfuerzan en emprender el pequeño David y quienes le cuidan, Simón e Inés, puede entenderse como la nueva vida que el ser humano deberá procurarse para sobrevivir a su propia decadencia y al desahucio al que se ha acabado condenando, la resurrección de David junto a su sagrada familia.

La infancia de Jesús y Los días de Jesús en la escuela son ya obra de un hombre maduro al que no le importa perder fuerza narrativa si atiende en cambio a la urgencia que siente de transmitir consignas morales, de alertar de trances por venir, de recordar que la orfandad pertenece a la condición humana como la ignominia, de advertir que existe siempre un enigma, también bajo lo idílico, de aleccionar con una homilía plástica a una sociedad deshumanizada.

Hace tiempo que Coetzee se ganó a pulso el derecho a no escribir como ha escrito Coetzee. Y es la vida creativa la que protege de la muerte artística. JAVIER APARICIO MAYDEU

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