David Barreiro, 'El hijo'

 

título El hijo

autor David Barreiro

editorial Tropo

150 págs. 16,95 €.

 

He meditado bastante cómo afrontar esta humilde reseña para no parecer injusto, dado que nos hallamos ante una novela correcta, bien escrita, un texto pulcro e hilvanado con solvencia. Dados los tiempos que corren, agobiados de libros directamente malos, con niveles de redacción que causan vergüenza ajena, parecería que lo antes dicho debería bastar. Sin embargo, escribir bien no es suficiente para urdir una buena novela. Y, precisamente, los reparos que cabe hacerle a El hijo están en el orden de la ambición y la voluntad literaria.

Agota Kristof afirmaba, en las postrimerías de su vida, que hacer literatura no le interesaba. Supongo que la leve boutade se refería a la desnudez de su estilo, cortante y seco. Pero la morosidad expresiva, la tendencia barroca o la pretendida sencillez nada tienen que ver con el peso de lo literario. La autora húngara, por seguir con el ejemplo, era capaz de desarrollar un universo lleno de crueldad, dolor y miseria humana a partir de unos pocos trazos precisos y profundamente hipnóticos, literaturizando exhaustiva y poderosamente sus historias. Detrás de un texto debe existir la firme voluntad de recrear el mundo, el mundo interior del autor; de lo contrario, por bien que se escriba, uno se está limitando a hacer mera mecanografía. Demasiadas veces me enfrento como lector a obras escritas desde un aséptica profesionalidad, obras a las que, ciertamente, no se les puede poner pegas desde un punto de vista estructural y sintáctico. Sin embargo, se tratan de libros cuyo aliento creativo parece exiguo, limitados a cumplir con los mínimos exigibles. En la mayoría de ellos apenas hay asomo de riesgo, ya no solo verbal, sino también imaginativo. Se trata de novelas sin verdadera emoción, sin pálpito, carentes del fuego sacro que debería acompañar a toda obra narrativa.

La nueva entrega de David Barreiro (Gijón, 1977) roza demasiadas veces este peligro de insipidez literaria, empezando por el propio título, de una simplicidad extrema. Repito de nuevo que El hijo se lee con agrado, es ágil e incluso contiene páginas que parecen elevar brevemente el vuelo, todo lo cual demuestra el talento del autor. Por eso mismo debemos exigirle a Barreiro que no se contente con ello, que se esfuerce en lograr un resultado más allá de lo ordinario.

La historia de la novela que nos ocupa también es simple: una mujer entrada en la cincuentena, profesionalmente ambiciosa, pierde a su hijo el mismo día en que le anuncian que su puesto de directora de Recursos Humanos en una gran multinacional peligra. La novela es una especie de redención reconciliadora post mortem entre madre e hijo. La prosa en primera persona, pretendidamente actual, es funcional y sin brillo la mayoría de las veces. Tampoco ayuda una protagonista con la que cuesta empatizar, unos personajes que tienden a la planicie psicológica y unos diálogos que parecen sacados de un telefilme de sobremesa. Todo ello contribuye a que la historia nos resulte poco creíble y que nos suene a algo ya visto o leído anteriormente.

Si nuestro nivel de exigencia termina en lo simplemente correcto, la novela de Barreiro es recomendable y tampoco es necesario negarle sus aciertos. Ahora bien, si, como es el caso, uno busca una lectura que le conmocione y le fascine, El hijo le dejará con hambre. DIEGO PRADO

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