Jordi Nopca, 'Vente a casa'

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título Vente a casa

autor Jordi Nopca

editorial Libros del Asteroide

214 págs. 16,95 €.

 

Diez relatos con profusión de parejas en el alambre o proyectos de pareja que no acaban de cuajar o que se diluyen antes de empezar o líos que acaban en un lío o posibles líos a la caza de señales por un sí o por un no, parejas chinas y parejas autor-traductor de elevada toxicidad. También asoman un padre con un saxo, Peter Stamm y la nieta de Blake Edwards.

 

JORDI NOPCA (Barcelona, 1983) es escritor, periodista y traductor. Ha trabajado en distintos medios de comunicación y colabora actualmente en el diario ARA. Ha publicado la novela El talent (2012) y los cuentos Vente a casa (Puja a casa en la edición original en catalán, editada por L´Altra).

 

Jordi Nopca acumula méritos para que algún día un escritor suizo firme un relato donde una señora llegue a su casa y le muestre a su perplejo marido un libro de Jordi Nopca diciéndole: “Es uno de los escritores catalanes más reconocidos del panorama actual”. Mientras el autor va haciendo su camino y se hace justicia, a lo que puede ayudar el sello de garantía que han estampado sobre estos cuentos próceres como Enrique Vila-Matas (con el que comparte el gusto por alguna disparatada escena marxista y por la siempre ocurrente colocación de referencias literarias) y Jordi Puntí (que firmaría ese acercamiento a la cotidianidad con una lupa de aumento que revela la extrañeza de lo asumido y cuán ridículas criaturas somos), el autor ha colocado una escena similar partiendo de un matrimonio catalán, aficionado a imbuirse de la literatura de los países que visitan, que pone en serios aprietos a Peter Stamm. Aunque mi cameo preferido lo protagoniza la nieta de Blake Edwards, un pedazo de mujer que complica las ya de por sí tirantes relaciones entre un facturador de novelas de misterio y su traductor en el desopilante La pantera de Oklahoma, el anterior cuento, Navaja suiza, sintetiza mejor los intereses y las virtudes que recorren este conjunto. A grosso modo, serían crear un espacio reconocible para después torpedearlo, levantar marcos de falsa seguridad con el fin de derrumbarlos con cartuchos de humor e ingeniosas vueltas de tuerca.

Nopca sabe que todas las parejas felices se parecen, mientras que todas las desdichadas lo son a su manera, y que la crónica de sus penas sentimentales exige echarse unas risas. Hay mucha frescura en estos relatos, tanta que vendrían a ser caramelos de menta para los saturados de lecturas estropajosas, pero también toques cultos servidos desde una autoironía que despeja aún con mayor eficacia las vías respiratorias. A partir de una parroquia de gente corriente (y cada uno, por supuesto, desquiciado de manera intransferible), de una geografía de proximidad –la Barcelona de galerías comerciales pijas, bares regentados por chinos y centros culturales cool–, Nopca escribe sobre las tragedias de a pie desde la ternura y el absurdo, si bien tiene siempre a punto un aguijón cargado de veneno. Aunque él lo negaría ante Dios y los hombres, ahora entendemos que, para la máquina capaz de detectar el talento que aparecía en su anterior novela, se inspiró en un escáner practicado a su cerebro. ANTONIO LOZANO