celso castro, 'entre culebras y extraños'

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título entre culebras y extraños

autor celso castro

editorial destino

160 págs. 18 €.

 

Enfermizo, lunático y lector de Schopenhauer. Así, todo junto, se presenta el protagonista de esta novela. Adolescente, para más inri. Huérfano de padre en medio de la cena, sabedor de que su destino se despliega en el frágil bombear de un corazón genéticamente débil. Que a su vez late con mal disimulada devoción por Sofía, compañera de clase, hija de la mejor amiga de su sobreprotectora madre, amante…

 

CELSO CASTRO (A Coruña, 1957) se sirvió del seudónimo “m. de verganza” para firmar de las cornisas, a la que siguieron dos noches, el cerco de beatrice, astillas y el afinador de habitaciones. Así, sin una sola mayúscula.  

 

Si, tal y como sostenía Poe, nada hay más lírico que la muerte de una muchacha bella, bien cabría otorgar la medalla de plata de tal estética de la tragedia a esa otra suerte de oxímoron que es la ausencia de vitalidad en la infancia y la adolescencia. Porque contiene episodios de tuberculosis y amores tan tempranos como morbosos, no escapa entre culebras y extraños a la castigada sombra del escritor de Baltimore, pero el interés de su protagonista por la filosofía decimonónica, centrado especialmente en el trío maravilla que conforman Schopenhauer-Kierkegaard-Nietzsche, nos obliga a añadir con cierta celeridad el Demian de Herman Hesse, también maltratado hoy día por su carácter de lectura formativa, dentro de un paquete de afinidades o referentes de espíritu centroeuropeo y puntos de fuga galos (la casita de campo en torno a la que se estructura la segunda parte del libro cuenta incluso con su pintor residente, amén de un río donde los reptiles hacen las veces de nenúfares).

Algo más allá –pues cuesta ofrecerle una posición neurálgica y he ahí, quizá, el principal problema de la obra– se despliega la propuesta estilística de Celso Castro, con todas sus peculiaridades ortográficas y gramaticales, enroscada en torno a un monólogo fecundo en hallazgos verbales, en imágenes sensuales y episodios emotivos, también en pequeños pero necesarios desvíos hacia el desahogo cómico (o cuando menos la sonrisa cómplice).

Pero, por más que personalmente bendigamos su perversión última del Bildungsroman tradicional, por mucha simpatía que genere su (insisto) conseguida voz central, entre culebras y extraños sigue partiendo de callejuelas ya bastante transitadas y tampoco acaba de desembocar, argumental o simbólicamente, en una geografía destacable. Carece del recorrido (y de la ambición de estallido) de otro título tan afín pero mucho más memorable como podría ser Sobre héroes y tumbas. Y eso que de lo primero no anda manco y las segundas puntúan su peripecia. MILO J. KRMPOTIC’