Clara Obligado, 'La muerte juega a los dados'

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título La muerte juega a los dados

autora Clara Obligado

editorial Páginas de Espuma

232 págs. 17 €.

 

1936. Un hombre adinerado de Buenos Aires aparece muerto en su casa con un disparo en la sien. A partir de este hecho, Clara Obligado teje una red de historias en las que desarrolla en paralelo una narración policiaca y una saga familiar. Con cada página, iremos descubriendo algo más sobre la muerte de Lejárrega y el destino fatídico de las mujeres que lo rodeaban.

 

CLARA OBLIGADO (Buenos Aires, 1950) vive en España desde 1976. Es pionera en la instauración de talleres de escritura creativa en el país. Destacan sus libros de relatos El libro de los viajes equivocados y Las otras vidas.

 

La muerte juega a los dados es un libro, por encima de todo, bello. Basta con leer las primeras páginas para apreciar el mimo con el que Clara Obligado ha escrito cada frase. No solo se trata de la riqueza y precisión léxica que exhibe la autora, que quizá, en un escritor de ficción, solo sea un rasgo loable por infrecuente, en tiempos de predominio de la trama sobre la forma; el texto posee una sonoridad delicada, de caja de música, y una plasticidad agradable a través de las que se avanza en la lectura de lo que han convenido en llamar cuentos, pero que uno podría referir como novela.

La obra recuerda a las grandes sagas familiares de la literatura del siglo XIX. Los Lejárrega de Clara Obligado tienen algo de los Rougon-Macquart de Zola o, por citar un ejemplo más cercano en lo geográfico, los Moscoso de Pardo Bazán en Los pazos de Ulloa. En los sucesivos relatos, la autora expone a la desgracia y el drama que quienes rodean a Héctor Lejárrega parecen tener como destino ineludible. Se desmoronan los Lejárrega ante los ojos del lector: la enfermedad nerviosa de la hija, el asesinato del padre, la mezquindad de la sirvienta, la tragedia que se adviene en las nietas… El libro, por momentos, reclama una portada más sombría. Pero las tinieblas son solo el contrario de una felicidad frágil, luminosa, el descubrimiento de otra clase de feminidad, París, la contagiosa serenidad de una niña inocente.

Aunque con hilos del XIX, La muerte juega a los dados está cosida con aguja y patrones del XXI. El aire de saga familiar y la veneración por la capacidad del lenguaje para ser bello no están reñidos en este caso con un formidable trabajo en la estructura temporal de cada relato y del conjunto como tal. Junto con la ordenación de las escenas, su capacidad para trabajar el ritmo resulta en una lectura fluida, en la que la tragedia familiar va sucediendo de manera que siempre queremos conocer el próximo tropiezo, desengaño, abuso, derrota…

Ante la reverencia por la palabra que muestra Clara Obligado en este libro y el talento con el que lo resuelve, quien esto firma solo puede quitarse el sombrero de aprendiz ante el trabajo de la maestra. DAVID ALIAGA