Lorenzo Silva, 'Música para feos'

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título Música para feos

autor Lorenzo Silva

editorial Destino

224 págs. 18 €.

 

“La felicidad es separarse y no tener miedo de no volver a verse, despedirse con un beso rápido en el andén y luego viajar sentada rumbo a la soledad de tu casa, que desde que existe el otro, y desde que se produjo el encuentro, ya no es una condena”, nos confiesa Mónica al poco de salir con Ramón, un tipo del que apenas sabe nada y que, sin embargo, dará un vuelco a su vida.

 

LORENZO SILVA (Madrid, 1966) es uno de los pocos narradores españoles que suscitan el interés del público y el respeto de la crítica. Su obra ha ganado, entre otros, los premios Nadal, Primavera y Planeta.

 

De manera más o menos tangencial, el amor suele aparecer en las novelas de Lorenzo Silva (El ángel oculto, Carta Blanca), pero hacía casi veinte años, desde La flaqueza del bolchevique, que este sentimiento no ocupaba el meollo de la narración. Y es que La flaqueza… y Música para feos resultan primas hermanas. Aparte de la breve extensión, de su carácter madrileño (la primera retrata el Madrid opulento, el de los yuppies que colapsaban el tráfico de la Castellana para acudir a sus despachos en la zona de Azca: nuestro pequeño Manhattan; la segunda, la ciudad quebrada por la crisis, espejo de todo un país, aunque muchos lugares sean los mismos: el Retiro, el Botánico, ya que este “tiene rincones que no parecen de este mundo”) y del narrador en primera persona, ambas se asemejan en su espíritu fresco, singular, al servicio de una rara historia amorosa cuyo desenlace redime a sus protagonistas.

Música para feos está contada por Mónica, una inteligente periodista nacida en los 1980 (exponente de la “generación más preparada”) que malvive debido a un trabajo que detesta. Una noche, en un local nocturno, conoce a Ramón, que media los cuarenta, “con más ayer que mañana”, perspicaz y sensible, de pocas palabras y sin demasiada cultura (algo así como el reverso del parlanchín Bevilacqua). Los dos se hallan incómodos, arrastran dentelladas varias y permanecen varados en un presente del que ya nada esperan. Entretejen sus días, se enamoran, pero Ramón contiene un secreto que Mónica irá desvelando…

De estructura clásica, hábilmente armada con pocos mimbres (gran parte de la trama recae en los diálogos que Ramón y Mónica mantienen por internet, recurso que el autor ya utiliza en El blog del inquisidor) y bien anclada en la actualidad (Steve Jobs, Mad Men, House of Cards), la novela teje una trama donde la música, las veintiuna canciones que suenan a lo largo de la misma, en ocasiones de carácter profético, le sirven para expresar los sentimientos de los personajes (“A veces me cuesta decir lo que siento, y prefiero que alguien lo diga por mí”) y ubicarlos en sus respectivas generaciones. Emocionante historia de amor que sortea prejuicios y diferencias de edad, pues, en palabras de Spinoza, “no debemos reír ni lamentarnos, solo entender”. LORENZO RODRÍGUEZ