Michel Houellebecq, 'Sumisión'

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título Sumisión

autor Michel Houellebecq

traductor Joan Riambau

editorial Anagrama

288 págs. 19,90 €.

 

En la Francia de 2022, la única forma de frenar el ascenso a la presidencia de la extrema derecha consiste en una alianza entre los islamistas moderados y los socialistas, que acaba conduciendo al líder de los primeros al cargo de mayor relevancia política de la República. François, profesor de una Sorbona repentinamente islamizada, como el resto del país, ve antes con curiosidad que perplejidad las transformaciones que lo rodean, preguntándose qué camino espiritual debe tomar.

 

MICHEL HOUELLEBECQ (Isla Reunión, 1958) es el más controvertido y polémico representante de las letras francesas gracias a novelas como Ampliación del campo de batalla, Las partículas elementales, Plataforma o El mapa y el territorio.

 

En Sumisión parece haber una distancia insalvable entre la brillantez de su asunto y el desaseo de su ejecución, entre el marco que sostiene el cuadro y el lienzo. Publicitado como la caída de Francia –un país de hipócritas y colaboracionistas, según el escritor– en las redes políticas-religiosas del islamismo, la   novela habla en el fondo de la connivencia del ser humano, de la facilidad con la que se le compra, de cómo el interés económico y sexual prevalece sobre principios morales y creencias espirituales. Agasajados con sueldos estratosféricos y la promesa feliz de la poligamia, los intelectuales y el profesorado parisino, como antes los socialistas, lejos de ser uncidos aceptan gustosos el fin de la República y el advenimiento de un presidente llamado Mohammed Ben Abbes. Frente a la frase apócrifa de Camus, “entre Francia y mi madre, me quedo con mi madre”, ellos se quedan con el confort. El protagonista, François, el individuo que duda y sopesa qué creencia abrazar cuando a su alrededor se le desvanecen todas las motivaciones afectivas y profesionales, es el arquetipo houellebecquiano: un ser erudito, vacío, confundido, solitario, que busca en el sexo y la gastronomía fogonazos de onanismo que lo aparten por unos instantes de la tristeza y la inercia que rigen sus días. No por ser un modelo reiterado, la composición de François contribuye con menos fuerza a colocar un nuevo ladrillo en el que se antoja el gran proyecto transversal de la obra de Houellebecq: retratar la disolución progresiva del alma masculina a resultas de fomentar y acatar un sistema en el que la economía y el mercantilismo lo despojan con violencia de todo aquello que hace que la vida merezca la pena.

Ahora bien, cuanto el autor teje en torno a François, los mecanismos con los que hace avanzar la trama, se antojan algo desganados, abusando de las reflexiones en torno a la figura de Huysmans, colega al que el protagonista le dedicó su tesis doctoral y del que es una eminencia, y de conversaciones que incurren en reiteraciones y tienden a alargarse. Los mejores momentos de Sumisión nacen quizás de convocar en el mismo párrafo lo tremendamente serio con lo ridículamente baladí, el fin trágico de una era con el apunte sobre la calidad de un paté, lo que trae a la memoria la célebre entrada en el diario de Kafka: “Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde, Escuela de Natación”.

Obvia decir que siempre resulta estimulante dejarse irradiar por la lúcida y corrosiva mente de Houellebecq, solo que, en esta ocasión, el pensador incómodo, el francotirador que ha acabado necesitando guardaespaldas ha optado por sacrificar en exceso al novelista. ANTONIO LOZANO