Alfredo Saldaña, 'Malpaís'

título Malpaís

autor Alfredo Saldaña

editorial La Isla de Siltolá

94 págs. 13 €.

 

En Malpaís, el poeta nos habla del camino, del sendero, del margen; en definitiva, de la necesidad de caminar, porque al igual que la anciana camina hasta el pie de la montaña para morir, los muertos se apartan al margen del camino. Y para caminar es necesario escarbar en la memoria con los útiles del lenguaje. Ese lenguaje que hay que dinamitar, que es el que levanta y sostiene la arquitectura del texto.

 

ALFREDO SALDAÑA (Toledo, 1962) es profesor de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad de Zaragoza; sus investigaciones se centran en la crítica cultural y la literatura comparada.

 

Tras leer Malpaís, uno se queda balbuciendo, y, si bien no sabe qué significa ser poeta, sí sabe que el autor de este libro lo es: Alfredo Saldaña es poeta y de los que no estamos acostumbrados a leer, al menos los que nos dedicamos a estos menesteres de escribir sobre lo que hemos leído. La lectura de estos versos me ha llevado a pensar en Jabès, Steiner, Cirlot, Celan: lo mejor que tiene un libro es que te conduzca a otros, pues uno es lo que ha leído.

Este libro, este pulso al lenguaje, es la culminación de su obra poética, pues constituye una suerte, por así decirlo, de síntesis del universo de Saldaña, donde se encuentra la reflexión sobre la condición humana (“El que avanza sin dejar huella, / el que camina sin contar”) y la metáfora del ser extraño (“Que mi patria sea esa otra que tiene por nombre extranjería”) como forma de estar en este mundo. La poesía de Saldaña es palabra exacta: “Rama del aire, vuelo del ala. // Al atardecer, / en la umbría del bosque, / el viento arrastra entre los árboles / la lengua callada del testigo”.

El lector, ante estos versos de distinta factura y medida, desde el poema breve (tres versos) al poema en prosa, que de todo hay, debe recordar aquello que dijo Lope: “Tú solo el alma de los versos mira”. Pues dice el poeta: “Ahí, / en las noches de invierno, / el frío vuelve sobre sus pasos / y se hace fuerte en la casa”. El alma de estos versos impone su belleza: “Pasar, traspasar. / Dar testimonio de la piedra, / desenterrar la raíz del canto”. Son canto y cuento, pues esto es la poesía en su forma y manera, que decía Machado.

Alto voltaje poético rezuma este amor por el lenguaje: sendero que acoge al poeta. Y, si en estos momentos la poesía es cada vez más audiovisual, más mestiza, no hay que olvidar que la palabra es su epicentro creativo: es necesaria, pues, la complicidad del lector para estos 66 poemas, que tan cercanos están a nosotros y al momento actual de nuestra vidas: “Trabajar a destajo / hasta hacer de este perro mundo / un campo de cenizas”. ENRIQUE VILLAGRASA

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