Soledad Puértolas, 'El fin'

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título El fin

autora Soledad Puértolas

editorial Anagrama

168 págs. 14,90 €.

 

La vida da muchas vueltas y los protagonistas rememoran aquí episodios de su pasado (amores, infidelidades, despertares a la pubertad...) que siguen coleando en su etapa adulta. Hay personajes que han vivido de jóvenes en una nube de fantasía, los hay que han sentido en aquella edad una confianza espontánea en el mundo, y otros que no pueden aceptar que “los enredos de la vida” les desposean de esta mirada pura.

 

SOLEDAD PUÉRTOLAS (Zaragoza, 1947) ha escrito once novelas (entre ellas, Una vida inesperada y La señora Berg), varios libros de cuentos, dos piezas autobiográficas y un ensayo literario, La vida oculta. Premio de las Letras Aragonesas en 2003. Desde 2010 es miembro de la RAE.

 

El arte de la sencillez. Cuando encaramos un nuevo libro de Soledad Puértolas, nos decimos siempre que está labrado con el virtuosismo de la simplicidad. Y no lo lamentamos, al contrario. Nos ocurre como, no hace tanto, con el cine de Rohmer: confiamos en que se mantenga fiel a sí mismo, a una poética donde, pareciendo que no sucede nada, acontece mucho.

En el presente manojo de relatos –trece en total– la autora se refrenda como una aguda auscultadora de los latidos de la existencia. Aquí tiñe el conjunto un vago aire crepuscular, y muchos de los personajes acusan un cierto cansancio vital, renuentes sin embargo a darlo aún todo por perdido. De hecho, en varios de estos cuentos los protagonistas, que ya han dejado atrás la juventud, confrontándose con experiencias punzantes de su pasado, bregan por restituirles algún sentido.

En piezas como La mano en el aire, El caballero oscuro, El dandi o Viejos amigos, los narradores-recordadores constatan que en cualquier existencia se tejen encuentros tan impredecibles como efímeros, y a la vez comprenden que las cosas podrían haber sucedido de otro modo, o no haber sucedido en absoluto. Y relatándolas dan por tanto cuenta doble de su fugacidad y su aleatoriedad.

En todo caso, es muy de notar que, antes de que los personajes de Puértolas crucen al otro lado del espejo, han imaginado sus vidas con temblorosa expectación, “esperando algo especial, esperándolo todo” (Canciones mexicanas). En Las tres Gracias se visualiza muy bien este tránsito: una mujer instalada en una feliz madurez evoca cuando, con 12 años, un tío suyo la despertó a las ambigüedades del sexo, al comentarle en el Prado el célebre triple desnudo de Rubens. Ella ya se ha reinventado como casada y madre, pero aún resuena en su conciencia el atisbo de un lado siniestro en la vida. El último relato, El fin, una joya casi salingeriana, es un estupendo cierre a la colección, el grito de un hijo maduro que se resiste a esa oscuridad, a dar por finiquitados a sus padres. CARLES BARBA