Jean Echenoz, 'Capricho de la reina'

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título Capricho de la reina

autor Jean Echenoz

traductor Javier Albiñana

editorial Anagrama

112 págs. 12,90 €.

 

Las grandes heridas y pequeñas manías del almirante Nelson quedan al descubierto durante una cena de gala. Una descripción del bucólico paisaje que rodea al escritor en un puntual momento creativo. La babilónica tendencia del historiador Heródoto a hinchar sus crónicas. Las reinas y santas pétreas del parque de Luxemburgo. Un ingeniero ve cómo lo que los puentes dan, los puentes quitan…

 

JEAN ECHENOZ (Orange, 1947) es autor de El meridiano de Greenwich, Me voy, Ravel, Correr, Relámpagos, 14… ganador, además, de premios como el Goncourt, el Europa o el Médicis.

 

Hablar de Echenoz en términos de brevedad puede sonar a tautología, especialmente cuando sus maneras miniaturistas vienen de alcanzar un punto de sublimación con su anterior trabajo, 14, donde se las arregló para retratar la Gran Guerra en noventa páginas escasas. Pero, aunque Capricho de la reina no sea una obra “buscada”, en el sentido de que se limita a recopilar piezas cortas (no necesariamente relatos) aparecidas aquí y allá entre 2002 y 2014, y en consecuencia tampoco cabe otorgarle una intención estética demasiado determinada, lo cierto es que en un par de ocasiones nos aboca a la experiencia opuesta: la dilatación del tiempo, su detención incluso en el segundo eterno durante el que el escritor juega con el sentido panorámico para describir sendos muy concretos escenarios.

Frente a esos falsos bosquejos (el que presta título al volumen y Veinte mujeres en el parque de Luxemburgo y en el sentido de las agujas del reloj), más allá de otro divertimento poseído por el espíritu de James Bond (Nitrox), Echenoz se vuelve gozosamente reconocible en el retorno a las dos constantes que vienen marcando su trayectoria: la peculiar cotidianidad de individuos más o menos contemporáneos y la revisión de figuras históricas. El perfil del almirante Nelson a partir de sus cicatrices y amputaciones, más el punto de fuga vegetal que le acaba otorgando, rozan una sencilla, deliciosa genialidad, mientras que su “Heródoto en Babilonia” apenas le va a la zaga, nos hace pensar en una versión más amable y cálida de algunos cuentos de Borges. Por otro lado, Ingeniería civil juega con el recurso del flashback (o, si se quiere, de la narración que se muerde la cola) para representar brillantemente el desencuentro entre las construcciones de los hombres y las arbitrariedades del destino. Y, finalmente, Tres bocadillos en Le Bourget bien podría interpretarse cual versión socarrona y sutil, pero no por ello menos incisiva, de los frescos sociológicos de Michel Houellebecq. MILO J. KRMPOTIC’