Janet Lewis, 'El fantasma de Monsieur Scarron'

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título El fantasma de Monsieur Scarron

autora Janet Lewis

traductor Antonio Iriarte

editorial Reino de Redonda

384 págs. 23 €.

 

En el París de finales del siglo XVII, el encuadernador Jean Larcher mantiene a flote su pequeño negocio con dedicación y siendo escrupuloso cumplidor de la ley y el orden. La petición de su hijo Nicolas de marcharse por un tiempo a recorrer el país perturba la calma familiar. Para sustituirlo en el taller llega Paul Damas, un joven encuadernador con buenas manos para el oficio, pero menos prudente de lo que Larcher cree. Damas ha llegado a la capital como un desclasado sin nada que perder, ávido de emociones. Su contacto con los panfletos perseguidos por el rey y su enamoramiento de la mujer de su patrón le van a traer no pocas complicaciones, que él mismo multiplica.

 

JANET LEWIS (Chicago, 1899-California, 1998) fue fundadora de la revista literaria Gyroscope, novelista y poeta. Entre sus obras destacan La esposa de Martin Guerre y The Trial of Soren Qvist.

 

El término “novela histórica” quizás resulta poco satisfactorio para encasillar este libro de Janet Lewis. Los hechos acontecen en la Francia de finales del siglo XVII y la ambientación es particularmente cuidadosa, pero los asuntos que nos muestra resultan plenamente actuales, o sea, eternos. Una vez más, hay que darle la razón a Joseph Conrad cuando decía que el hombre se cree muy moderno en su época. Vemos cómo, en el París de 1694, los padres se muestran inquietos ante las ansias de emancipación del hijo único que desea ver mundo, o asistimos a las dificultades de jóvenes como Paul para incorporarse al mercado de trabajo o al afán de los reyes por predicar el decoro social mientras juegan al escondite con sus amantes. Cuestiones que se suman a otro tema eterno: la casada insatisfecha con un marido trabajador y honesto, pero anodino y adentrándose en una vejez refunfuñona que ve entrar en su casa a un joven apasionado y de buen ver (y mejor catar). Asuntos muy cotidianos que se inscriben en un círculo mayor: el de una Francia empobrecida bajo el reinado de Luis XIV, blindado por una corte que vive muy bien y desea mantener a toda costa sus privilegios, que la autora describe con precisión e ingenio. El todopoderoso rey se nos muestra como un hombre débil en manos de su amante (y esposa encubierta) Madame de Maintenon. También atraviesa la novela un asunto muy interesante que podemos ver reflejado en nuestra época: la impresión clandestina de libelos, perseguida con especial inquina por el rey. La crítica satírica ha sido siempre agredida con encono, desde el caso de la bomba en la revista satírica El Papus en los años 1970 al reciente atentado a Charlie Hebdo.

La novela tiene un tempo al que no estamos ya acostumbrados: se recrea en los detalles, en los olores, en las imágenes que crea en las páginas, sin que dejen de suceder muchas cosas y la acción no se detenga nunca. Hay en esa manera de narrar minuciosa un placer de obra bien amasada, compacta, sin esos pegotes wikipédicos a los que nos han acostumbrado muchas novelas históricas, donde la información y la acción están unidas burdamente con cola de empapelar. Aquí es la propia acción, los objetos, el trabajo de los impresores, las tabernas, las procesiones, las pensiones mustias… los que impregnan la trama del momento histórico. No es una novela con temáticas nunca vistas ni alardes técnicos sorprendentes, pero es una narración tan bien tejida que resulta un tapiz impecable, resistente al paso de los años y al desgaste de las lecturas, que se lee hoy con el mismo interés que cuando se escribió, hace más de cincuenta años. ANTONIO ITURBE