Darío Vilas, 'El tiempo como enemigo'

Hits: 1608

título El tiempo como enemigo

autor Darío Vilas

editorial Base

168 págs. 15,90 €.

 

Dos años después de la desaparición de su pareja, Carlos da el salto entre Madrid y Vigo llevado por un SMS de origen desconocido, una corazonada y un negocio a medio camino entre la estética y el narcotráfico. El último ingrediente de una mezcla ciertamente turbulenta será (Almu)Dena, su casera, quien también dejó otra vida atrás, aunque en circunstancias bastante más dramáticas.

 

DARÍO VILAS (Vigo, 1979) obtuvo el premio Nocte a la mejor novela de terror española de 2013 con El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas. También es autor de Instinto de superviviente y Lantana: donde nace el instinto.

 

Nada falla de manera evidente, o por lo menos objetiva, en esta última novela del vigués Darío Vilas. Redactada con solvencia y un gesto lírico no siempre tan sugerente como se quiere pero que tampoco se entromete en la narración, es dueña de atmósferas adecuadamente opresivas y comienza enlazando con acierto esos dos ámbitos que la tradición tiende a percibir a modo de dicotomía: el realista y el sobrenatural. Quien esto firma, no obstante, fue percibiendo a lo largo de la lectura diversos chirridos procedentes del engranaje de la obra, y tales momentos de incomodidad ajena a la voluntad del autor se desataron con una resolución previsible de su línea principal, a la vez que no pocas de las secundarias acababan revelándose más anecdóticas que estructurales.

La pega de mayor calado se hallaría en la construcción del personaje femenino, de dramatismo hinchado y escasa credibilidad, siempre sufriente a la que se lo compara con el tono sencillo y natural de los caracteres masculinos y, en especial, de la relación de amistad que los une. Algo más allá, la trama del SMS podría haber funcionado como McGuffin, pero Vilas renuncia a ella cuando deja de interesarle y, lo mismo que la del demoniaco personaje surgido del folclore cubano, se ven despojadas de cualquier peso específico hasta ese fallido capítulo más o menos final donde una voz de ultratumba intenta ligarlo todo porque así le conviene a su creador.

No por mucho abandonar el andamiaje del mundo físico puede un relato renunciar a sus pequeñas articulaciones de lógica interna. Puesto que en tal apartado cada cual sitúa el listón a la altura que le parece, estas pegas podrán antojarse menores o, incluso, inexistentes. Servidor, en cambio, considera que el fantástico bien admitirá sus puntos de fuga pero requiere, de hecho, una mayor rigurosidad en sus planteamientos que su primo de pies en el suelo. Y mi lectura de El tiempo como enemigo fue tropezando en distintas piedras camino de un cajón de sastre donde las necesidades e intereses particulares del autor en su faceta de arquitecto primaron sobre las de la historia misma. MILO J. KRMPOTIC’