El misterio mediterráneo de Alejandro Pedregosa

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texto SANTIAGO BIRADO

El Hotel Mediterráneo, pese a su nombre anodino, es un establecimiento nada común. Da cobijo a mujeres en peligro de muerte. Nada es corriente en ese hotel, tampoco su restaurante, en el que por las noches un joven músico interpreta canciones de Joan Manuel Serrat. La placidez se quiebra con la llegada de alguien que arrastra dolor, pero también una larga sombra.

 

Plantea en la trama un asunto peliaguado: hemos de proteger a las víctimas… ¿pero que alguien sea víctima garantiza que esté del lado bueno de las cosas?

No. Una víctima es alguien que sufre el azote de la violencia, ni más ni menos. No pretendo juzgar. Ahora bien, una sociedad que quiera llamarse digna y democrática debe estar en “el lado bueno de las cosas”, es decir, debe proteger a las personas que sufren la violencia en cualquiera de sus formas.

Constantemente los protagonistas han de elegir entre lo cómodo y lo correcto… ¿No deberían ser la misma cosa?

Ay, ojalá. Sin duda, en un mundo sensato tendría que ser así, pero desgraciadamente vivimos en una sociedad donde lo más cómodo es la inacción y dejar que las cosas sigan su curso (aunque sean injustas). Lo correcto (desde una ética humanista al menos) requiere siempre cierto esfuerzo, esto ocurre porque en buena medida la realidad no está diseñada al servicio del ser humano, sino del beneficio económico.

El protagonista es pianista y las canciones de Serrat tienen una presencia atmosférica importante. ¿Qué lugar ocupa la música en su educación sentimental?

Un lugar importantísimo. La música, el deporte y la literatura, esos fueron los tres ejes alrededor de los cuales se me fue levantando la personalidad. De hecho, primero quise ser futbolista, luego cantante y, al final, me tuve que conformar con ser escritor. Las canciones me explicaron el mundo y a ellas les debo mi forma de mirar la realidad

Hay actualmente un interesante retorno de la poesía a la música y viceversa. ¿Qué tal le suena?

Me parece bien, siempre que redunde en beneficio de ambas artes. En un panorama lleno de “triunfitos” y melodías banales, todo lo que la poesía pueda hacer por dignificar la música popular no está de más.

Se publican en España miles de libros cada año… ¿Qué cree que puede aportar esta novela a ese alud?

Poca cosa (o mucha, según se mire). El éxito de un escritor no está tanto en las ventas como en la remota posibilidad de que algún pasaje de su novela, algún personaje, se quede a vivir un tiempo en la memoria de los lectores. Ese es el triunfo. Creo, sinceramente, que Hotel Mediterráneo puede aportar algo en ese sentido. La manera en que está narrado y sus personajes tal vez puedan apegarse a los lectores en medio de esta vorágine editorial.

En una vida tan breve como la nuestra, escribir equivale a invertir en eso una parte crucial del valioso tiempo que nos queda. ¿Vale la pena seguir escribiendo?

Es una pregunta que me hago a menudo y siempre acabo contestando afirmativamente. Escribir es una forma silenciosa de existir, por eso a veces, en un mundo dominado por el ruido, puede parecer inútil, pero no. Escribir es hacer para uno y para los demás. No es tiempo perdido.