Barcelona, una biografía

Hits: 6229

 

texto ANTONIO ITURBE

El historiador y periodista Enric Calpena ha decidido tomar su ciudad como si fuera un ser vivo y trazar su vida desde veinte siglos atrás hasta la actualidad en Barcelona (publicado en castellano por Destino y en catalán por Edicions 62). Con talante optimista, el autor se pasea por los momentos álgidos de la capital catalana, desde sus modestos inicios a ser una ciudad que recibe siete millones y medio de visitantes al año. Calpena señala que “uno de los motivos de este esplendor se debe al hecho de que Barcelona carece de uniformidad. Existen tantos ambientes diferentes que es prácticamente imposible no encontrar al menos uno del propio agrado y, al mismo tiempo, no apreciar esta miscelánea. A fin de cuentas, Barcelona es una ciudad pequeña, pero en pocos kilómetros cuadrados condensa una gran variedad de ambientes y permite experimentar una misma vivencia, como, por ejemplo, la salida del sol, de maneras muy diferentes. Cuando el día empieza a despuntar, las parejas felices y los borrachos infelices pisan la arena fría de la playa del Bogatell y la ciudad, cargada de olor a salitre y acunada por el rumor de las olas, se abre al mar. En Pedralbes, por el contrario, rodeados de viviendas de lujo, los perros ladran y los pasos retumban en las calles. En Gràcia, los noctámbulos sentados en los bancos de la plaza de la Revolución fuman el último cigarrillo mientras observan los pasos apresurados de la gente que se dirige al trabajo. Y las calles rectilíneas del Eixample son testigos del ruidoso y ajetreado ir y venir de las furgonetas de reparto entre los edificios modernistas”.

 

Como historiador ya debía saber muchas cosas del devenir de la ciudad. ¿Ha habido alguna que haya descubierto y que le haya sorprendido especialmente?

La historia siempre, siempre, está llena de pequeñas sorpresas. Aparte de las pequeñas anécdotas y de los personajes más o menos desconocidos que he encontrado, que siempre son una delicia, escribir este libro me ha ayudado a ponerme en la piel de los barceloneses del pasado y a entender algunas de las decisiones que tomamos y que, vistas a tanta distancia, podían parecer incomprensibles. Por ejemplo, después de la razia de Almanzor, en 985, que deja la ciudad solo con unos 1.500 habitantes, la población se recupera en pocos años, lo que indica que ni la razia fue tan terrible ni murió tanta gente, y que la gente pudo volver a la ciudad y levantar una nueva Barcelona.

¿Cuál diría que ha sido la época de mayor esplendor de la ciudad?

Hay varias. Desde la fundación hasta el siglo III es un buen momento; muchas décadas de la Edad media, sobre todo hasta mediados del siglo XIV, cuando llegan las pestes. Al final del XVII, pocos años antes del estallido de la Guerra de Sucesión. Pero también la época actual donde, a pesar de los problemas, disfrutamos de una vitalidad como en pocos otros momentos de la historia.

Habla de “la ciudad que enamora, que brilla”... ¿no corre el riesgo de la autocomplacencia? ¿Es posible que todo sea tan estupendo en Barcelona?

Claro que no. La Roma imperial también brillaba y sin embargo estaba llena de injusticias y contradicciones. Y también el Londres o el París del XIX, y ya sabemos por Dickens o por Hugo cómo eran esas ciudades. Barcelona es una ciudad que fascina, pero eso no quita que esté llena de problemas. Quizás lo más interesante como barceloneses es que precisamente es una ciudad donde sus habitantes no se resignan a que el lugar donde viven no se transforme positivamente cada día un poco más.