La tercera España

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texto ANTONIO ITURBE

Jesús Ulled ha sido propietario de una empresa de comunicación con su propio nombre y editor de revistas como Clío o Qué Leer, además de tener una vinculación profesional y familiar con la revista Fotogramas. Un arquetipo de empresario de la comunicación catalán de modales suaves, culto y perfectamente integrado en el tejido de las familias influyentes de Barcelona. Sin embargo, un dato de su currículum llama la atención: nació en Río de Janeiro. La respuesta a por qué un catalán nace en Brasil está en las páginas de Final de travesía (Destino). El protagonista de este relato, basado en hechos reales, es Antonio Altemir, un trasunto de su padre, al que vemos al inicio de la historia llegar en un barco de pasajeros a Buenos Aires en 1937.

Las páginas del libro van desgranando su peripecia de los años anteriores, en una España convulsa que se rompe definitivamente con la Guerra Civil. Las insurrecciones de 1909 en Barcelona, alentadas por la guerra del Rif, marcan el inicio de las agitaciones que va a vivir Antonio Altemir, que a los 17 años sufre su primera detención por escribir un artículo a favor de Ferrer i Guardia, fundador de la Escuela Moderna y fusilado en un país que siempre ha descabezado a sus mejores cabezas. A partir de ahí, también tendrá sus problemas con la dictadura de Primo de Rivera y, finalmente, encontrará en Alejandro Lerroux y su Partido Radical (que no lo era tanto) una vía para que lo aleja del periodismo y lo lleva a la política. Con el polarizado estallido de la Guerra Civil, su talante moderado lo sitúa en el punto de mira de anarquistas y milicianos de la extrema izquierda, pero su contribución al gobierno de la República hace que esté a punto de ser fusilado por el bando de Franco. Pasa a formar parte de esa tercera España que fue silenciada por el grito de los que quemaban iglesias y de los que fusilaban a demócratas, alguien que ya no tiene un lugar al que aferrarse y que ha de marcharse a América con un equipaje de profunda tristeza.

 

Aunque con formato de novela, es un libro de rememoración de la vida de su padre. Recordar es imaginar. ¿Hay mucha ensoñación en este relato?

Yo diría que un cincuenta por ciento del libro es fruto de la imaginación. El resto es historia. Todo lo que le sucede al personaje, salvo sus peripecias sentimentales, le sucedió a mi padre. Todos los personajes que transitan por el libro, unos muy importantes y otros simples secundarios, existieron en realidad y el protagonista del libro tuvo contacto con ellos en mayor o menor grado. Me gusta el término sajón de “non fiction novel” porque creo que describe bien lo que es este libro. Yo nunca pensé en construir una biografía, entre otros motivos porque no disponía de suficiente información, pero me sentía deudor de los folios que había dejado mi padre, que explicaban bastante de su andadura política pero muy poco de su vida personal.

Antonio regresa de París para ponerse al servicio de las tropas rebeldes de Franco y se salva in extremis de que lo fusilen… ¿Cómo llega a la ingenuidad de creer que alguien a quien Primo de Rivera mete preventivamente en la cárcel por izquierdoso y que ha estado con Lerroux vaya a ser bien recibido?

Aunque es un matiz, no se puso a las órdenes de las tropas rebeldes, simplemente se presentó como cargo del gobierno que era. Creyó ingenuamente, como muchos en aquellos momentos, que se trataba de un movimiento destinado a restablecer los principios de la República. Evidentemente, se le cayó la venda de los ojos a las pocas horas de llegar a Burgos.

Además del retrato de la Barcelona del primer tercio del siglo XX, hay un retrato de la profesión periodística. Ahora parece imposible ese tipo de periodista tan polivalente capaz de tener la confianza de Companys y de Raquel Meyer… ¿Ha querido rendir homenaje también a una profesión que ahora está en entredicho?

Yo creo que lo que está claramente en entredicho es la profesión de editor de prensa, sea impresa o audiovisual. La evidente cohabitación interesada de los grandes medios con las tendencias políticas de uno u otro signo, y especialmente con las que ostentan el poder, hace que los profesionales que trabajan en ellos vean como su propia empresa yugula su capacidad de informar libremente.

Se ve en el libro que, en esa época, los periodistas tenían calle. ¿Google ha acabado con el periodismo de contacto y roce con la realidad?

Creo que Google puede ser una herramienta utilísima para obtener información de soporte, pero la apreciación directa de los hechos es lo que da valor a la información y categoría profesional al informador.

El relato de la llegada de Companys a la alcaldía de Barcelona y la proclamación de Macià de la República Catalana son muy vividos. ¿Son imaginaciones mías o hay bastantes similitudes de puesta en escena con la situación actual en Cataluña?

Es evidente que estas dos iniciativas presentan una similitud muy clara con lo que está sucediendo en Catalunya sin necesidad de entrar en otro tipo de consideraciones: las dos toparon con la oposición frontal del Gobierno de la nación. La de Maciá se resolvió por la vía del pacto, la de Companys por la de la fuerza. Lo que pase con la actual está por ver, aunque los indicios apuntan al pesimismo.

Unamuno ya cuenta en París a Antonio el carrusel de la corrupción de las gasolineras y las tabacaleras…

Aunque el protagonista del libro tuvo ocasión de tratar en algún momento de su vida con Unamuno, el encuentro en París está totalmente inventado, si bien toda la información que contiene, las palabras que he puesto en boca de don Miguel, sus costumbres y amistades, son rigurosamente ciertos.

¿Veremos una segunda parte con Altemir abriéndose paso en América?

No. Entre otros motivos, porque esa posible segunda parte estaría teñida de la tristeza de la frustración de quien ha visto cómo todos sus esfuerzos para conseguir un mundo mejor se han ido al traste.

 

Uno se pasa dos tercios de la vida escapando de la sombra de los padres, pero hay un momento en que parece que uno quiere regresar. ¿Qué ha encontrado sobre la figura de su padre que no sabía antes de ordenar todo el relato de su vida?

En realidad no he descubierto nada que no supiese con mayor o menor certeza. Pero puedo decir que situarlo en los escenarios de cada momento de su vida y relacionarlo con los personajes a los que él realmente conoció y trató ha sido una experiencia muy especial. De alguna manera me parecía estar viéndole desde otra dimensión. Ahora bien, lo que sí es cierto es que he llegado a la conclusión de que, absurdamente, no solemos pedir a nuestros padres que nos hablen de su vida ni les hablamos a nuestros hijos de la nuestra. Por sencillas que sean en apariencia, no lo son para ellos.

Ahora se entiende mejor su dedicación a la comunicación y la edición de revistas. ¿Nunca se le pasó por la cabeza lanzarse al periodismo de batalla?

La verdad es que no. Cuando empecé tampoco había periodismo de batalla. La censura expandía la paz más idílica por las páginas de los periódicos.

Sumando la experiencia de su padre y la suya tiene la visión de cien años de evolución de la comunicación. ¿El momento actual es una debacle, como dicen los pesimistas, o una oportunidad, como dicen los optimistas?

Más que una debacle, creo que el momento actual es de cambio radical. Ciertamente la crisis ha sido muy dura con los medios de comunicación. Todos han sufrido una reducción radical de sus ingresos publicitarios y la prensa, además, ha visto disminuir las ventas de manera sustancial. Pero lo importante es saber reinventarse ante los desafíos de las nuevas tecnologías. La información es imprescindible para la sociedad y la comunicación es la manera de hacérsela llegar. Hasta ahora, la comunicación ha sido una actividad empresarial más o menos lucrativa. Pero con la actual accesibilidad gratuita de buena parte de la información, lo difícil, a mi modo de ver, es hacer empresarialmente rentable la información. Es decir, convencer al público de que siga pagando por ella, sea cual sea el soporte que se la proporcione.