Leire Quintana, de ejecutiva de éxito a monja de clausura

Hits: 44860

 

texto ANTONIO ITURBE  foto NATALIA NOGUERA

Leire Quintana relata sus cuatro años de monasterio en ‘Una canción inesperada’ (Maeva).

Leire Quintana era una ejecutiva de éxito que a los 37 años vio que en su vida había mucho ruido y pocas nueces. En medio de su confusión y no saber cuál era su lugar en el mundo, decidió dejarlo todo e ingresar en un convento de clausura. Los cuatro años que pasó allí los cuenta en Una canción inesperada (Maeva). Actualmente, trabaja para la Fundación Mary Ward, especializada en colaborar con mujeres y niños con dificultades económicas en países en vías de desarrollo.

 

En la introducción de su libro habla de su marcha al monasterio como un anhelo de silencio y de mirar hacia adentro, pero no nombra la palabra Dios, como si fueran cosas que van más allá del dogma católico…

Ya antes de entrar en el monasterio practicaba budismo zen. Yo puedo reconocer también en un monasterio budista la sabiduría genuina y transformadora, la apertura de mente.

Estaba saturada por el ruido de la vida cotidiana, ¿Por qué no eligió irse como un eremita a la soledad de la montaña?

No tenía la motivación del eremita. Elegí la vida comunitaria. El silencio hay que entenderlo como una parte de las relaciones personales. No deseaba tanto evadirme como abrir el corazón y vivir de otra manera. El test son los demás. Yo me sentía en conflicto, aferrada a mi verdad, hasta que no abrí el corazón y llegué a experimentar que las otras personas son igual de humanas que yo, que su verdad es tan legítima como la mía. La verdad está en abrirte al otro

Explica que al llegar, el shock es fuerte.

Es un shock total. Duermes en una celda. No es un tránsito fácil desde ningún punto de vista. Por ejemplo, de buenas a primeras pierdes tu imagen física, dejas de tener tu estilo personal, dejas de tener tu rol profesional, pierdes tu rol social: son pequeñas cosas que afectan mucho. Después te das cuenta de que lo que has perdido es nada y que te encuentras muy bien.

¿Cuál es la diferencia entre vivir en la sociedad de fuera respecto a la de dentro del monasterio?

En la sociedad actuamos en función de las expectativas y eso no despierta lo más genuino de ti, que está en tu interior. En el monasterio haces un tránsito a la inversa, de fuera hacia dentro. Nadie espera nada especialmente de ti. Al perder tus roles anteriores, tienes la oportunidad de volver a empezar desde la espontaneidad.

Pasar de ser socia de su propia empresa a un lugar tan austero y cerrado en sí mismo… ¿no echaba cosas de menos?

Acabé viendo que en el monasterio está todo. Te das cuenta de que no necesitas estar rodeado de doscientas personas.

¿De qué hablan las monjas?

Ahora estarán hablando de los refugiados. También hay sentido del humor.

¿Y se puede discrepar de la jerarquía eclesiástica?

Hay diversidad de opiniones y de miradas. No hay una única voz. Algunas creen que las mujeres deberían ser sacerdotes, otras ni se plantean ese debate. Pero desde luego puede darse esa controversia y desde luego que hay críticas.

Habla en el libro de manera muy positiva del ambiente y de su propia situación en el monasterio. Pero, tras dos años de noviciado, cuando han pasado cuatro desde su entrada y ya estaba perfectamente adaptada, decide marcharse. ¿Por qué?

Es una percepción que tengo en un momento dado. Reconozco en un instante que lo que vine a buscar al monasterio ya lo he encontrado. Y en ese momento deseo volver.

Sale de un mundo con sus reglas, pero protegido, a una jungla. ¿La adaptación a la inversa fue difícil?

Cuando salí resultó muy fácil. Tenía la intuición de que iba a ir bien. Claro, debía encontrar trabajo, ubicarme. Y fue muy bien. Encontré trabajo en una fundación y hago una tarea que me motiva mucho. Ahora sé por qué hago las cosas.

Habla mucho del amor, pero también dice que “el amor no puedo explicarlo”…

El amor es lo que es. El amor es lo que sostiene todo lo demás.