“La mentalidad masculina no ha cambiado tanto como sería deseable”

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texto y foto ANTONIO ITURBE

Jon Bilbao publica el inquietante libro de relatos ‘Estrómboli’ (Impedimenta)

Estudió ingeniería de minas y llegó a trabajar en temas relacionados con la energía, pero descubrió que no era lo suyo. Sin embargo, hay en los relatos de Estrómboli (Impedimenta) mucho de subterráneo, incluso cierto aire claustrofóbico aun en los espacios más abiertos: “He de reconocer que los ambientes cerrados me fascinan. Ser de Ribadesella, y vecino de las cuevas de Tito Bustillo, marca. Quizá te contagias de ese ambiente cavernoso”. Un libro que nos produce desasosiego porque nos muestra a personajes absolutamente normales que, dando solo un paso más allá, se sitúan en el borde del precipicio o directamente se despeñan por él. Resulta inquietante porque uno mismo podría ser cualquiera de esos personajes que ven resquebrajarse en un instante ese espejismo al que llamamos normalidad.

En estos cuentos, a los personajes no les acaba de ir del todo bien: parejas que se rompen, padres que buscan un oro que se convierte en pérdida, gente que ha de aceptar retos televisivos infames para salir adelante… ¿la felicidad es un mal material literario?

En libros anteriores he escrito sobre personajes que son felices y no se dan cuenta. La felicidad no es buen material para la Literatura porque, si estás bien y eres feliz, lo que quieres hacer es seguir como estás. La literatura surge con el conflicto, cuando se busca la felicidad, o cuando se pierde y se lucha por recuperarla. La persecución de la felicidad también puede generar mucha tensión y, si uno no es capaz de liberarla, llega a corromper eso por lo que tanto has luchado.

También es una novela donde vemos a varios hombres sometidos a la dictadura de los tópicos de la masculinidad. Uno de tus personajes, por defender las bragas de su chica en la lavandería (pesca a un motero metiendo las narices con fruición), acaba complicándolo todo…

Intento redescubrir el concepto de masculinidad. Si él hubiera sabido afrontar el conflicto con sentido del humor, habría quedado en anécdota. A veces, el estereotipo de masculinidad puede resultar trágico.

¿Pesan todavía los arquetipos de cierta ficción literaria o cinematográfica, al estilo del vaquero de John Wayne o el tipo duro a lo Harry el Sucio?

Lo que hacen esos estereotipos es empeorar aún más las cosas. Hemos de ser conscientes de que, pese a algunos avances en materia de igualdad, la mentalidad masculina no ha cambiado tanto como sería deseable.

Relatas las cosas con un realismo que incomoda, porque parece muy verdadero. Ese conserje con el que se para a charlar uno de tus personajes, y que lo va llevando sin darse cuenta muy poco a poco al lado oscuro con sus pequeños encargos que van a más… ¡uno cree haber conocido a alguien así alguna vez!

Es verdad que hay elementos tomados de la propia experiencia y de la realidad. Por ejemplo, ese conserje tan hábilmente manipulador. Yo conocí a un conserje mafioso y planteo al personaje sin intención mitificadora ni desmitificadora: era así.

Y el personaje de tu historia acaba tomando un mal camino…

Quería mostrar a personas normales enfrentadas a situaciones que no son normales. O no del todo. Ese personaje, efectivamente, acaba tomando decisiones erróneas. Quiero incomodar al lector, que se plantee qué haría él en esa situación.

¿Y por qué has elegido para varios de los relatos Estados Unidos como escenario?

La idea era que todo resultara muy familiar sin serlo. Es como un decorado mal hecho.

Este libro de cierto hiperrealismo rompe con otras obras tuyas anteriores…

Prefiero fracasar en la innovación que triunfar en la repetición. Ahora voy a probar también con la novela gráfica en un proyecto de la editorial Astiberri.

¿En este país se puede vivir de la literatura?

Sobrevives de la literatura. También traduzco. Has triunfado cuando las tardes de domingo no te producen angustia. Yo ahora trabajo más horas al día que cuando estaba en Repsol.