“En cuestión de sexo, la literatura va por detrás de la realidad”

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texto SANTIAGO BIRADO foto ASÍS AYERBE

Entrevistamos a L.S. Hilton, autora del candente thriller ‘Maestra’ (Roca).

Usted podría haber tenido una carrera académica, un despacho compartido en una facultad de Letras, incluso haber aparecido en la revista anual de la universidad… pero parece haber tomado otro camino.

Es cierto, podría haber llevado esa vida. Pero no me veo a mí misma un año tras otro dando clases encerrada en el mismo lugar.

¿Este libro es un pasaporte a otra vida?

Mis libros anteriores recibieron poca atención y no demasiadas ventas. Pero Maestra es una historia que escribí para mí misma, no me imaginé que eso iba a suponer un gran cambio. Lo hice para mi disfrute personal. No veo necesariamente una contradicción entre los dos mundos. Lo que encuentro interesante es cómo uno nutre al otro. Está muy bien escribir de manera académica sobre historia o arte, pero para mí era muy tentador poder escribir de una manera más accesible. La gente, cuando escribe de manera académica, a veces se pone muy pretenciosa. Yo, con esta novela, no he tenido otra pretensión que disfrutar haciéndola.

Umberto Eco, acostumbrado a escribir libros de referencia sobre comunicación y semiótica, un día decidió demostrar que escribir una novela era fácil e hizo El nombre de la rosa. ¿Ha querido usted mostrar que escribir una novela de éxito no es tan complicado?

¡No quiero compararme con Umberto Eco, él era un gran intelectual! Yo no he escrito mi novela para demostrar que podía hacerlo. Pero sí es interesante señalar que el caso de El nombre de la rosa fue un éxito comercial a la vez que académico, porque era un libro sobre la transmisión del conocimiento. Mi novela no quiere ir tan lejos, me conformo con que sea entretenida. Pero no creo que una obra comercial haya de ser mala. De hecho, El nombre de la rosa se vendió mucho y era una excelente novela.

Maestra muestra personajes superficiales, un mundo de dinero y apariencias. Y usted misma señala que solo es una novela entretenida ¿Por qué se ha ido a jugar el partido en el extremo de la frivolidad?

No me tomo tan en serio a mí misma.

Pero, cuando se escarba entre líneas, bajo la capa de risas y glamour, hay un poso amargo. ¿No quiere usted aparentar ser más frívola de lo que en realidad es?

Sí que me gustaría que la novela pudiera leerse a diferentes niveles. Alguna gente se quedará simplemente con la historia entretenida, el glamour, la moda… Pero hay un nivel interno de seriedad sobe la ambigüedad moral y la percepción, que son cosas que me interesan en mi vertiente académica.

Casi de tapadillo, se cuelan unas referencias clásicas de la literatura…

Judith está con Stevens y Carlotta y ella hacen referencias a libros que ha leído: Edgar Allan Poe y De ratones y hombres de John Steinbeck. Nadie entiende de qué está hablando. Es un momento clave porque ella se da cuenta de que las cosas que para ella eran importantes no tienen ningún valor en ese universo en el que se encuentra. Y empieza a cambiar las referencias porque no tiene sentido hablar ya de cultura. Es una parte pequeña del libro, pero da la clave del personaje

La literatura se convierte en un estorbo en ciertos ambientes…

Sucede lo mismo respecto al arte. Ella ha estudiado a los clásicos de la pintura, pero, en el mundo en el que se mueve, el arte es un negocio. De nuevo, cambia la percepción de lo que es valioso: la importancia de la obra o su precio. Steve es un personaje que colecciona arte pero tiene poco conocimiento, lo que le interesa es alardear del dinero, y ella tiene que dejar de un lado el papel de experta para adaptarse a una atmósfera más banal.

Una banalidad que lleva al asesinato. Cuesta entender esa alteración de valores. ¿No es inquietante que poder bajar de un yate en Portofino y tomarse un cóctel justifique matar?

Ella mata primero por accidente, luego por ambición, y luego sigue por la necesidad de protegerse de las consecuencias de lo que ha hecho. Judith no está especialmente interesada en el dinero, sino en vivir la vida que ella quiere vivir y sentirse libre. Se da cuenta también al analizar la vida de Stevens como corredor de Bolsa con millones de ganancias. Lo importante no es el dinero, es el juego. Ella se convierte en una jugadora y saca partido de las circunstancias.

Un juego que lleva hasta matar…

Es un personaje que se justifica al margen de la moralidad. Se trata de que te guste el juego que juega Judith, no de que te guste ella. Es el caso de Tom Ripley, un asesino y un mal tipo, pero tiene su propia lógica. Y ella, al final, se sale con la suya.

Carlotta sería ese modelo. Al quedarse embarazada se ve forzada a perder el hijo, pero está feliz porque a cambio ha conseguido un apartamento monísimo en la zona más chic de la ciudad. ¿No es un mundo nefasto?

Por un lado, Carlotta es una persona despreciable, pero por otro es muy honesta. El único dios al que Carlotta venera es el lujo. Ella es extremadamente pragmática y muy clara sobre lo que quiere. El tema del aborto por comodidad escandaliza, pero es algo que sucede. Hay círculos donde el bienestar económico pasa por delante de todo lo demás. Las cosas funcionan así. Si vas a Saint-Tropez, a Ibiza y a muchos otros sitios de Europa, puedes ver a tipos cincuentones con mucho dinero en su barco y cómo las chicas se mueven alrededor suyo para ser invitadas. No es deseable, no es agradable… pero es real.

 

¿Le ha enseñado algo sobre las clases ricas su investigación sobre Nancy Mitford?

¡Desde luego! Nancy Mitford es una autora que no se ha valorado lo suficiente. Habla de adulterio, de una niña forzada que se acaba casando con su violador… pero lo describe de una manera tan espontánea y tan cómica, tiene un ritmo tan trepidante, que al final esos temas tan oscuros quedan camuflados y disipados. Sucede algo parecido en Orgullo y prejuicio. La señora Bennet sufre una presión oprimente para casar a cinco hijas y está condenada socialmente si no lo consigue: tiene cinco chicas al borde de un precipicio pero utiliza un lenguaje tan irónico, tan brillante y tan bien construido que al final tiene hasta un punto cómico. No me puedo comparar con el genio de Nancy Mitford, pero sí me gustaría tratar de hacer lo que hacía ella: hablar de cosas serias de manera ligera.

Dice en la novela: “La riqueza se mete debajo de tu piel como un veneno”. Su novela está teniendo un éxito fulgurante: vendida a 35 países, derechos vendidos a Hollywood... ¿No teme usted envenenarse?

Es cierto que la cantidad de dinero que este libro ha generado es fuera de lo normal. Yo no vengo de una situación como la de J.K. Rowling, que debía ir a una biblioteca a escribir para ahorrar calefacción, pero tampoco vengo de una familia adinerada, y lo que me hace más feliz es poder pagar las facturas. Lo que pueda venir en un futuro no me he parado a pensarlo.

¿Cree que puede llegar a convertirse en una rica frívola?

Sí que te acostumbras a ciertas cosas horriblemente deprisa. Entras en el avión y vas a girar hacia un lado pero te paras, sonríes y dices: “Eh, voy en business”. Pero le cuento una anécdota: ayer al llegar a este hotel, estuve un buen rato jugando a abrir la puerta con la huella dactilar… ¡Me parecía fascinante! A mí estas cosas me sorprenden. Todavía me queda un largo camino antes de estar del todo corrompida.

¿Por qué hay tanto sexo en la novela?

El sexo no está impuesto a la historia de manera aleatoria, el sexo conforma la historia. Ella es una persona inusual, no tiene mucha empatía con las personas. Para ella, el sexo es una forma de placer.

¿Pero hacía falta contarlo de manera tan explícita?

Estoy sorprendida de que a la gente le sorprenda. Porque, si miras una novela policiaca cualquiera, también hay sexo, simplemente es el hombre, el detective clásico, el que va con muchas mujeres, y a nadie parece sorprenderle. Da la impresión de que lo que llama la atención es que sea una mujer quien disfruta con el sexo sin tener una atadura emocional, simplemente por placer. Creo que vivimos en un mundo plagado de sexo explícito. La literatura va por detrás de la realidad en ese aspecto.

Igual hay que reformular la pregunta: ¿por qué hay poco sexo en la literatura?

Sí hay sexo, pero quizá no está bien descrito.

Es difícil hacerlo. Creo que no le agradó la manera en que se contaba en Cincuenta sombras de Grey.

Es infantilizante, parece que las mujeres solo pueden tener sexo con sacarina. Es como La Cenicienta: una pobre chica virginal que intenta convertir al madurito al que le van los juegos perversos en un marido. Nuestros libros no tienen nada que ver. Compararlos fue cosa de un periodista holgazán que no se tomó la molestia de leerlos.

¿Cansada de tener que lidiar con los periodistas?

En absoluto. Estoy encantada y muy agradecida de que me soliciten entrevistas. Es un placer y un honor.

Los escritores españoles no suelen tener un talante tan positivo a la hora de afrontar la promoción con la prensa…

Aquí me han tratado de manera muy amable. Una periodista del Daily Mail me preguntó con cuántos hombres me había acostado… ¿Se lo puede creer? Si los escritores de su país tuvieran que enfrentarse con periodistas como esos, besarían el suelo por donde pisan los periodistas españoles.