“La derechización extrema de la clase media que se está dando en Alemania es preocupante.”

Hits: 1865

 

texto MILO J. KRMPOTIC'  foto MARIO KRMPOTIC'

Rosa Ribas ha recuperado a la comisaria Cornelia Weber-Tejedor en ‘Si no, lo matamos’ (Grijalbo).

Ya sé que has estado ocupada con Ana Martí, pero… ¿qué te ha llevado a recuperar a Cornelia Weber-Tejedor cinco años después?

La verdad es que llevaba mucho tiempo con ganas de recuperarla y tenía la idea de la cuarta bastante formada en mi cabeza, pero las circunstancias editoriales lo impedían. La serie estaba repartida entre dos editoriales, una de las cuales, Viceversa, desapareció hace ya un par de años. Me preguntaba quién iba a editar la cuarta novela de una serie dos de cuyas novelas están descatalogadas (las he visto de segunda mano por casi doscientos euros, por cierto). Así que os podéis imaginar mi alegría cuando DeBolsillo se interesó por reeditar la serie completa y en Grijalbo me dijeron que a qué estaba esperando para ponerme con la cuarta. No me lo tuvieron que decir dos veces. Ha sido un gratísimo reencuentro con este personaje y todo su entorno.

Cornelia es germano-española en cuanto alemana hija de una mujer gallega, y tú eres hispano-alemana en cuanto llevas muchos años viviendo en Fráncfort. ¿Se pueden encontrar paralelismos en vuestras respectivas trayectorias vitales?

Más incluso que cuando empecé la serie. Este año, en septiembre, llevaré veinticinco años viviendo en Alemania. ¡Bodas de plata! De modo que comparto con ella todo un conocimiento del mundo y también una perspectiva, aunque tenga dos fuentes diferentes, que es la de los que vivimos entre culturas. Ser extranjera –y sé que sigo siendo extranjera– es una condición que ha marcado muchos años de vida y me ha hecho más observadora a la vez que me ha ayudado a relativizar valores culturales, algo que comparto con mi protagonista. Pienso que la experiencia de la “extranjeridad” debería ser parte de la educación de las personas. No me refiero al turismo, que es superficial, sino la vida en otra cultura en inmersión y con los ojos y los oídos bien abiertos.

En este Si no, lo matamos, presentas a la sociedad y policía alemanas viéndoselas con un tipo de crimen, el secuestro exprés, que parecía exclusivo de países más sudamericanos y, sobre todo, más desordenados. ¿De dónde surgió la idea?

Las ideas dan a veces muchos rodeos y generalmente no me acuerdo de cómo llegué a ellas, pero en este caso sí. Fue en una conversación con una profesora alemana. Estábamos hablando de las relaciones entre las enfermedades y las diferentes culturas. Ella comentó que, mientras que los alemanes siempre andan preocupados por sus problemas con la circulación y la tensión, le llamaba la atención que en las culturas románicas parecemos estar más obsesionados por el hígado. De ahí pasamos a las formas de crimen propias de cada país y entonces me planteé qué sucedería si a una ciudad relativamente tranquila como Frankfurt llegara una forma de delito desconocida. ¿Cómo se enfrenta la sociedad a ella? ¿Qué hace la policía? Ese fue el punto de arranque de la novela.

Uno de los compañeros de Cornelia, Sven Juncker, encarna un viejo tic de la policía germana, esa cierta connivencia para con las ideas u organizaciones de extrema derecha (y a la investigación del bombazo de la Oktoberfest de 1980 podemos remitirnos). La terrible pata del nazismo asoma por toda Europa, es evidente, pero… ¿hasta qué punto es detectable en los organismos oficiales alemanes?

Muchas veces se les acusa de ser “ciegos del ojo derecho”, es decir que actúan con más firmeza cuando ven, o creen ver, extremismos de izquierda que de derechas.

A la vez, Alemania está siendo víctima (como buena parte de Europa, claro) de una forma de terrorismo importada de Oriente Próximo. ¿Ves un país más cerrado o asustado tras sucesos como el ataque a hachazos en un tren bávaro?

El auge de la derecha populista, con su discurso xenófobo, azuzando miedos (al empobrecimiento, a la islamización de la sociedad, a la pérdida de la identidad, etc.) habla de un país asustado. También hay que decir que una buena parte de la sociedad alemana es fácil de asustar. Eso es preocupante. La derechización extrema de la clase media que se está dando en Alemania es preocupante.

En otro orden de cosas, ha pasado ya un mes largo desde la polémica de la última Semana Negra de Gijón. ¿Cómo lo llevas? ¿Ha habido alguna repercusión más?

Lo llevo bien. La ausencia de obras escritas por mujeres en cualquiera de las categorías de los premios de la Semana Negra era sangrante. Creo que era necesario que el jurado del Hammett, del que formaba parte, diera su opinión con absoluta libertad y espero que nuestra declaración tenga consecuencias positivas de cara a las próximas ediciones de la Semana. Aunque algunos digan que solo las tendrá, y negativas, para mí porque habrá quien preferirá optar por matar al mensajero, ya que fui yo la portavoz del jurado. Me pregunto, y supongo que siempre me quedará esa duda, qué habría pasado si hubieran leído el acta Miguel Barrero o Ignacio del Valle, los dos hombres que eran también miembros del jurado.

Con el cierre de la trilogía de Ana Martí, que llegará en septiembre, sumarás doce (¡12!) novelas en apenas una década. ¿Eras estajanovista de fábrica o es culpa del clima alemán, que invita más que el de El Prat a quedarse en casa trabajando?

Algo ayuda el clima, pero sobre todo el haber empezado tarde a publicar, el haber tardado mucho en atreverme a dejarlo todo para dedicarme a escribir. Ahora no quiero hacer otra cosa. Así que más que estajanovista soy obsesiva.