“Ahora, cualquiera puede llamarse periodista en internet”

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texto SABINA FRIELDJÜDSSEN foto LINA ALFEGREN

Hanna Lindberg es una periodista sueca de la popular revista Bonnier. En No eres lo que dicen de ti (Roca) nos muestra una Suecia menos luminosa de lo que marcan los tópicos del sueño escandinavo: medios de comunicación en crisis económica y moral, y mafiosos que buscan modelos para sus fiestas desenfrenadas.

Los medios actualmente viven la paradoja de que tienen más audiencia que nunca gracias a sus ediciones online, pero también menos ingresos que nunca.

El modelo de los últimos cien años está dejando de funcionar, está claro. Sin embargo, en mi publicación los ingresos siguen siendo en un noventa por ciento por la edición impresa.

¿Cómo sobrevivirá el periodismo?

¡Si supiera la respuesta me haría rica! Pero creo que una buena historia siempre sobrevivirá a la crisis, a esta y a cualquier crisis.

El redactor jefe de su novela es Carlos, un periodista de la vieja escuela que dice que “tenemos que tomarnos en serio lo que contamos”…

Y despertar la emoción de los lectores.

Carlos es despedido por el director y editor, Lennie. Le parece que se ha quedado obsoleto. Es algo que vemos en España: antes, a los periodistas veteranos se los hacía jefes de redacción o subdirectores; ahora se los despide. ¿En Suecia es igual?

Es bastante parecido. Carlos representa eso. Me resulta desolador ver cómo hay colegas con mucho talento, que han acumulado una experiencia valiosísima y son despedidos. También estoy viendo gente desalentada por la situación que deja el periodismo y trata de cambiar de profesión.

La protagonista, Solveig, cuando es despedida de la revista donde trabaja, se monta su blog en internet.

Así es. Es un fenómeno que se está dando en la profesión. Periodistas muy vocacionales que son despedidos por razones económicas, o que están desencantados con su medio, tratan de crear su espacio en el mundo digital. No es fácil, pero a algunos les va bien.

Los ingresos de Glam caen en picado y Lennie aprovecha sus contactos en el mundo de las modelos y la noche para salir adelante poniendo chicas a disposición de gente adinerada muy turbia. El editor se pasa al lado oscuro, pero usted lo trata con cierta ternura…

No simpatizo con Lennie, pero puedo llegar a entenderlo. Intenta superar los obstáculos y salir adelante. También se arriesga mucho. Digo en la novela que la gente sentía asco por lo que representaba, pero representaba algo: la voluntad de no resignarse ante las dificultades.

En un momento dado, Dan, la persona de la redacción que sube cuando Carlos baja, afirma que “una moral flexible puede ser un recurso”. ¿Es compatible el periodismo con una moral flexible?

Es un asunto complejo. Si tomas riesgos, eso te puede llevar más lejos, para bien y para mal. Estamos viendo que ahora cualquiera puede llamarse periodista en internet: se ha perdido el comprobar las fuentes y el rigor de la información, y eso es un peligro para la profesión. Lo que pasa es que el rigor no puede hacer que permanezcas estático. Has de intentar ser siempre lo más imparcial posible, pero cierta flexibilidad en la mirada con que tratas las cosas puede ser un recurso que te haga profundizar. No es tan sencillo fijar la frontera de lo que es moralmente aceptable en periodismo, es la responsabilidad del profesional la que ha de marcarlo. Cuando hablamos de moral hablamos de normas sociales y hay países, más de los que creemos, en los que la libertad de expresión no se respeta. Ahí, ir en contra de la norma de comportamiento social puede ser un signo de integridad moral.

Usted trabaja actualmente como periodista especializada en gastronomía. En España ha habido una fiebre con el mundo de los súper-chefs… ¿cree que es pertinente que los cocineros estén en la sección de cultura de los diarios?

¿Por qué no? La cocina es una experiencia sensorial extraordinaria. Y se puede relacionar con los viajes, la historia de los países… Mi próxima novela tendrá que ver con ese mundo. Volviendo al tema de la moral, en el periodismo gastronómico hay que ser cuidadosos: antes, cuando le hacías una mala reseña a un restaurante, el dueño protestaba al director; ahora, lo que hacen es invitar al periodista a comer gratis y agasajarlo. Hay que intentar no perder la imparcialidad, es el arma que nos queda para seguir siendo socialmente importantes.