La Transición como cuestión de azar

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texto BEGOÑA PIÑA  foto AINHOA GOMÀ

Pablo Martín Sánchez cuenta el 18 de marzo de 1977 a través de seis personajes en ‘Tuyo es el mañana’ (Acantilado).

“De todos los cafés del mundo, ¡ella entra en el mío!”. Inolvidable frase de Rick Blaine en Casablanca, con la que Michael Curtiz, a través de la inconfundible voz nasal de Humphrey Bogart, hacía un brindis por la casualidad. Azar que, sin embargo, no era tal. Hasta aquella ciudad llegaba gente del mundo entero huyendo de los nazis. Esa misma “casualidad que no es tal” funciona también con Pablo Martín Sánchez y su trilogía por terminar. En El anarquista que se llamaba como yo –una primera novela que le valió un merecido reconocimiento literario–, su propio nombre coincidía con el del personaje principal, el anarquista que en 1924 fue condenado a garrote vil. Ahora, con el segundo libro, Tuyo es el mañana, la sorprendente “coincidencia” es la fecha. El día que nació el escritor, 18 de marzo de 1977, apareció el Real Decreto por el que Suárez convocaba elecciones generales. Aquellos eran, además, los días de las movilizaciones por una amnistía total. Y, en ese contexto de los primeros pasos de la Transición, es donde sitúa a sus seis personajes, con los que hace el dibujo de una historia reciente que sigue salpicando hoy con algunos coletazos.

“Hay que tener suerte”, bromea Pablo Martín Sánchez, que en realidad no ha dejado su trabajo en manos de la casualidad. La primera idea que le animó a lanzarse a esta aventura fue la de la “biografía mínima”: nombre, fecha de nacimiento y lugar (la tercera novela partirá de Reus, donde nació). Lo siguiente no fue el descubrimiento de un azar muy oportuno, sino un trabajo de investigación con el que hizo muchos más descubrimientos. “Con el nombre de Pablo Martín Sánchez también había un surfista, un jugador de golf, un detenido por una infracción de tráfico, y todos ellos a lo mejor eran muy interesantes”. En cuanto al 18 de marzo de 1977, como él mismo escribe en el libro, sucedieron otros importantes acontecimientos: “Ha habido elecciones en la India y disturbios estudiantiles en Turquía. En México se ha disuelto el gobierno de la República Española en el exilio. Han pasado a disposición judicial los presuntos asesinos de los abogados laboralistas de Atocha”. “El azar no hay que esperarlo, hay que forzarlo”, sentencia.

 

Política, pero no ideológica

Tuyo es el mañana es un viaje a aquellos años a través de veinticuatro horas en la vida de seis personajes diferentes. Narrada casi minuto a minuto, la novela es un ejercicio de historias cruzadas en el que Pablo Martín Sánchez se divierte con juegos literarios (muy trabajados), como los de hacer pensar en voz alta a un cuadro o el de convertir en un personaje más a un galgo que, con la ayuda de una niña, escapa del canódromo barcelonés. Con ellos construye un momento que fue definitivo en la vida del país, igual que en el libro anterior recuperaba movimientos clave de la Europa contemporánea.

“No he pensado la trilogía como una crónica, aunque la lectura podría ser esa, pero habrá que esperar a ver cómo es la tercera novela”, reconoce. “Es verdad que con la próxima sigo avanzando en el tiempo. La intención es traerla más hacia el presente. El eje vertebrador será Reus y todo estará ambientado en una época más cercana, aunque también la llevaré hacia el futuro. En Tuyo es el mañana, los ecos son más evidentes”.

Más obvios y con una intención política, aunque esta no se advierta inmediatamente. “No quiero que sea evidente una tesis política, pero, por otro lado, todo acto de creación es político. Así que se podrían defender las dos posturas, la de que es una novela política y la de que no lo es. Creo que la novela, en realidad, es política, pero no ideológica”. Sin embargo, de ella se desprende que hay cierto recelo ante la idea de que España hizo una Transición modélica. Al menos, la radiografía de esos días deja entrever algunas grietas que se abrieron entonces y que seguimos intentando cerrar hoy.

 

Temas no resueltos

Hay en el libro historias de maltrato animal, de acoso escolar, de monjas que roban bebés en los hospitales, de ricos y pobres, de machismo chabacano, de estudiantes comprometidos, de amor, de familia… “Me atraen esas historias y me apetece trabajarlas. Son temas no resueltos, que no están cerrados”, explica el autor, que recuerda al profesor de un amigo que dijo: “Este tema ya lo cerré yo”. “A lo mejor –añade– ahí sí está esa patafísica”. O tal vez la clave sean aquellas palabras de Boris Vian que ahora recuerda Pablo Martín Sánchez: “Pensar en las cosas que pensamos que los demás no piensan”.

Y, para indagar en esos temas, ha creado a sus seis personajes: una niña que vive sola con su madre y que, para no sufrir el acoso de un abusón del colegio, decide hacer pellas y en la aventura ayuda a escapar al galgo; el perro, que pasa del sufrimiento de ver cómo sacrifican a sus compañeros a compartir cariño con la pequeña; una joven estudiante de Periodismo que revela el verdadero sentido del oficio y que empieza una relación con su profesor; el profesor, un exiliado chileno que está más implicado de lo que parece en el devenir de España; un empresario rico y franquista, viudo y dispuesto a impedir que su hija viva sin descendencia, y la esposa muerta de ese hombre, que observa desde un cuadro todos los movimientos de la casa al tiempo que le vienen a la memoria muchos recuerdos. Con ellos convive otra presencia, la de un bebé que se desliza por el útero de su madre y que, antes de que terminen esas veinticuatro horas, nacerá. De él es el mañana.

“He tenido mucho cuidado con ellos, sobre todo para que la novela no se convirtiera en una cosa maniquea”, dice Martín Sánchez, que reconoce tener que estar alerta para que ninguno de sus personajes le caiga del todo mal ni se enamore perdidamente de alguno de ellos, aunque admite que “no siempre es del personaje bueno del que uno se enamora. A veces coges cariño al malo y es peligroso, no hay que empatizar tanto. La literatura no debe ser un ejercicio de simplificación de la realidad”.

 

Setas sin ton ni son

No lo es, desde luego, en su caso, en el que se advierte desde las primeras páginas una meticulosa labor de construcción de la estructura, de creación de personajes, de historias que van encajando unas con otras… Sin parecerse en nada a la construcción narrativa de la anterior El anarquista que se llamaba como yo, sí hay puntos en común entre ambas, especialmente el del riesgo literario. “La idea es concebir mi obra, no quiero sonar petulante, como un continuum, no quiero que mis novelas sean como setas que salen en el bosque sin ton ni son. Quiero que haya ecos; de hecho, los hay. Hay ecos de mi primer libro de relatos, Fricciones, son líneas que se van uniendo y dando un sentido a la obra”.

“La estructura de la novela a veces es la primera idea que se impone de la obra, se impone en una forma abstracta antes que el tema o los temas”, explica el escritor, que reconoce que, desde su primer libro, siempre ha querido cambiar de registro, de tamaño, de personajes. “Por eso digo que esta es una trilogía sui géneris, porque lo que une los tres libros es solo la idea de la biografía mínima. Pero Baroja también hizo trilogías temáticas y cambiaba de personajes”.

“En El anarquista que se llamaba como yo me interesa mostrar un espectro amplio de personajes. Cuando me planteé qué voces quería reflejar, lo primero que pensé es que quería que ese espectro fuera lo más amplio posible. Aquí busqué personajes de sexos, edades, ideologías diferentes… pero además pensé: '¿Por qué no voy más allá?'. Y decidí incluir a un perro y contar con él cómo vivían los perros en esa época. Y el cuerpo me pedía también alguien que solo estuviera mirando, y así salió el cuadro”.

 

Sin miedo a arriesgar

Retos añadidos al de publicar una segunda novela después del éxito de la primera. Martín Sánchez reconoce, sin embargo, que sintió mucha más responsabilidad con la anterior que con esta. “Fue mucho más complicado escribir El anarquista que se llamaba como yo. Ni siquiera había publicado entonces el libro de relatos. Dediqué cuatro años solamente a investigar y escribir, seguro que no recuperaré el dinero invertido entonces. Sentía una presión mayor que ahora, que ya tengo editor, tengo quien se lea mis textos. Aun así, he intentado poner el listón lo más alto posible y no tener miedo a arriesgar. Creo que el éxito de la primera novela me ha influido por oposición y he arriesgado más”.

“En Fricciones, de hecho, ya hacía unas cuantas virguerías muy arriesgadas”, continúa este autor, consciente del “cariño” que le dieron los lectores con la primera novela. “Creo que los libros no se escriben para las mismas personas ni para el mismo número de personas. Y creo que hay que saber para quién estás escribiendo. No puedes saberlo del todo, pero yo al menos me lo pregunto. '¿Le gustará este libro a los que les gustó el anterior? ¿Estará a la altura de sus expectativas?'”.

Y Pablo Martín Sánchez, que siente agradecimiento hacia mucha gente –también, claro, hacia esos lectores que acogieron con los brazos abiertos su anterior novela–, mantiene, sin embargo, que se niega a caer en la “moda” de poner agradecimientos en sus libros: “Es como un acto de resistencia”.

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