“La sexualidad es poética, es hermosa”

 

texto ENRIQUE VILLAGRASA  foto NAVONA

Navona recupera “Sobre la grama” (Navona), el debut lírico, erótico y feminista de Gioconda Belli, hasta ahora inédito en España.

Tras la lectura de Sobre la grama (Navona), de Gioconda Belli (Managua, Nicaragua, 1948), que estaba inédito en España, uno se da cuenta de que está ante una poesía muy personal, intimista y tal vez muy femenina, o demasiado femenina. El lector debe tener en cuenta que este poemario es un retrato certero de su experiencia como mujer, que es el hilo conductor, sin ir más lejos, de todo su obra poética, pues son “las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días / por las que me levanto orgullosa / todas las mañanas / y bendigo mi sexo”. El lenguaje español y la colocación de algunos signos ortográficos como el punto, en unos poemas sí y en otros no, es muy curioso. El lenguaje poético es su arma para bucear en el recuerdo, en su memoria: “Yo soy tu cama / tu suelo, / soy tu guacal / en el que te derramas sin perderte / porque yo amo tu semilla / y la guardo.”

Hay que agradecerle a esta poeta su generosidad, ya que fue capaz de poner en este poemario su mundo y su experiencia vital, lo que significa que podemos, que nos deja entrar en su mundo: me gustan estos impulsos poéticos que atenazan y liberan al sujeto. Un poeta de conciencia femenina, que desafía con sus versos a aquellos que ven a la mujer como objeto sexual, no más: “Sabiéndome mujer y hombre / y apreciando la disimilitud / de nuestros cuerpos”.

Los poemas eróticos (“En la que hicimos el amor con todo el sueño, el olor, / el sudor de la noche salada en nuestros cuerpos”) de este poemario son donde los instintos del cuerpo se expresan con libertad, sin tapujos, pergeñando una feminidad desnuda, llena, donde a la vez recoge su experiencia del hogar, doméstica, y maternal; así como aquel bienestar pequeño-burgués y aquellas limitaciones sociales y clasistas: la convencional imagen de mujer, esposa, madre. Hay que pensar, además, que son poemas adolescentes, llenos de sentimentalismo. Sobre la grama ganó el premio de poesía de la Universidad Nacional de Nicaragua y se publicó en 1972: la poeta tenía entonces 24 años.

Gioconda Belli escribe poesía, novela, memorias, cuentos… y está traducida a más de catorce idiomas y es sumamente conocida en España por los premios recibidos: Generación del 27 (2002) y Ciudad de Melilla (2006), entre otros. Es madre de tres hijas y un hijo, y reside en Managua. Militante del Frente Sandinista.

Su poesía goza de un registro hechizante en cuanto al camino emprendido por el primer yo femenino, búsqueda, hasta encontrarse libre de ataduras y de ideologías: mujer independiente, no sin antes haber pasado por conflictos y contradicciones. Parece que estamos de acuerdo, incluida la nota de la editorial, en que esta poeta es pionera del feminismo latinoamericano: de aquellas mujeres latinoamericanas, de carne y hueso, de nuestros días, en esa lograda lucha entre lo tradicional y lo actual de esa, su cultura: “Sintiendo la necesidad del amor por debajo de las uñas,”.

Y, a la vez que en sus poemas existen ecos de san Juan de la Cruz y del Cantar de los cantares, escribe un poema a la menstruación. O habla del parto, donde existe: “Una angustia animal que me llenó de pánico,” pero quiere “escribir para darle forma al mundo,” y sobre todo rebelarse para no tener que agachar su cabeza ni tener que esconder sus poemas, como aquel al que le pide: “Lléname entera con el semen vital de la palabra”.

Así pues, 59 poemas espléndidos de esta poeta de la evocación, la sugerencia y el ritmo: pilares que bien sabe Belli se levantan sobre los cimientos fraguados de la mirada, la memoria y el lenguaje. Y al final hay un poema en prosa que es de justa y obligada lectura: El recuerdo.

 

Gioconda Belli ha tenido la amabilidad de respondernos a estas preguntas surgidas al hilo de la lectura de este, su primer libro, que no ha perdido ni un ápice de actualidad.

¿Alguien ve poesía en la belleza de la sexualidad?

Yo crecí con una madre que me describió el acto sexual como “el acto de comunicación más profundo entre dos seres humanos”. Para mí, la sexualidad es poética, es hermosa. La voluntad de las religiones de reprimir la sexualidad es la que calificó al cuerpo, especialmente al cuerpo de las mujeres, como pecaminoso. Obviamente, los instintos sexuales son muy primarios, pero tantas prohibiciones pienso que, en vez de sublimar esa fuerza, la vulgarizaron. Pero la sexualidad es el Big Bang de la vida, el principio gestor, ¿cómo no va existir belleza en ello?

La poesía entra en casa y sale a la calle o ¿ni entra ni sale?

Tengo un poema que dice “porque cuando respiro, siento que el mundo todo entra en mí y sale con algo mío”. La poesía es la vivencia de existir pasada por el tamiz de la mente del poeta. Uno toma y da. Es un juego de reflejos.

¿Poesía y denuncia feminista pueden ir de la mano?

El feminismo no es una doctrina o una religión; el feminismo es la reacción de la mujer cuando se percata del lugar que la han forzado a ocupar en el mundo. La rabia que produce la injusticia de la desigualdad, el dolor de ver a otras mujeres asesinadas, asaltadas, maltratadas, abusadas por ser mujeres, todo eso causa que las cuerdas poéticas internas vibren intensamente. La poesía también es empatía, también es solidaridad.

¿De la poesía a los dioses hay un verso?

A mí, la poesía me acerca más a la tierra, a lo palpable y cotidiano. Sobre los dioses prefiero leer a otros.

¿En la literatura es importante la generosidad?

No sé si se puede afirmar tal cosa. Para mí, la literatura es, por naturaleza, empática: no se pueden construir personajes si uno es incapaz del ejercicio de ponerse en el lugar del otro. La poesía, por otro lado, tiene una vocación de darse, de compartir, y funciona en la medida en que se logra esa identificación con el que lee.

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