"Me encanta la palabra sororidad y me encanta lo que representa"

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Alejandro Palomas publica "Un Amor", novela con la que ha conseguido el Premio Nadal

 

 

 

 

 

Texto: ANNA MARÍA IGLESIA

Foto: XAVIER TORRES (Cedida por Destino)

 

Tras Una madre, Un hijo y Un perro, Alejandro Palomas presenta Un amor (Destino), novela con la que ha ganado el Premio Nadal 2018 y en la que el escritor se reencuentra con los personajes de su triología que, con esta última novela, se convierte en una teatralogía. Oficialmente, comenta el autor, con Un amor concluye la historia de Amalia, esa mujer que con setenta años deja a su marido y decide aprender a vivir sola, y de sus tres hijos, sin embargo, añade Palomas, “no suelo hacer mucho caso a lo oficial”. Novela aparte, en poco más de un mes, el escritor y traductor publicará en la Fundación José Manuel Lara su poesía.

 

Has afirmado que tras tus novelas hay un gran trabajo de indagación psicoanalítica.

De la misma manera que los psicólogos y los psicoanalistas necesitan su propia terapia, yo necesito mi terapia psicoanalítica para hacer lo que hago con mis novelas; no podría hacerlo sin el trabajo psicoanalítico que tengo detrás. Utilizo mi propia terapia a la hora de escribir, que no es algo fácil, aunque no lo parezca. Mi objetivo es que el lector no sé dé cuenta de esta dificultad que, sin embargo, describe el proceso de escritura, sobre todo, a la hora de alejarme de lo que escribo y a la hora de desgranar todos los aspectos para ir a lo más complejo de cada uno de los personajes. Yo lo pasó muy mal escribiendo y me desgasto físicamente. Seguramente tú lees esta novela y te parece que es muy fácil, pero no lo es.

Sin embargo, esa indagación psicoanalítica a la que te refieres permanece fuera de la novela, nunca la incorporas explícitamente en el texto.

No lo hago, porque hubiera sido muy fácil, además, no quiero que se vea, porque ese proceso interno mío no lo quiero compartir, yo solamente quiero compartir el resultado. Siempre digo que en una novela lo que más me importa de los personajes es saber en todo momento lo que piensan, hacen y se dicen cuando no están. Esto es para mí lo esencial, porque significa que el lector domina a los personajes, los conoce, aunque no se los describa.

Te han preguntado varias veces cuándo aparecerá el padre, sin embargo, ¿no es desde su ausencia una presencia muy determinante en la trama?

Claro. El padre es el personaje más presente y no sólo en Un amor, sino en todas las otras tres novelas, tanto en Una madre como en Un hijo y en Un perro.  El padre es el único personaje realmente omnipresente y, de hecho, sin padre no habrían existido estas novelas, yo no habría podido trabajar ni las tramas ni los personajes. En efecto, el padre existe, aunque sea desde su ausencia y si no existiera no sólo habría historia, sino que habría tenido que justificarme constantemente por su inexistencia y no hay nada peor que un novelista que se justifique. No hay nada más aburrido que un autor que se justifica.

¿La obra debería hablar por el autor’

Debería, pero hay tantas que no lo hacen. Yo intento ser muy sincero conmigo mismo cuando escribo e intento decirme siempre las verdades, aunque me duelan mucho. Yo he tirado novelas enteras a la basura y no me importa, no siento ninguna querencia al respecto. Me da mucho más miedo lo que pueda pasar con una novela mal hecha si se publica que si la tiro a la basura. Ahora casi todo se puede publicar, sin embargo, en mi caso, sé que las repercusiones personales serían mucho mayores si dejo que esa novela mala, tire hacia adelante que si la quemo. Al contrario, prefiero quemarla, por mucho trabajo que me haya dado.

¿El escritor debe ser el más exigente con su obra?

Yo he sido muy autoexigente desde muy pequeño y esto es algo que me ha torturado bastante. A nivel creativo, ser autoexigente es una aventura muy difícil, sobre todo cuando vas avanzando y vas teniendo “éxito”, porque entonces tu autoexigencia comienza a correr peligro. Siempre tienes que estar blindado ante todo el aire caliente que te rodea y se consciente de que, cuanto más arriba esté, más aire caliente encontrarás a tu alrededor. Por esto digo que es importante blindarse, es importante o estar solo o rodearse de gente muy buena.

En este sentido, no hay que ser complaciente con uno mismo, pero ¿y con los lectores?

Huyo de la complacencia en mi escritura y en mi vida. Yo no tengo nada que ver con el autor que quiere complacer a los lectores a través de los sentimientos más fáciles.

¿Te ha molestado que se te haya etiqueta como un autor de novela sentimental, un autor de “buenos sentimientos”?

Me ha molestado mucho, porque en muchos momentos me han encasillado ahí, pero bueno… la gente te encasilla siempre y muchas veces te denosta, pero tengo muy claro que yo soy un autor y una persona muy poco complaciente y, sobre todo, muy crítico. Puede que no lo parezca a primera vista, porque utilizo muchos colores, pero la base del dibujo es la que es y es una base crítica.

En relación a tus novelas, se ha hablado mucho de la madre, pero pocas veces se ha subrayado que es una mujer que con más de 70 deja el marido y comienza una nueva vida

Curiosamente, esto no me lo ha preguntado nunca nadie y no lo entiendo. No entiendo cómo no se presta atención a este detalle, que es esencial, porque sin esa madre que comienza una nueva vida sin el marido, no hay novela. Dicho esto, hay que matizar: es cierto que ella decide dejar el marido, pero, en realidad, es el marido quien la deja, pues ella espera que él vaya a por ella, que luche por ella, pero él no lo hace. Sin embargo, a pesar de todo, una vez separada, lo primero que sé pregunta es cómo no ha tomado esa decisión cuarenta años antes. “Cómo he perdido yo 40 años de mi vivida sometida a un hombre?” Esta es la pregunta que se hace Amalia y que es la clave de todo.

Esta es la historia de muchas mujeres…

De muchas, de tantísimas, mujeres. Estas novelas son la historia de una mujer que ha vivido sometida y que, de repente, a una edad en la que ya nadie la considera ni mujer, ni madre ni nada, decide que tiene que vivir sola y decide probar cosas. Y esto lo hace cuando ella ya es una mujer invisible, porque si una mujer ya es invisible a los 50, una mujer de 70 no sólo es invisible, sino que también es considerada un estorbo. Las mujeres y también los hombres, aunque, sobre todo, las mujeres mayores, son considerados un estorbo porque tienen achaques, porque son molestos, porque ya no tienen una tarea… En el caso de las mujeres es todavía peor. Siempre digo que ser mujer es muy complejo y, cuando una mujer como Amalia de 70 años acaba en la calle por culpa de un exceso de confianza hacia un hombre que la ha sometido durante años, tiene dos opciones: o ponerse a llorar y regresar a los brazos de ese hombre y atarse a la pata de la cama o decidir vivir.

En un momento de la novela, su hija le dice a Amalia que todavía están a tiempo para cambiar y que la realidad les sorprenda.

Yo siempre he creído que la vida es un eco de nuestras invocaciones y que cuando tu te activas, la vida es reactiva. Cuando esa Amalia, tras quedarse en la calle, mira hacia arriba en lugar de mirar hacia atrás, la vida se pone en marcha. Todos vamos cambiando el mundo con nuestros actos y hay posibilidades para el cambio.

Y ese cambio se produce también porque retratas personajes imperfectos que, como en este caso, buscan “ser mejores”.

Lo que más me gusta de mis personajes son los defectos, porque los construyo desde ahí. Los defectos los hacen humanos. No soporto los personajes “perfectos” tipo mujer guapa, triunfadora, con increíbles relaciones sexuales, conocedora de todo… no me interesan personajes así, porque son cartón piedra. No me interesan las grandes hazañas, me interesan los defectos y es desde ahí que yo intento sacar los porqués de cada personaje. Yo podría haber convertido a Amalia en un cliché, pero hubiera sido demasiado fácil.

Y hablando de clichés, se dice que la familia es el hogar, pero también es el lugar del horror.

Cuando hablamos del universo familiar, hablamos de la luz y de la oscuridad. La familia es un magma en el que hay pequeñas explosiones que, a veces, son sulfuro puro. Me gusta lo infernal, hablar de la familia como pura luz es tan una superficial como hablar de una supuesta perfección familiar. Estoy muy cansando de por ir hablar de “familia desestructurada”, ¿es posible hablar de una familia estructurada? Y, sobre todo, ¿qué es una familia estructurada? Hay que preguntarse a partir de cuáles premisas partimos para decir que algo es estructurado

Familia de clase media, blanca, heterosexual…

En efecto, pero una familia de clase media, blanca y heterosexual no es el equivalente a una familia estructurada. Cuando yo vivía en Estados Unidos se hablaba mucho de este concepto de familia tradicional -blanca, clase media, heterosexual- y nosotros lo hemos retomado, veinte años después, porque aquí vamos con veinte años de retraso con respecto ese infierno, en el cual, sin embargo, nos miramos, en lugar de fijarnos en otros sitios o en otros modelos. La familia es un lazo de sangre, no hay más; no podemos darle apellidos, ni tampoco decorarla con música y color para convertirla en otra cosa. La familia no necesita decorado, porque es un andamio, donde los tornillos están muy poco fijos. La familia requiere, por ello, un trabajo de obrero para ir atornillando los tornillos flojos, conscientes de que siempre será inestable y que si se sujeta es gracias a que hay muchas mentiras. La familia es esto, es una verdad sujetada a muchas mentiras.

Lo fácil sería decir que la familia es el reflejo de la sociedad, pero, pensando en tus novelas, no sé si sería lo más correcto.

Es mucho más fácil lavar la cara de la familia que de la sociedad entera. Además, hay que tener claro que una cosa es la sociedad, entendida como un gran magma, otra cosa es la familia, entendida como micro-créditos que mantienen la economía social. Y hay microcréditos familiares de todo tipo: madre-hija; hermana que se hace cargo de hermanos pequeños por orfandad; mujer que se junta con un hombre de tres hijos y, si bien no quería tener hijos, acaba ejerciendo de madre con los hijos de él; dos hombres o dos mujeres que deciden tener un hijo…. hay muchos tipos de familia y, en la mayoría de los casos, la familia gira en torno a las mujeres

¿Perdura el matriarcado?

Sí, perdura el matriarcado, pero no es reconocido, porque reconocerlo significa dar un poder a la mujer, un poder que no puede limitarse solo al ámbito familiar, sino que debe también implicar el ámbito social. Sin embargo, todavía hoy, interesa preservar la mujer en el mundo familiar sin dejar ir mucho más allá; en otras palabras, todavía hoy a las mujeres no se les da el gran crédito, sino solamente el micro-crédito, principalmente porque, para muchos, resulta muy rentable que la mujer siga ocupándose de la familia.

Pero, algo está cambiando…

No, no creo. Lo que sí están cambiando son las voces. Hay unas voces que están denunciando esta situación de una manera hasta ahora inaudita, con una fuerza y una influencia muy destacable. Y, sobre todo, ahora mismo se está viviendo una sororidad impresionante. Me encanta la palabra sororidad y me encanta lo que representa: un movimiento no sólo de voces, sino de articulaciones. Es un movimiento que llama al cambio, aunque, todavía, seguimos sin traspasar determinados niveles. Las mujeres todavía no han conquistado los puestos de mando y la sociedad sigue manteniendo la mujer en esa franja en la que se la presupone contenta.

Literatura algo puede hacer construyendo imaginarios

Creo que la literatura es una de las vías para cambiar las cosas y la ficción más que la no ficción. Es una percepción personal, puede que me equivoque, pero creo que hay que luchar la ficción, porque mueve montañas.

En unos meses, publicas un libro de poesías en la colección Vandalia de la Fundación José Manuel Lara

Me hace muchísima ilusión, porque lo que más me gusta de todo lo que escribo es mi poesía. 

¿Siempre has escrito poesía, incluso cuando trabajabas en tus novelas?

Nunca he dejado de escribir poesía y el día que la ficción me lleve a dejar la poesía abandonaré la ficción. Mi compromiso es con la poesía, no con la ficción.