En Barcelona siempre se arreglan las mismas calles

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Laura Gomara publica 'Vienen mal dadas' (Roca)

 

 

 

 

Texto: ANNA MARÍA IGLESIA  Foto: GUIOMAR GONZÁLEZ

 

Con Vienen mal dadas (Roca editorial), Laura Gomara, profesora de escritura creativa, se estrena como novelista. Su primer trabajo se mueve entre distintos géneros novelescos, entre la novela policiaca y la llamada novela de la crisis, aunque también tiene elementos de noir e, incluso, pensando en el desarrollo de la protagonista, de novela de formación. Con Barcelona de fondo y ejerciendo casi de protagonista, Vienen mal dadas nos presenta a Ruth, una mujer mileurista que acaba de ser desahuciada y que encuentra en el mundo de la delincuencia una forma de supervivencia. ¿Dónde están los límites cuando se trata de sobrevivir? Esta es la pregunta a la que se enfrenta Ruth y que la autora dirige a sus lectores, entre los cuales, más de uno, se verá reflejado en Ruth, una de las tantas víctimas de la reciente crisis económica.

Antes que nada, me gustaría preguntarte sobre cómo definirías tu novela. Algunos la han definido como una novela sobre o acerca de la crisis económica, pero, por otro lado, hay elementos de novela policiaca y/o negra.

¡Todos tienen razón! Vienen mal dadas es una novela que refleja una de las peores caras de la crisis, la de la gente que lo perdió todo y acabó en la calle. Es eso lo que la convierte en una novela negra. Aunque también es una novela criminal porque el crimen, aunque venga de la mano de delincuentes que empiezan, casi amateur, conduce la historia. Policiaca no es, porque la policía es un elemento que tiene poco peso en la novela, no empiezan a tomarse las cosas en serio hasta que se ponen muy feas.

Barcelona es la gran protagonista de la novela y es evidente que ahí está la influencia de Montalbán, de Marsé o de Mendoza, tres autores muy distintos entre ellos. ¿Cómo has manejado estas influencias a la hora de concebir y pensar tanto la novela como la ciudad?

Las Barcelonas de Montalbán, Marsé y Mendoza, pero también las de Zanón, Laforet, o González Ledesma están presentes en la novela porque he leído las obras de estos escritores intentando entender cómo han conseguido escribir lo que yo veía o lo que me contaban mis padres y mis abuelos. Desde el primer momento supe que la ciudad iba a ser importante en Vienen mal dadas. Barcelona estaba en la concepción de la novela, y para plasmarla me limité a mirar a mi alrededor y apuntar.

Te lo pregunto porque, evidentemente, la ciudad de estos tres autores poco o nada tiene que ver con la Barcelona que tú narras. ¿A la ciudad le falta o le faltaba un relato sobre sus años más recientes?

Se escribe mucho y muy bien sobre Barcelona. Los barceloneses, pese a la invasión turística, seguimos enamorados de nuestra ciudad. Me viene a la cabeza un cuento de Jordi Puntí, “Vertical”, en Esto no es América, en el que hace un retrato implacable de una generación y un barrio. Hay muchísimas Barcelonas, y lo enriquecedor es que podamos reflejarlas todas, o casi todas. Sé que la generación de mi hermano de veinte años, por ejemplo, verá una ciudad totalmente diferente que la que pueda plasmar yo. Esas nuevas miradas son importantes porque son la ciudad viva.

La Barcelona marginal, la Barcelona empobrecida por la crisis, la Barcelona de los desahucios… ¿Quería mostrar esta Barcelona, aquella que no es de postal, aquella que sobrevive junto a la ciudad turística, de las tiendas de marca y los bares de moda?

Quería mostrar la otra cara de la ciudad, aquella que sigue ahí, aunque Barcelona se haya puesto guapa, porque al final siempre se arreglan las mismas calles y en los barrios el asfalto sigue con unos boquetes que ni te cuento. Vienen mal dadas se pone en la piel de la gente que no entrará en una tienda de Chanel en su vida, que lo sabe y le da igual, pero que quiere vivir con dignidad. Aunque los personajes de mi novela van un paso más allá. Son un grupo de hombres, una banda de piratas, que han acabado en la calle y encuentra una salida poco ortodoxa: reventar cajeros automáticos.

La protagonista es una mileurista, pluriempleada y desahuciada. ¿La elección de Ruth como protagonista es un intento de dar voz a aquellos que no suelen tenerla o de poner el foco ahí donde no queremos mirar?

Ruth Santana es la mujer que se cruza en el camino de esta banda y hace que todo explote. Es un personaje al límite: una mujer joven que lo ha perdido todo (la casa, el trabajo, el novio, el apoyo familiar…) y que subsiste al borde de la indigencia. También es una mujer que había sido educada para ser una princesa, en la idea de que su vida encajaría en la llamada “clase media”. En Vienen mal dadas quería poner el foco en toda aquella gente a la que la crisis desclasó. Y quería que empatizaras con ellos, que sintieras que Ruth podías ser tú, o tu hermana, o tu hija, o tu compañera de oficina.

Ruth se enfrenta a un dilema: delinquir para conseguir dinero o ser fiel a los propios principios. En este sentido, la pregunta es ¿el fin justifica los medios?

La pregunta sería: “¿tú qué harías en el caso de Ruth?”. ¿Aceptarías la oferta de Hugo Correa, un tipo que te aborda en la calle y te propone reventar cajeros automáticos para salvar tus deudas, para volver al estadio anterior o incluso mejorar? ¿Aceptarías cometer un acto inmoral, que es lo que se le pide a Ruth, porque no se le pide hacer nada ilegal, a cambio de dinero?

Esta cuestión lleva a reflexionar sobre cómo, en los ámbitos marginales de la sociedad, delinquir es una forma de supervivencia.

En la novela llega un momento en el que el crimen es una opción natural. Es fácil no caer en él cuando tienes las necesidades básicas cubiertas, cuando tienes techo, comida, incluso amor. Ruth es un personaje de fuertes convicciones morales, pero la sociedad le ha fallado y ahí es donde entran el resto de personajes.

“Novela de la crisis” ya se ha convertido casi en un género literario. En tu opinión, ¿la literatura se ha hecho cargo de la crisis económica y de sus consecuencias o es un tema marginal?

Se ha escrito sobre la crisis, pero, por supuesto, puede escribirse más. Tal vez todavía es pronto y este año tendremos un montón de novedades sobre el tema o tal vez los editores o les lectores no le ponen demasiado interés, la ven como algo lejano.

Uno de los temas que abordas es el de la presencia de la mafia italiana en Barcelona y Cataluña. ¿Cuán es presente la mafia italiana en Cataluña y cuán conscientes somos de su presencia?

En Barcelona hay mafia china, rumana, rusa, italiana… Hay de todo. Es cierto que solemos olvidarnos de su presencia, pero eso es precisamente lo que quieren. El crimen organizado necesita ser invisible, necesita tranquilidad. Por otro lado, tampoco somos conscientes de nuestras propias redes criminales. En la novela se habla de la conexión Colombia – Galicia – Italia y Hugo Correa, apodado el Gallego, ha pilotado planeadoras hasta las costas gallegas. Quizás es porque como país somos más de Mentes criminales que de Los Soprano, pero hay mucha más cobertura mediática cuando hay un asesinato algo escabroso que cuando detienen a veinte personas por tráfico de drogas.

¿Cómo fue el proceso de investigación previo a esta novela?

Para documentarme para Vienen mal dadas leí mucha prensa y algunos libros, pero sobre todo abrí los ojos, presté atención a lo que veía en la calle, paseé y tomé notas. No me gusta documentarme en exceso porque la documentación acaba cambiando la historia, llevándola por caminos que no me interesan, interfiriendo con los personajes, así que prefiero asumir que habrá errores y hacer suposiciones. No creo que la literatura tenga la obligación de ser documental. Vienen mal dadas es ficción al 100%.

Es tu primera novela, ¿cómo ha sido la experiencia? Y, sobre todo, ¿cómo surge la idea de escribir esta novela en concreto?

Empecé a escribir la novela en el verano de 2014, pero llevaba tiempo dándole vueltas a la historia, desde que un par de años atrás los cajeros y los bancos de mi calle empezaron a llenarse de gente que no tenía a dónde ir. Veía a esas personas por la ventana y me imaginaba sus vidas. Así surgió la banda de Hugo Correa, un grupo de hombres que coinciden en cajeros automáticos y que se organizan para atracar los mismos cajeros en los que duermen.

Por último, afirmabas en una entrevista que la presencia velada de referencias a El Conde de Montecristo o a Corto Maltés tienen que ver con el hecho de que seas profesora de literatura. ¿Cómo ha influido tu contacto con los más jóvenes a la hora de concebir la literatura y a la hora de decidir qué escribir?

¡Jaja, en realidad, mis alumnos tienen entre veinte y cuarenta años más que yo porque doy clases de escritura creativa a adultos! El primer día de los cursos, antes de saber que soy la profesora, siempre piensan “mira, esta chica tan joven…”. Luego me ven subir a la tarima y les cambia la cara. Las referencias a las novelas de aventuras, a Dumas, a Conrad, a Pratt, son porque me gusta especialmente este género.