Suecia: charcos de sangre en el paraíso

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Stefan Ahnhem debuta en la novela negra con la inquietante “Mañana te toca a ti”

 

 

 

 

Texto: ANTONIO ITURBE

Foto: LINN DUPONT

 

El detective Fabian Risk de la policía de homicidios sueca está a punto de irse de vacaciones con su familia y dejar atrás las angustias del oficio. Pero el destino tiene sus propios planes. Cualquier caso que se hubiera planteado lo habrían resuelto sus compañeros y habría podido escapar unos días de esa inmersión en el mal que conlleva su trabajo. Pero de este caso no se puede librar porque forma parte de él: un asesino extremadamente despiadado ha cometido un crimen atroz en el interior de una escuela... la escuela donde estudió Risk. Y encuentran junto al cadáver una fotografía de los alumnos de su curso entre los que está él mismo. El rostro del asesinado, un antiguo compañero de clase, está tachado con una cruz. Pronto, caerá el siguiente. Stefan Ahnhem ha debutado en el género policiaco con esta novela desasosegante y atrapa en su telaraña al lector en una adictiva cuenta atrás para encontrar a un criminal tan atroz como inteligente.

Mañana te toca a ti hace pasar un mal rato muy bueno. ¿Por qué cree que a los lectores les gusta pasar “malos” ratos?

Porque todos necesitamos de las emociones: inquietud, amor, llanto… la vida no es nada sin las emociones y el arte nos ayuda a encontrarlas. Si un libro no te hace sentir nada, no es un buen libro.

¿Pero no es una paradoja que los humanos nos pasemos la vida buscando la felicidad, excepto cuando nos ponemos a leer una novela criminal o ver una película de terror?

Pero es que para apreciar la felicidad hemos de conocer qué es la tristeza. Yo al venirme de viaje a Barcelona he sentido tristeza al despedirme de mi familia y dejarlos en casa. El partir es un momento triste… pero luego disfrutas mucho de la felicidad del reencuentro. El truco de la novela policiaca está en que tú pasas ese “mal rato” sentado cómodamente en el sofá de tu casa y cuando cierras el libro y miras la tranquilidad que hay a tu alrededor te dices… “¡qué afortunado soy!

El primer asesinado de la serie era el matón de clase, el que hacía lo que ahora llamamos bullying. Y lo peor es que explica que los profesores miraban a otro lado. Aquí pensamos que el sistema docente nórdico es ejemplar… ¿no lo es?

Nada es perfecto. Pero sí es cierto que ese bullying de la novela se produce en los años 80 y ahí las cosas estaban mucho peor. Precisamente por los abusos de esa época se ha trabajado muy intensamente estos años y esas situaciones se han reducido. Ahora los profesores tieneN claro que han de actuar y denunciar a la policía cuando conviene. Se actúa mucho más.

Los crímenes a los que se enfrenta Risk son tremendos. Aun así, uno toma el periódico es mucho peor lo que lee. ¿La realidad tiene una mente más perversa que la de cualquier escritor?

En una novela yo creo que no has de buscar los extremos. Lo importante es contar la historia de la mejor manera posible. No tiene sentido buscar el exceso precisamente porque la realidad ya se encarga de mostrarlos.

Ustedes los escritores nórdicos policiacos están acabando con la idealización del mundo escandinavo. ¿No es el paraíso que pensamos los europeos del Sur?

Suecia es un país lleno de contradicciones, incluso de extremos. Es un país concienciado y muy políticamente correcto, pero a la vez hay un partido de extrema derecha de corte nazi. El criminal de mi novela podríamos decir que es un prototípico “sueco-killer”: lo controla todo, no deja nada al azar, es organizado incluso para el mal.

¿Por qué escribir?

Sentí la necesidad desde pequeño. Desde que a los 11 años fui al cine y me deslumbró lo que vi, quise ser contador de historias.

Ya lo era como guionista durante años. ¿Por qué el salto a la novela?

Yo he disfrutado mucho escribiendo guiones para televisión, pero también he sufrido. Trabajar en equipo tiene algunas ventajas y muchos inconvenientes. Siempre hay alguien que te cambia las cosas o has de convencerlo para que no lo haga. No puedes desarrollar del todo tus ideas. Y eres siempre un escritor invisible. Incluso mi madre, viendo en casa una serie de la televisión sueca pensaba que los actores inventaban los diálogos: “Fíjate ese actor que cosas tan bonitas dice”. Y yo le decía “Pero mamá, si eso lo escribí yo” … ¡Y no se lo creía! Pero hay algo muy importante que le debo a la escuela del guionista: te enseña a encontrar la clave de la historia. De nada sirve saber escribir muy bien si no tienes una buena historia que contar.