"La literatura universal es global: con un pie dentro y otro fuera"

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Navona publica "La composición de la sal", premio Gabriel García Márquez de cuento 

 

 

 

 

Texto:ANTONIO ITURBE

Se publica por primera vez en España a esta autora boliviana que, además de escribir y ejercer de profesora de comunicación, con otros dos amigos ha puesto en marcha una librería en la ciudad de Santa Cruz pese a la fragilidad de la industria editorial de su país y las ediciones piratas. Es una luchadora tranquila, o al menos sus ademanes son pausados, con ese tempo boliviano menos nervioso que el nuestro. En La composición de la sal (Navona), Premio Gabriel García Márquez de cuento, asistimos a un ramillete de historias en las que la cotidianeidad va mostrando distintas capas hasta mostrarnos el laberinto perpetuo en que vivimos.

 

Uno de tus personajes vive el hecho de no dejar de llorar como una tragedia. ¿Por qué es malo llorar?

La pregunta es por qué es tan trágico llorar para un hombre. En una cultura patriarcal no hay vencibilidad de los hombres, no se considera el derrumbe masculino. Me parecía provocador que un hombre tratara de oponerse al llanto. Un llanto que lo desarma, que lo desnuda. Y, al tiempo, también describe a un país. Y es que la metáfora de la sal y del mar para Bolivia es muy importante: todas las soluciones históricas nuestras tienen que ver con un mar perdido y añorado. La solución que le da la bruja a este personaje a la curación de su llanto proviene de un baño de mar. Nosotros perdimos la salida al mar en la guerra con Chile, pero él recupera ese mar.

¿No hay solución diplomática a esa salida por Antofagasta que les permitiría tener un puerto de mar?

Bolivia está en esa tentativa. Hay un movimiento diplomático importante pero la solución está lejana.

En un cuento nos sitúa en París. ¿Sigue habiendo en Latinoamérica una fascinación por París frente a nuestro deslumbramiento en España por lo anglosajón?

Aquí nos volvemos locos por Nueva York… Ese cuento es un guiño a París, desde luego. Y un guiño a La Maga de Julio Cortázar. Y también a la migrancia. He intentado una reelaboración de ese personaje tan entrañable, de los que mejor han definido a Cortázar. Es esta vuelta a mirar a ese lugar tan común y tan visitado, pero donde una quiere recomponer una nueva melodía desde la migrancia de hoy. El no lugar del que migra, que se construye una patria, un lugar afectivo, una pedagogía de las cosas.

¿Cree que hay hoy día un paraíso literario o un imaginario como lo fue París?

También lo fue Barcelona en una época. En Bolivia vivimos un momento centrífugo y centrípeto. Por una parte, hay un grupo de escritores que ha decidido quedarse y escribir desde allí. Y otro grupo que ha salido y sigue escribiendo sobre Bolivia desde fuera. Mucha de esa migrancia se ha enfocado hacia Estados Unidos. También por una cuestión material, una forma de estar cerca de la escritura, vivir la literatura y tratar de vivir de eso que es

escribir. En Bolivia no es algo muy posible. ¿Cómo se encuentra la literatura boliviana? Creo que, en general, la literatura universal es global: con un pie dentro y otro fuera. La nuestra es una literatura poco definida, que cuenta Bolivia de muchos modos: lo gótico, lo minero, lo andino, la intimidad…

Hay un hilo que une sus cuentos: los espacios de silencio, la sensación de que las personas están juntas, pero no se conocen…

Me interesan los espacios del silencio, lo que no se dice, pero puede percibirse. La posibilidad de fractura, los subtextos… Eso me parece poético. Me interesa la fricción humana, lo combustible que hay en el contacto y cómo en ese contacto la comunicación se quiebra o dice cosas que las palabras no dicen.

En uno de sus cuentos se dice: “En la ciudad, la libertad se vuelve un yugo” …

Es un cuento de la reescritura de una noticia: una amiga periodista cuenta la versión periodística y yo hago la narrativa. La cultura indígena es muy concupiscente, despierta muy pronto a la sexualidad. Eso en el contexto de la selva puede darnos la idea del paraíso terrenal, pero situado en la ciudad es una moledora de carne. Es una puerta a la prostitución donde niñas de 7 u 8 años se compran por dos pesos. Otro ejemplo de cómo el contacto humano puede llegar a ser inflamable. Se banaliza el mal en distintos espacios y también se aprecia cómo las soluciones sociales son incomprensibles para un no occidental y rápidamente las juzgamos.