"Lo que nos jugamos es demasiado importante para ser derrotistas"

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En su último libro, "Decir no, no basta" (Paidós), se encuentran las principales preocupaciones de la periodista y escritora sobre las nuevas políticas del "shock" y sus consecuencias

 

 

 

 

Texto: FRANCISCO LUIS DEL PINO OLMEDO 

Han transcurrido once años desde la publicación de La doctrina del shock (Paidós, 2007) y Naomi Klein es ya una celebridad en el mundo por su activismo en contra de la actual senda trazada por los poderosos del planeta, con sus devastadoras consecuencias. Es periodista, columnista de prensa y autora de best Sellers como No Logo o Esto lo cambia todo. Su militancia en pro de la acción climática, y su apuesta por el fin inteligente y justo del uso de los combustibles sólidos, han demostrado que aúna la musculatura intelectual con un sentido práctico de la realidad. Una incansable guerrera que, armada con un discurso firme y razonado, empuja a moverse a quienes asienten pasivamente a la devastación de una sociedad mundial abocada al desastre. Todos los citados y algunos méritos más son la causa por la que el encuentro que celebró el pasado mes de noviembre en la Casa del Libro de Barcelona con la prensa fuera nutrido, y las entrevistas concedidas pocas, únicamente a los grandes medios por la escasez de tiempo disponible, según la editorial. Tan solo unos años atrás, cuando vino a Barcelona por primera vez, la representación plumífera en el acto de presentación del CCCB fue significativamente escasa, sobraban dedos de una mano para contar a los periodistas. Si el prestigio de la autora y la justicia del discurso cuentan, como en este caso, con la atención mediática generalizada nos felicitamos por ello, aunque vaya en detrimento de una mejor información como la que se consigue con una entrevista personal.

No obstante, Librújula estuvo allí y abrió un turno de preguntas al que se sumaron inmediatamente los demás compañeros, ya que la expectación y el interés por la autora, que hace un año fue galardonada con el prestigioso Premio de la Paz de Sydney, era enorme. Naomi Klein, aunque discreta y aparentemente algo tímida, ha aprendido en estos años a manejarse con la prensa con serenidad y firmeza. Seria pero amable. Mirada muy atenta, como calibrando al personal asistente; gesticula poco y con acierto para reafirmar algunas respuestas. Voz serena, sin afectación, acompañada de una sonrisa que, en ocasiones, parece que va a convertir en risa, pero que no pasa de un movimiento atractivo de los labios. Sobre todo, cuando habla del presidente Donald Trump, el principal artífice y coprotagonista de su libro; el resto, otras marcas desalmadas y personajes que bullen en el mosaico político y empresarial del mundo.

Las otras barricadas

Desde el principio de la lectura de Decir no, no basta queda claro que es la lógica consecuencia progresiva de los planteamientos que inició con No Logo, donde describía la forma en que las supermarcas invaden el espacio público. Pero en este libro enfrenta al lector –entre otras realidades- con la afirmación de que el sentimiento generalizado de desorientación que sufre la gente es un hecho deliberado. Y que las tácticas de shock utilizadas continuamente en el mundo para generar una crisis tras otra se deben precisamente a un “cóctel tóxico de nuestros tiempos”. La megamarca Trump, con todo lo que representa, y cómo librarnos de tan nocivas políticas son temas que se presentan bien argumentados en un libro que, para los entregados a la Klein, será una confirmación de su ímpetu revolucionario en versión racional-posibilista. Y quien lo lea de manera más distanciada, incluso los que contemplan la vida desde puntos de vista diferentes, no quedará indiferente. Es un mensaje claro, directo y esperanzador. Tal vez una versión moderna de ¡Arriba, famélica legión! Con diferente música, pero que agita una ya conocida partitura que parece repetirse siempre. La diferencia podría estar en que, aunque Naomi Klein no sea optimista, se declara contraria a complacerse en el pesimismo: “Lo que nos jugamos es demasiado importante para ser derrotistas”. Por otra parte, como recoge en su libro, le preocupa que los envites sobre el medio ambiente y la justicia racial y social, en vez de converger, se vean muy próximos a una privatización del activismo político. Asegura Noami Klein que vivimos un momento crucial de movilización (“¡Todo el mundo a la barricada!”) y que nos hace falta una contraestrategia de choque. Considera Klein que fue básica la respuesta que, desde el año 2008, comenzó a darse a la crisis con la resistencia del NO, que fue a su juicio fuerte, valiente, como el movimiento de los Indignados en España, entre otros en toda Europa que expusieron y se enfrentaron a la corrupción; que dijeron que no queríamos pagar por la crisis, que se opusieron a las medidas de austeridad, como fue el caso en Estados Unidos de Occupy Wall Street. “Pero quizá lo que no vimos en aquel momento es que la crisis real era una crisis de imaginación”, advierte.

Hombres ricos, hombres pobres

“Hoy hace un año que fue elegido presidente Donald Trump”: un buen arranque de Naomi Klein para encarar la figura inevitable del personaje en esta comparecencia ante la prensa nacional e internacional en Barcelona. Klein recuerda vivamente que el día de la investidura definió al gobierno de Trump como un golpe de Estado de las corporaciones, “porque era algo completamente distinto de lo que había afirmado durante la campaña electoral: que era tan rico que no necesitaba el dinero de las grandes multinacionales, y que daría trabajo a la gente”. “No ha hecho nada de esto, sus políticas se han limitado a hacer una transferencia de la riqueza de las personas normales y corrientes hacia los más ricos”. Dice la autora que esto no la ha sorprendido, pero “lo que me ha desanimado más es cómo los medios de comunicación siguen el guion escrito por Trump”. Denuncia Naomi Klein que, en lugar de centrarse en las mentiras que usó durante su campaña, cuando decía qué lucharía para que América recuperara su grandeza de antaño, se han vuelto adictos al culebrón de Trump, de quien afirma que “es arte distópico en sí mismo”. Al igual que “una advertencia y una síntesis de esta crisis, pero no la única amenaza que existe hoy”. Klein prosigue su discurso tras estas frases rotundas y tajantes, para reconocer a continuación que “no hay una visión, una alternativa en Estados Unidos para enfrentar y liberarse de Trump”. Explica la autora de La doctrina del shock que, en lo referente a la era Trump, se trata de un tipo distinto de shock: “Cuando se produce el shock es un momento en el que se aprovecha para introducir muchos cambios. Esto es lo que se entiende por doctrina del shock; pero con Trump es algo diferente, estamos cada día metidos sin descanso dentro del culebrón. Su método consiste en provocar conmoción continuamente -vía Twitter y otros canales para distraer la atención, y así poder realizar sus propósitos, que consisten en progresar discretamente en su programa económico. La imagen que Trump vende es la de la impunidad merced al dinero, algo inaccesible para el resto de la gente común”. Klein esboza una sonrisa tibia y ligeramente enfurruñada al confesar que desconoce lo que sucederá en el futuro. “No sé si acabará o no su mandato, lo que sé es que ningún presidente de los Estados Unidos lo ha dejado a medias, porque Nixon dimitió y los demócratas estaban en el poder. Mientras los republicanos controlen el Congreso, francamente creo que es difícil que Trump dimita (o que lo echen)”.

Europa no puede dar lecciones

Dice Naomi Klein que, si Trump es la caricatura máxima, resulta igualmente peligroso por eso, porque cualquier otro líder menos estridente puede parecer mucho mejor. Por ejemplo, Macron en Francia, quien se presenta como una alternativa, tiene políticas fiscales muy parecidas a las de Trump. “Ha aplicado reducciones fiscales para los más ricos, ha eliminado un subsidio de vivienda para los más necesitados. Y, sin embargo, se presenta como el presidente que es una alternativa, cuando es el presidente de los ricos”. Si el objetivo del discurso de Klein se mantiene direccionalmente en Trump, no por ello Europa escapa a su análisis incisivo y diseccionador, cual bisturí que se adentra a cortar la carne muerta de un cadáver. “Yo creo que las políticas que está aplicando Donald Trump son horrorosas, como lo que quiere hacer con México, que se ignora si lo hará finalmente o no. Pero Europa también está dejando que se ahoguen millares de refugiados en sus costas. O, por ejemplo, se ha aliado con un gobierno represor para interceptar esos barcos y después encerrar a los refugiados en campos de internamiento. Creo que es mucho peor que lo que hace Donald Trump, aunque seguro que a él le gustaría hacer estas cosas, pero de momento no las ha hecho. Por lo tanto, no creo que Europa pueda sentirse superior”. España no faltó en las cuestiones por las que se le preguntó: políticas de inmigración, paro juvenil, resistencia ante la crisis y el movimiento de los Indignados; y, por supuesto, el tema de Cataluña, que tuvo una amplia respuesta por su parte a pesar del tiempo muy medido ya a esas alturas del encuentro. Klein, que defiende el principio de autodeterminación para su país, recordó que ella es de Quebec y que creció entre reivindicaciones similares. Cree que todo proceso debe ser lo más democrático posible. En ese punto, añadió “que la respuesta que ha dado el Gobierno español al movimiento independentista catalán ha sido incendiaria, y esto seguramente ha aumentado el deseo de este movimiento separatista. Creo que ya se ha escuchado el deseo de las personas de tener control sobre su destino, y que esto puede darse en un marco más descentralizado. Hay personas progresistas en la parte independentista también. La respuesta del Gobierno de Madrid, de Rajoy, ha sido un ataque flagrante a la democracia: arrestar a un gobierno que había sido elegido democráticamente creo no es aceptable. Tampoco lo es la respuesta de la Unión Europea. Creo que se debería suprimir el artículo 155, y liberar a las personas que han sido encarceladas; llevar a cabo un proceso que sea democrático, y que el conflicto se solucione a través de la no violencia. Cuando un movimiento no violento es contrarrestado con la fuerza, como pasó el 1 de octubre o con los arrestos, esto no es una buena señal. Creo que el shock que se ha producido aquí no ha sido por casualidad, ha sido creado”. Antes de finalizar el encuentro, Naomi Klein quiso mostrar ante la prensa su respeto y apoyo a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, a la que definió como “una líder a la que tenemos que escuchar; ha sido una brújula moral para muchas personas, además de ser una firme defensora de la causa feminista”. Muchos seguidores y periodistas esperarán con interés un nuevo libro de la siempre combativa Naomi Klein, que bien podría titularse ¡¡El año que viene en Jerusalén!!, por lo candente del tema estos días. Si por entonces Donald Trump sigue como director de su circo infernal todo podría suceder. Tal vez, si hay suerte, entonces logremos una entrevista en exclusiva con la autora de Decir no, no basta.