Berta Vias Mahou: "Vivian Maier estaba enamorada del mundo"

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Berta Vías Mahou rescata la mirada de Vivian Maier en "Una vida prestada" Lumen

 

 

 

Texto: LORENZO RODRÍGUEZ GARRIDO

Foto: LUMEN

 

¿Cómo surge la idea de escribir una novela sobre Vivian Maier?

En 2014, Muñoz Molina, en un artículo titulado En busca de Vivian Maier, apuntó: "La novela de la vida de Vivian Maier está llena de páginas en blanco"… Fue una provocación para Silvia Querini, editora de Lumen, que se puso a buscar a alguien que pudiera escribirla.

Una vida prestada es una suerte de biografía novelada, en la línea de lo que hace Echenoz, aunque tú ya habías acampado en ese mismo terreno literario con novelas como Venían a buscarlo a él y Yo soy El Otro, que tratan sobre Albert Camus y sobre el torero José Sáez, respectivamente. ¿Cuánto de ficción hay en esta novela y cómo se trabaja con personajes reales?

Todas mis novelas son ficción. Quiero creer que el proceso se parece al de autores como Camus, Dostoievski o Tolstói, que escribieron sobre hechos reales empleando la documentación como si se tratara de la famosa escalera de Wittgenstein. Es decir, encaramándose a ella para después tirarla. Por supuesto, todo lo que se narra en Una vida prestada es verosímil, pero lo que ocurre o se dice en sus páginas muchas veces ni ocurrió ni se dijo. Trabajar con personajes reales muertos noes lo mismo que hacerlo con uno que está

vivo, como José Sáez. Tampoco es lo mismo escribir sobre Camus, una persona pública sobre la que hay riadas de artículos y libros, que hacerlo sobre alguien de quien apenas se sabe nada, porque la de Vivian Maier fue una vida secreta, anónima. Pero todos esos personajes son al fin y al cabo máscaras del yo que permiten al autor exponer sus ideas sin hablar de sí mismo.

La novela está contada en segunda persona, con brevísimas incursiones en la tercera y en la primera. ¿Por qué la elegiste?

No la elegí. Surgió así. De modo espontáneo. Vivian Maier cuenta su vida mirando hacia atrás, esa vida que le he prestado, entre las muchas que se podían haber escrito sobre ella, y se la cuenta a sí misma, interpelándose desde fuera, tal y como lo vio todo. La segunda persona confiere al relato una mezcla de intimidad y distancia que refleja la relación entre el autor y el narrador. Ambos se identifican y se observan en un juego de espejos, prestándose opiniones, experiencias…

La narración transcurre con el mismo desorden cronológico de la memoria, pero el narrador nunca utiliza fechas, es decir, ubica al lector mediante sucesos políticos y sociales relevantes…

No me interesan las novelas en las que el autor, tras pasar horas en una biblioteca, regurgita los datos que ha podido apuntar. Prefiero a aquellos, que, cual Pulgarcitos, van dejando por

sus páginas rastros sutiles con los que el lector que no sea perezoso puede reconstruir la fecha o el lugar en los que sucede lo que no ha sucedido, es decir, los sucesos de esas novelas que, sin ser históricas, transcurren en un marco real y ofrecen algo que va más allá del dato historiográfico. Una verdad poética.

Me interesa mucho la reflexión constante que hay sobre el arte, sobre el lugar que ocupa en la sociedad, y, sobre todo, la mirada que hay sobre el artista que trabaja pacientemente, ajeno al relumbrón de la moda, que observa el arte oficial desde las afueras… Hay un capítulo, La charca, en el que la propia Vivian expone una visión muy cruda de todo esto. No sé si su opinión coincide en este caso con la tuya.

Es la que le presto yo. Una visión que podría explicar por qué nunca quiso formar parte de ese mundo de la fotografía que tanto se parece al de los toros o al de las letras. Paseando por el MOMA, lo califica de charca pútrida y lo compara con la mafia, tan presente en esas ciudades en las que vivió. Es una visión muy cruda, sí. Alguien que hizo lo que hizo Vivian Maier, tantas fotografías extraordinarias sin venderlas ni mostrarlas a casi nadie, no pudo ser una hermanita de la caridad, como tampoco ir por ahí con unas ideas convencionales.

Vivian apenas tenía dinero y, muchas veces, se veía obligada a disparar la cámara una sola vez para no gastar más película de la necesaria. Casi nunca podía revelarla. ¿Crees que esa precariedad influyó mucho en el tipo de fotos que hacía?

Hizo más de 150.000, una cantidad enorme. Lisette Model, reconocida fotógrafa que murió también con poco más de ochenta años, dejó unas 25.000. Falta mucho por revelar, así que no conviene hacer afirmaciones definitivas sobre su trabajo en conjunto. Casi todo su dinero lo empleaba en comprar material fotográfico. Disparaba una sola vez porque sin duda era muy consciente de lo que estaba haciendo. No necesitaba revelarlo. Me gusta creer que nos lo quiso regalar. Que por eso lo guardó todo con tanto celo. Pero estoy convencida de que en su manera de fotografiar lo que más influyó fue su carácter.

En algún momento de la novela se dice que Vivian era tan buena fotógrafa porque sus ojos estaban enamorados del mundo. Me parece una gran definición del artista.

Así he querido resumir su pasión. Vivió sola, porque se apartó de su familia, pero no vivió sola, porque estaba enamorada del mundo. De la vida. Kafka escribió que lo que le interesaba eran las personas. Alguien que dice o piensa eso no es un bicho raro.

En otro momento se dice que lo más difícil en el arte es plasmar la realidad. ¿Es esa la razón por la que las fotos de Vivian tienen tanta fuerza, por su aproximación consciente a la realidad?

Si no recuerdo mal se trata de una frase que dice alguien en una de las dos películas que se han hecho sobre ella. La he puesto en boca de un lechero polaco. Pero sí. Tal vez buena parte de la fuerza de sus fotos esté ahí. En que plasman la realidad sin maquillarla y sin prejuicio ideológico alguno.

Hay también una historia de amor, pero aparece muy tenue, como sin revelar…

Tanto Kafka como Vivian Maier vivieron en una soledad que el escritor checo calificó de rusa. La fría soledad de la vocación. Que estuvieran incapacitados para el matrimonio, que exige una presencia casi constante y coarta la libertad del artista, no significa que carecieran de relaciones afectuosas.

Vivian se cambia de nombre constantemente, a los niños que cuida los menciona por sus iniciales, esmuy dada a poner apodos a la gente que conoce... El tema de la identidad está muy presente.

Ella cambiaba de nombre. No hablaba de su vida. Como otros personajes que en el libro ocultan un pasado terrible. Los niños a los que cuida en estas páginas son anónimos, inventados. Los miembros de su banda tienen apodos como los de los criminales de Chicago y Nueva York. O los de los indios americanos. Ese juego de identidades da a la historia un aire de cuento muy apropiado para una niñera.

También aparecen Joe Gould, los hermanos Homer y Langley Collyer… El trasvase de la realidad a la ficción es continuo.

Busco lectores conscientes de que una obra narrativa es una construcción verbal y no un pedazo de realidad. Dispuestos a sumergirse en la lectura como en un juego.

¿Cuál será tu próximo proyecto literario?

Me gustaría prestar vida a un personaje visionario cuya infancia quedó marcada por la batalla de Stalingrado.