Pedro Ramos: "Contar historias es una cosa y hacer literatura otra muy distinta"

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Pedro Ramos, escritor, guionista y profesor de escritura creativa, publica Tres mil noches con Marga (Destino), una novela a través de la cual viajamos hasta la Galicia de 1986, a la Galicia de 1997 y a la Galicia de 2006 de la mano de Marga, una bióloga que, a pesar de la oposición de su padre, decide salir de la aldea e ir a Santiago a estudiar. A través de Marga no solo conocemos la historia de una generación de jóvenes que dejó el campo y rompió con las tradiciones, sino que recorremos la histoira de una región golpeada en los noventa por la droga. Tres años distintos en la vida de Marga a través de los cuales la microhistoria se funde en la intrahistoria de una región, de un país y de una generación.

 

 

 

Texto: REDACCIÓN

 

Ante todo, me gustaría preguntarte sobre tu costumbre de utilizar canciones como título para tus novelas, como en este caso: Tres mil noches con Marga es una canción de Antonio Vega.

Sí, mis tres novelas “para adultos” tienen título de canción. No es algo que tenga mucho mérito porque puedes encontrar títulos de todos los colores, pero me gusta empezar por ahí. El título es el primer contacto con el lector, la mayoría de las veces, y mi intención es empezar a contarle una historia desde el minuto cero. Las personas que lleguen hasta el final de la novela, sabrán por qué se titula así. Luego hay otras muchos aspectos que el lector no tiene que conocer: cuándo y cómo publicó Antonio Vega esa canción, mi admiración por su trabajo y que el primer CD que pude comprarme fue “El sitio de mi recreo”.

¿Podríamos decir que, en cierta manera, Tres mil noches con Marga es una novela generacional o que, por lo menos, su protagonista, Marga, representa a la generación crecida en los ochenta?

Marga es un collage de mujeres valientes que, es cierto, crecieron en los ochenta. Mujeres que hicieron su propio camino sin grandes aspavientos, con la complicidad, en muchos casos, de sus madres. Otras, no. Y no les quedaba más remedio que romper con su familia para seguir su camino. Y Marga no ha superado esta ruptura. De hecho, sigo sin saber si puede superarse.

Ahora que se habla tanto de la España vacía, ¿se podría decir que en cierta manera la novela narra el abandono por parte de los jóvenes del campo o del pueblo en busca de una vida profesional en la ciudad?

Eso lo cuenta muy bien Sergio del Molino en su libro. La migración fue principalmente entre los años 50 y 70 así que fue mi abuela quien dejó su pueblo para irse a trabajar de criada a Madrid. Y como ella muchos hombres y mujeres a quienes se les vendió que el futuro estaba en otro lado. Esa política la continuaron varios gobiernos y nos ha traído hasta aquí. En algunos casos salió bien y otros, dentro de la misma familia, salió mal. También para los que se quedaron.

En este sentido, la novela narra una fractura generacional entre padres e hijos, fractura que se hace más evidente en el caso de las mujeres, que, como Marga, no quieren casarse y convertirse en “mujeres de”

Toda generación tiene, de alguna manera, que romper con la anterior. En nuestra generación, además, pasamos de una dictadura a una monarquía parlamentaria con una constitución que nos prometía el voto y la igualdad. Por lo que el cambio, la fractura, fue mucho más evidente. Sobre todo cuando algunas mujeres quisieron hacer efectivo su derecho. Todavía recuerdo la que se lió en casa cuando mi madre dijo que quería trabajar. Suena a la prehistoria, pero no han pasado ni treinta años. Y todavía nos queda mucho camino por recorrer.

La novela se desarrolla en Galicia y me gustaría preguntarle el porqué de la elección, más que nada porque las dinámicas socio-familiares comentadas hasta ahora pueden enmarcarse en otras zonas de la península.

Me gustaría pensar que es así. Cuando cuentas una historia, partes de un hecho singular para convertirlo en universal. Ojalá lo haya conseguido. Si situé el pueblo de Tres mil noches con Marga en la Ribeira Sacra es porque es uno de los paisajes más bellos y primigenios que conozco. Miguel, el padre de Marga, podía haber emigrado a Coruña o a Santiago y como yo viví una temporada en A Coruña, pues ganó esta. Pero creo, y espero, que habrá muchas lectoras en otras zonas de la península que se sientan identificadas.

Una de las secciones del libro lleva por título Heroína jugando con el doble sentido de la palabra, ¿la heroína fue, desgraciadamente, la otra protagonista de aquella generación?

Me temo que sí. Al margen de mis desviaciones polisémicas, yo crecí en Entrevías, un barrio próximo a la Celsa, uno de los surtidores principales de droga de Madrid durante los años ochenta y noventa. Veías una procesión continúa de drogadictos. No hubo familia que se salvara de aquella epidemia.

¿Qué papel tuvo la droga en la formación y en las vidas de la generación de jóvenes gallegos que usted retrata en el libro?

Imagínate. Si en mi barrio el problema era grave, en Galicia fue todavía peor: la mayoría de la droga entraba por allí y, según he leído porque yo en aquella época no vivía en Galicia, esto provocó un efecto “barra libre” que se llevó a toda una generación. Puede parecer exagerado, pero nadie se dio cuenta de que aquello era un veneno hasta que era demasiado tarde y luego no había forma de pararlo. Me gustaría decir que aprendimos la lección, pero adivina quÉ droga está de moda ahora en EE.UU.

La novela también aborda el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco en 1997, ¿fue ese atentado un antes y un después en la percepción de ETA por parte de la sociedad civil?

Sí, me interesaba mucho ese momento: el nacimiento del espíritu de Ermua, mostrar cómo se sentía la mayoría de la sociedad española ese 13 de julio de 1997.

La droga y el terrorismo, ¿fueron los años 90 una especie de años de plomo?

Si quería hablar de nuestro pasado reciente tenía que hablar de la heroína, el terrorismo y el machismo. A las dos primeras, hemos conseguido vencerlas, contra la tercera tenemos que seguir peleando. Por ejemplo, ¿por qué el caso de Ana Orantes no consiguió lo mismo, respecto a la violencia machista, que el de Miguel Ángel Blanco con ETA? Hay algo en esta sociedad que no funciona.

Dejando de lado la novela, has trabajado en talleres de escritura y en el fomento de la lectura, ¿se puede enseñar a escribir? ¿se puede convencer de que leer vale la pena?

A mí, la lectura me lo ha dado todo. Por eso hago lo que hago. Yo crecí en un barrio pobre, muy pobre, y la lectura me sirvió para formarme y adquirir unos conocimientos que no podían darme las personas que tenía a mi alrededor. Se puede aprender mucho leyendo un libro, aunque sea una novela. Por supuesto, también habrá quien lea sólo para evadirse, pero yo prefiero, tanto en los libros como en las series de televisión, que me aporten algo más. Respecto a si se puede enseñar a escribir, ¿se puede enseñar a tocar la guitarra?, ¿el piano o el violín?

Y, por último, en tu biografía se lee que has escrito una serie para smartphone. ¿Todo soporte es válido para la escritura, para hacer literatura?

(Risas) No, sin duda, la serie que escribí para smartphone no era literatura. Me interesa mucho contar historias en diferentes formatos, pero contar historias es una cosa y hacer literatura otra muy distinta.