Cristina Morales: “Es imprescindible aprender a hablar bajo parámetros diferentes a los del poder”

Hits: 912

Entrevista a Cristina Morales, ganadora del Premio Herralde de novela 2018 con Lectura fácil

 

 

 

 

 

 

Texto: ANNA MARÍA IGLESIA

Foro: LAURA RUBIOT

A través de cuatro protagonistas -Marga, Nati, Patricia, Àngels-, todas ellas mujeres que la burocracia médica ha definido como discapacitadas intelectuales y que comparten un piso tutelado de la Barcelona de la PAH y de los ateneos anarquistas, Cristina Morales confronta en Lectura Fácil la retórica de la corrección política con la corrección del supuesto analfabeto y desenmascara no solo la perversa manipulación de la retórica del discurso dominante, sino que cuestiona el propio concepto de “discapacitado”.

¿De dónde surge la idea de Lectura fácil?

La primera escena que me vino en mente fue la de Nati describiendo cómo siente que se le cierran unas compuertas ante la cara sin que pueda recibir estímulos de esta idea. Esto es lo que experimenté en mis carnes como alumna en algunas clases de danza contemporánea. He sentido esa misma sensación de tener ante mí a alguien que intenta explicarme algo que exige de mí una disciplina a la que yo no puedo obedecer. En este sentido, diría que la novela nació de un intento de crítica a la danza en tanto que disciplina que se enseña no en prestigiosas academias o en el conservatorio, sino en centros cívicos. Quería ver cómo la danza se ha democratizado siendo originariamente un lugar de élite. Empecé la novela queriendo realizar una crítica a la metodología a partir de la cual se enseña este arte que desciende de los esculpidos cuerpos dancísticos y llega a través de los centros cívicos a cualquiera de nosotras.

La experiencia de la danza en cuanto imposición de una disciplina se convierte en la novela en metáfora de la experiencia de todo individuo ante el sistema.

Sí, claro, y ahí está la voz de Nati, que hace un ejercicio de zoom constante desde su experiencia particular como alumna en una clase de danza al mundo. Para ella, su profesora de danza es un ser de autoridad comparable a la alcaldesa de la ciudad o al presidente del Gobierno. Nati no tiene una quiebra en la radicalidad de su discurso y, de hecho, su discapacidad radica precisamente en que su radicalidad no hace aguas por ninguna parte. Es la radicalidad de su discurso lo no tolerado, lo no normalizado y, por esto, está medicalizada.

La novela nos interroga acerca de qué entendemos por “discapacidad” y de la realidad que se esconde detrás este eufemismo.

Es lo que yo pretendía. Ante todo hay que decir que la palabra discapacidad es una palabra esgrimida desde el poder para encajonar o señalar a un tipo de personas que comparten una serie de características. Antes no se hablaba de discapacitados, se hablaba de “subnormales”, “retrasados” o “minusválidos”. Todas estas palabras como el propio término “discapacitado” son eufemismos a los que se recurre para señalar unas determinadas realidades personales muy incómodas. Son eufemismos que se van connotando negativamente, de ahí que se recurra a nuevos eufemismos, que, sin embargo, siguen señalando la misma realidad incómoda. “Subnormal” era, hace algunas décadas, un término médico y antes se hablaba del “retrasado” o del “tonto del pueblo”. Ahora se utiliza “persona con diversidad” otro eufemismo más, otro término creado desde el poder, desde las instituciones públicas en consonancia con las instituciones privadas.

Es decir, el “discapacitado” es la persona que el sistema decide definir como “discapacitado”.

Exacto. Si leemos libros o folletos, veremos que cuando el sistema define a alguien como “discapacitado intelectual” lo hace en base a la medición de la inteligencia, a la capacidad de resolver problemas, pero pocas veces se hace referencia a su capacidad o no de integrarse en el código comunicacional/relacional, que tiene que ver con la capacidad de relacionarse, pero también con la capacidad de llevar su propia vida: la familia, la sexualidad, el trabajo…

A través de tus personajes, nos haces reflexionar hasta qué punto la discapacidad puede leerse como la no asunción del relato o del código que el sistema impone.

Efectivamente. Esto es una novela así que yo he establecido un pacto de ficción con el lector según el cual el discurso de estas personas con discapacidad no está infantilizado, hecho que suele utilizarse para retratar verbalmente a aquel que no maneja el código social. Se suele infantilizar el discurso, pero yo quería hacer justamente todo lo contrario. Cada una de las protagonistas tiene una discapacidad diferente que yo plasmo a través un lenguaje politizado diferente. Fíjate que, para la administración pública, la más discapacitada es la más politizada, la más radical es la que tiene el discurso más elaborado políticamente.

Es interesante que un personaje como Àngels, escribiendo su biografía con el método de la lectura fácil, descubre la falaz retórica de la administración.

Cierto. Quienes escriben en lectura fácil son escritores o pedagogos, pero no personas a las que se les haya reconocido una discapacidad. Para mí recurrir a la lectura fácil era un arma de doble filo, porque la simplicidad que propugna podía ser utilizado en su propia contra. De lo que se trataba para mí era de hablar con simplicidad de lo que tú -el sistema- haces tan complejo -la burocracia- y ponerlo en boca con una discapacidad reconocida administrativamente y que se acerca a la escritura fácil con dificultad, escepticismo y, en parte, con enojo. Àngels es la más integrada, es la que hace uso de las instituciones como se supone que debería y, aun así, como comentas, encuentra puntos de fuga.

Asimismo, el escribir su biografía responde de construir un relato propio, que la institución le niega.

Esto es fundamental. Para mí, uno de los grandes desafíos de esta novela era hablar en primera persona, era aprender a manejar cuatro voces que no fueran voces intermediadas por mí como narradora. Quería que las voces sobrevivieran independientemente de mi propio relato. Quería hacer un ejercicio de ventriloquia.

En el fanzine que incorporas en la novela y a través de la figura de Soto Ivars y de Caroli Emcke observas cómo tras el discurso “anti-censura” del “todo se puede decir” o del “todo se puede reír” se esconden unas jerarquías de poder que no solo no se discuten, sino que se reafirman.

Los discursos del pluralismo humanista omiten sistemáticamente el lugar de poder o de no poder que se ocupa. A través de la entrevista con Soto se apunta precisamente esto, que luego se profundiza de la mano de Carolin Emcke, que es la reina del escondite de las relaciones de poder. Jünger Habermas, que no es sospechoso de ser un antisistema, es el primero en decir que las condiciones del diálogo nunca son iguales. Me parece que un buen campo de batalla para poner a relucir esta cuestión son los espacios de toma de decisión no democrática, sino horizontal -como pueden ser las asambleas que describo en la novela- y por consenso.

El esconder tras el discurso el lugar o las relaciones de poder tiene que ver con la retórica, entendida como la herramienta a partir del cual se construye el discurso, con sus falacias eufemismos, del poder.

Efectivamente. Por eso, mi novela quiere ser antirretórica.

Podríamos retrotraernos a tu novela Terroristas modernos donde, a partir del concepto terrorista, analizabas la construcción retórica del nuevo discurso político tras la Revolución Francesa

Sí, de hecho en Terroristas modernos hay una preocupación por el lenguaje de poder que también encontramos en Lectura fácil. Personalmente, creo que la confrontación de lenguajes se pueden escribir setecientas novelas, pero, pensando en mis novelas, diría que en Terroristas modernos confrontaba el discurso recién inaugurado de la liberta y la fraternidad con el modo de expresión coloquial del pobre y del depauperado, pero también el discurso de la modernidad cuando está de cara a la galería y el discurso de la modernidad en privado. En Lectura fácil la confrontación es similar.

Sí, de hecho, podríamos decir que hay una línea de continuidad entre ambas obras: de la inaugurada modernidad al post-capitalismo actual.

Efectivamente. Los retóricos fueron los que mataron a Sócrates y, en este sentido, entiendo la retórica como seducción, como paredón contra el cual fusilar a aquel que no maneja el código del sistema.

Y esto es lo que se pasa a tus protagonistas, cuando rebaten al sistema el discurso se les impone.

Cierto y se ve particularmente bien cuando Àngels tiene que declarar ante la jueza, conociéndose perfectamente los discursos de la integración y la inclusión de las personas con discapacidad. Sin embargo, cuando ante la juez es confrontada en una situación de conflicto ante aquellos representantes de la institución que ha enarbolado estos discursos, Àngels se da cuenta de que estos discursos son aguas de borrajas y llega a interrogar a la propia jueza: “¿Usted sabe qué es la lectura fácil? ¿Usted sabe qué es la ley de inclusión del Parlamento de Cataluña?”. Con ese encontronazo con la jueza, lo que se nos revela, a nosotros y a Àngels, es que ese discurso del “todo somos iguales” en una situación de conflicto entre el poder y el no-poder no sirve para nada. Àngels está sometida por una jueza que le quiere encarrilar su discurso o su relato. Lo mismo le pasa a Patri, pero de forma mucho más dramática- Patri le llega a reclamar a la jueza que, en tanto que representante del sistema, en tanto que política cuide realmente de ella, que está en una posición de vulnerabilidad. En la época de la nueva política, el sistema debe cuidar de alguien como Patri que está en una situación de debilidad. Sin embargo, Patri se encuentra con un no radical y, en este sentido, volvemos a lo de antes: el discurso democrático entre alguien con poder y alguien sin poder no sirve para nada.

Aludes varias veces a una nueva política, que se distingue muy poco de la “vieja política”.

Sí, claro. Patri es el vehículo de transmisión de la falacia de los discursos supuestamente renovadores. Patri no solo se los cree, sino que intenta llevarlos a la práctica. Sin embargo, no lo consigue. A ella nunca la escuchan.

 

 

Ante el no diálogo entre Patri y la jueza están los debates en la casa okupa.

Me gusta pensar que en las actas se recogen puntos de vista distintos, puesto que entre los anarquistas no hay un discurso unificado. Y Nati y Marga, que son dos personas que llegan de fuera, confrontan más los discursos de la asamblea y son más radicales que aquellos que están radicalizados desde una posición intelectual. En sus orígenes, la política se hacía desde las bases, pero ya no es así. Me gustaría pensar que la novela habla de la normalización, que es un principio rector dentro de la discapacidad funcional pues alude a las políticas públicas para integrar al diferente, al diverso intelectual. El principio de normalización significa, a fin de cuentas, integrar al diverso en las reglas hegemónicas del sistema, es decir, integrarlo para que trabaje, tenga pareja, estudie, cree una familia, vote, sea un ciudadano y aporte algo a la sociedad. El principio de normalización que es el principio de integración es a fin de cuentas, el principio de uniformidad en el peor de los sentidos. Esto es lo que explicita el fanzine: si usted, que es declarado por la administración pública como una persona no normal, quiere estar dentro de la norma tiene que ser un macho, un creyente del capital y de la democracia, y un machista. Tiene que ser capaz de vivir en una sociedad heteropatriarcal.

 

De ahí que, como dice el fanzine, “macho”, “facho” y “neoliberal” sean sinónimos.

Lo que más leía mientras preparaba el libro eran fanzines, que se pueden encontrar en las casas okupas y en los espacios liberados de Barcelona. Hay muchos fanzines y muy buenos y son espacios de creación de pensamiento radical muy valiosos.

El peligro reside en la apropiación de estos espacios por parte del poder o de la administración. Pienso, por ejemplo, en Can Vies.

Este es la jugada del poder. La novela se habla un poco de la PAH Barcelona, donde hubo una escisión entre aquellos que defendían la “okupación” y aquellos que no. La novela no pone tanto el foco en esta apropiación del discurso alternativo por parte de las instituciones públicas en casas okupas como en la apropiación de los deseos o de las ansias de libertad de las personas discapacitadas. De todas maneras, volviendo a tu pregunta, antes que nada hay que tener claro que la “okupación” va a ser siempre perseguida porque es un desafío hacia la propiedad pública.

Y viene de un problema que no es nuevo: el acceso a la vivienda.

Efectivamente. El problema de la vivienda no es resultado únicamente de la crisis. Piensa en el barranquismo: antes la gente no ocupaba casas, se construía barracas en Montjuïc o en el Carmel. Ahora dicen que el problema es que no hay espacio y que no hay vivienda nueva, pero entonces sí que había espacio, pero el acceso a la vivienda por parte de las personas económicamente menos favorecidas eran tan imposible como ahora. Se construían barracas y el poder las perseguía: las persiguió el poder republicano, el poder franquista y el poder democrático. No conozco en nuestro entorno una situación en la que la “okupación” haya sido tolerada salvo que haya provocado un gran conflicto, como sucedió en Can Vies o en Can Masdeu, donde el poder dio un paso atrás. ¿Por qué? No porque toleraba la “okupación”, sino porque el poder se vio confrontado por un contrapoder.

Por conveniencia política.

Exactamente. No le interesaba electoralmente el conflicto.

La novela es muy crítica con el tutelaje a las personas reconocidas como “discapacitadas”, un tutelaje que, como comentabas, tiene como finalidad el “normalizar” la conducta de estas personas y que se expresa en coacciones continuas y diarias, hasta el punto, como le sucede a Nati y a Marga, de no ser libres de ir a tomar una cerveza en un bar.

Esto ocurre así, no exagero. Se controla hasta la ropa que se ponen estas personas. Aquellos que gozan de algo más de libertad, que puede decir ir a tomar un café, lo hacen con un horario restringidísimo. Y te hablo de personas que, a lo mejor, no están incapacitadas judicialmente y que en teoría tienen su carta de derechos intocada. Esto es así por el principio

de normalización. El control de la vida de estas personas se ejerce de un modo tan voraz, a través de unos mecanismos de reeducación, de censura y de castigo absolutamente voraces.

Y este control se ejerce también en el ámbito de la sexualidad: Marga está en un proceso de esterilización porque hay que “normalizar” sus deseos sexuales.

Marga tiene aquello que ante se llamaba ninfomanía, otra palabra que señala una realidad incómoda como es la iniciativa sexual de una mujer, y que ahora se llama “hipersexualidad”. La acción política de Marga es difícil de aprehender y, a la vez, es muy fácil: simplemente tiene deseos sexuales que quiere llevar a cabo. Dentro de la diversidad funcional, la esterilización es muy frecuente y, según estadísticas institucionales, en el 80% de los casos, se esteriliza a las mujeres cuyos deseos sexuales, como es el caso de Marga, no está mediado por el deseo masculino. Se las esteriliza, además, porque pesa sobre ellas el embarazo, el poder dar a luz un niño con discapacidad y el sistema no quiere tener eso que él misma ha denominado “hijos discapacidad”. Esto se contradice abiertamente con lo que este mismo sistema democrático defiende bajo el término “integración”. Si vamos a integrarlos, ¿por qué no parirlos?

Su deseo sexual lleva a Marga a ser muy crítica con un feminismo “paternalista” que para protegerla a ella censura sus deseos

Sí, es así. Marga, en un espacio liberado, sería muy problemática, porque no comparte el código de aproximación sexual de la seducción, no comparte el código sexual del sí, pero no o del no, pero sí. Esto no significa, sin embargo, que sea alguien enajenada o peligrosa. Mejor dicho, Marga solo es peligrosa para los cimientos sobre los que se asienta el acercamiento entre dos personas. Marga es capaz de salir a la calle y acercarse tanto a un hombre como a una mujer y preguntarles si quieren follar con ella. En otras palabras, utiliza un discurso, un vocabulario reservado y tolerado para la prostituta, que es aquella que le pone precio a su acercamiento sexual. Marga no le pone precio: ella folla porque quiere. En este sentido, Marga es lo que yo llamo la “puta gratis”, representa la libertad de aquella mujer que solamente folla porque le gusta y le da placer, no por mantener un cierto tipo de contrato de fidelidad, un contrato de sexo-amor con un compañero, ni tampoco movida por el consumo de alcohol o drogas. Se trata de una mujer que es capaz de despegar el sexo de todo su attrezzo social y de fiesta y entenderlo como algo que le proporciona placer, sin considerarlo un lugar de estabilidad social de la pareja o de la fiesta.

La prostituta es la mujer-objeto que la sociedad burguesa rechaza y, a la vez, consume. ¿La puta gratis no corre el riesgo de ser utilizada por este mismo sistema que la consume y, a la vez, oficial y públicamente la rechaza?

El lugar de la puta gratis es un lugar revolucionario, es el lugar de tránsito hacia la “folladora”. En una línea de estadios de emancipación sexual, en primer lugar estaría la prostituta mercantil, que no es solo la mujer que folla por dinero, sino también la esposa que mantiene relaciones sexuales para un mantenimiento de la institución o la trabajadora que en su puesto de trabajo tiene que hacer uso de su condición de mujer. Es decir, la prostituta mercantil es también la mujer que, a través de aquello que biológicamente se espera de ella, rinde cuentas a cambio de un precio o de una estabilidad social o laboral. En este sentido, dentro de la prostitución mercantil estamos todas. En segundo lugar estaría la puta gratis, que es aquella mujer que no tolera que se interprete su feminidad como un lugar de estabilidad, de deseo o de dominio del otro. En el caso de Marga, que está transitando al lugar de la folladora, el tercer estadio, puede ser, como apuntas, cooptada e instrumentalizada por aquel que la quiere dominar. Sin embargo, creo que el principal enemigo de la puta gratis somos nosotras mismas, en cuanto la puta gratis exige un proceso de autodeterminación sexual. Tenemos que ser capaces de reconocernos como sujetos mercantiles y mercantilizados en todos los ámbitos de la vida y aprender a ser capaces de disfrutar del sexo libre de su simbolismo económico. No podemos liberarnos completamente de los símbolos porque somos humanos, pero tenemos que aprender a pensar en el sexo no como un lugar de estabilidad, sino como un lugar de curiosidad y experimentación.

Es precisamente ante esta cuestión que sitúas el lector, que, a través de la novela, se reconoce parte de ese código hegemónico asimilado y naturalizado

En un momento de la novela, Marga describe la línea de autoridad que rige sus vidas: piden la factura de toda consumición y se la dan a Àngels que, como es la menos discapacitadas, es la única que tiene cuenta en el banco. Ella le da la factura a la directora del piso tutelado, que, a su vez, se la da a la Generalitat. Lo interesante es la conclusión de Marga: toda esta cadena da igual, porque, al final, la directora del piso tutelado somos nosotras, la Generalitat somos nosotras y las instituciones somos nosotras. ¿Qué quiere decir con esto? Quiere decir que hay una cadena de mando que tenemos tan asimilada que no la vivimos como tal, la vivimos como un quehacer de la vida.

Y en este sentido, el lector no puede situarse en el lado de las protagonistas sino reconocer su inscripción en el sistema.

Exacto. Si esta confrontación me sirve a mí para algo es para hacer un ejercicio literario, pero también como herramienta política para estar siempre alerta ante el lenguaje que me quieren imponer. Es imprescindible aprender a hablar y a expresarnos bajo parámetros diferentes a los del poder. Una herramienta política revolucionaria y muy poderosa es el saber detectar cuándo estamos hablando con un discurso elaborado por el poder para así poder crear, como decía Mayakovski, la palabra autosuficiente. Antes de ser absorbido por el régimen, Mayakovski es un futurista macarra que sostiene que de lo primero de lo que nos tenemos emancipar es del lenguaje impuesto.